UNIVERSO DE COLORES

UNIVERSO DE COLORES

Niki de Saint Phalle es una artista de nuestro tiempo. Ha podido sacar provecho de algunos de los logros consumados en el arte de la primera mitad de este siglo. Y ha hecho que la segunda mitad sea aún más bella. Guiada por un conocimiento intuitivo de aquello que hizo la grandeza de los maestros del arte moderno que la precedieron, toma prestado de aquí y de allá, con inocencia y alegría, como si cortara las flores de un bello jardín. Pero todo lo que toca lo transforma como por encanto, pues ella se proyecta en todo lo que hace. La gran originalidad de sus obras proviene directamente de su personalidad. La ingenuidad que se le ha podido atribuir supone, en realidad, un refinamiento extraordinario, ni superficial ni convencional, sino totalmente singular.

16 de junio 1996 , 12:00 a.m.

Una cierta falta de pretensión -diríamos una reserva aristocrática- permite a Niki de Saint Phalle escuchar e interrogar a su entorno con una curiosidad afectuosa y estimulante por su inteligencia. Integra con alegría a su universo todos sus hallazgos, sin dejarse perturbar por el significado de los valores que se les inculcan a los estudiantes, pues no recibió formación teórica alguna. Esta la remplaza simplemente por su sentido común.

Esbozo de un retrato Niki de Saint Phalle ama los mitos. Los inventa sin preocuparse demasiado por la historia de las artes y de las tradiciones populares, sin haber estudiado todas las civilizaciones que tradujeron el mundo en símbolos para intentar descifrar sus enigmas vertiginosos. No necesita apoyarse en el saber. Es profundamente independiente. Niki de Saint Phalle ha procurado toda su vida preservar aquello que hace su fuerza: la libertad. Ha sabido liberarse de los obstáculos, separarse de las personas cuya influencia contrariaba aquella búsqueda tan intensamente vivida. Sin embargo, nunca ha querido defender su libertad con métodos agresivos. Ni siquiera sus Tiros han tenido dicha finalidad.

Intentaban señalar posibilidades de descubrimiento que podrían calificarse de infantiles o de ingenuas, como los primeros acercamientos de los seres superiores que rigen el mundo.

Así, a pesar de los períodos sombríos por los que ha atravesado, a pesar de la enfermedad, de las adversidades y de las penas, se ha mantenido inocente, pura en el corazón. Ha podido conservar esa facultad eminentemente femenina de transmitir a los otros las ganas de vivir, a aquellos a los que invita a entrar a su universo de colores, de imágenes, de fantasmas y de mitos. Y que invita también a quedarse, como por ejemplo en La emperatriz del jardín de los tarots en Garavicchio, para estar más cerca del vacío que sabe llenar de sensualidad, de un amor íntimamente ligado a la pasión y al sufrimiento.

Niki de Saint Phalle es también sacerdotisa que predica una escena burlesca cuyas contradicciones han sido engendradas por la vida frente a la muerte. Sabe controlar sus angustias al darles una expresión alegre, incitar la mirada a vagar por el lado poético de los cuentos de hadas, inspirándose en las duras realidades de nuestra sociedad. Desconfía de todas las morales impuestas por la fuerza, prefiriendo contar únicamente con su poder imaginativo capaz de aniquilar el mal sin negar sus aspectos fascinantes.

Niki de Saint Phalle la seductora se dedica a tejer redes que nos exponen a emociones inesperadas, a veces violentas y destructivas, y que nos hacen sentir las fuerzas positivas que ella sabe mostrar tan bien. Su universo de signos, de formas, de colores, de construcciones en yeso, en tela de alambre, en poliéster y fibra de vidrio, o con trazos de lápiz, nos recuerda los bestiarios de los templos hindúes, poblados de animales salvajes y de todas las bellezas de una naturaleza indomada.

A veces, Niki de Saint Phalle se vuelve ella misma un ser salvaje, que logra vencer los obstáculos frente a los cuales otros simplemente fracasarían. No busca aplastar las fuerzas negativas a su alrededor -o en ella- sino engatusarlas, aun cuando tengan que hacer un pacto con las tinieblas. No las aparta de su universo. Tampoco separa lo masculino de lo femenino. Al contrario, le gusta reconciliarlos, dejándoles sus facultades y otorgándoles a cada uno el lugar que se merece. De esta manera permanece fiel a su anticonformismo rebelde, evitando dejarse adoptar por las feministas que han pretendido apoderarse de su obra.

Niki de Saint Phalle siempre ha opuesto su voluntad a los hombres que han compartido su existencia. Ha esquivado, más de una vez, todos sus intentos por dominarla gracias a su aptitud para crear la belleza de una manera arcaica, propia de las diosas de la naturaleza. Los mejores retratos de Niki de Saint Phalle residen en sus esculturas, sus dibujos y sus escritos. Pues es una artista expresionista en el sentido en que no establece distancia alguna entre ella y sus obras, y en que privilegia la intuición en detrimento de la reflexión, la emoción en detrimento del análisis. Cuando se dice de ella que se realiza plenamente en sus obras, no es un lugar común. Eso no impide la diversidad. Niki de Saint Phalle ha logrado dominar sus propios medios y ha adquirido seguridad permaneciendo siempre fiel a ella misma (...) (Tomado del Catálogo Niki de Saint Phalle. Bonn 1992

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.