QUE VENGAN MÁS PEAJES

QUE VENGAN MÁS PEAJES

Ayer, muy tempranito, llamé a Florinda Flórez a pedirle que mandara al ministro de peajes, trancones y transporte, una canasta con dos docenas de rosas La Conchita, que son las de mejor familia en estos páramos. Ni crean los mal pensados que las rosas eran un truco para pedirle que me nombrara como supervisor de vías en el Putumayo. No, mi gesto era patriótico y de felicitación por lo que sus asesores y subalternos hicieron el domingo en favor de la familia colombiana. Muchas veces los obispos y sacerdotes y el mismo presidente Samper, se han quejado de que la familia colombiana no se reúne a charlar sobre los colegios, la virginidad, el amor a la patria y el respeto a sus gobernantes. Pues el domingo, gracias al trancón de medio millón de carros que se formó de Cúcuta a Cali, de Cartagena a Medellín y de Neiva a Bogotá, los padres pudieron conversar y darles consejos a sus hijos sin afanes, sin que se fueran al baño, sin que se fugaran a ver la telenovela o al chisme telefónico.

19 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Para la historia el trancón del domingo. Trancón divino que unificó a los padres con los hijos, a las esposas con los maridos y, de paso, impulsó la economía casera porque se disparó a las alturas la venta de quesos, lechonas, bocadillos, galletas, cucas, cocadas, mangos, piñas, guayabas y tamarindos en las carreteras que estaban adornadas por hermosos y ecológicos paisajes.

Al fin me reconcilié con el ministerio de trancones y transporte que tanto critican los pesimistas de oficio. Genial resultó la estrategia para que la familia se acercara a conversar en intimidad, dentro del carro, sobre la obligación cívica de pagar los impuestos, de pagar peajes con alegría. Lindo el espectáculo del domingo de medio millón de carros en trancón porque fue una muestra de nuestro progreso, de la apertura benéfica, de la buena economía, que permitió a miles y miles de colombianos pasar de la incómoda buseta al carro propio.

La gran obligación de un gobierno es lograr que la familia se reúna. Eso se logró el domingo a lo ancho de Colombia. Grandioso que lo hicieran cerca de las coloridas casetas de peaje porque en las salas o en el comedor de las casas casi nunca se suceden.

Tan genial fue la estrategia del ministerio de Obras, peajes y trancones para reunir a la familia, que en algunas casetas las jovencitas del cobro le decían al chofer que el peaje costaba 1.100 pesos más un IVA del tres por ciento y un ajuste por devaluación del cinco por mil. El patriota conductor sacaba su calculadora electrónica, sumaba, dividía, pagaba y feliz gritaba: Viva el peaje... viva el tiempo de la gente .

Que vengan más peajes porque los trancones que forman sirven para la armonía familiar y para que la gente pague sonriente y aplauda a sus prohombres del transporte que sí son gente inteligente!

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