SE FUE EL OPIO EN LAS NUBES

SE FUE EL OPIO EN LAS NUBES

El blues es siempre una canción triste, un lamento que arrulla las angustias del alma. Por eso antenoche, en la madrugada, sonó un blues en Bogotá, el blues más triste para la nueva generación de escritores colombianos, porque ayer falleció Rafael Chaparro Madiedo.

19 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Tenía 31 años muy bien vividos. Era de los que no perdía un minuto. Sus días transcurrían a ritmo de rock and roll. cine y televisión.

Opio en las nubes, su única novela, conquistó el premio de literatura de Colcultura. Escribir era su forma de sentirse libre. Ponía toda la carne en el fuego. Creía que: La literatura es el ejercicio del alma y del cuerpo, no solo de la imaginación .

Siempre tuvo inquietudes artísticas. Quiso estudiar artes plásticas pero su talento para las manualidades no le permitió pasar los exámenes de admisión. Entonces probó con la filosofía, carrera que culminó con honores. Allí descubrió a Rimbaud, Sam Shepard y Capote, A Rimbaud lo consideraba su maestro: El me dio el ritmo . Y cuando habla de ritmo es mejor decir vértigo. Cada párrafo suyo era como si una banda de Hell Angels atravesara la carrera séptima a toda velocidad en bulliciosas Harley Davidson.

A Shepard, Bukoswki y Capote los convirtió en sus mejores puntos de referencia. Ellos sabían recoger los colores de la ciudad y el humo de las carreteras. Se sentía ligado a esa generación que hizo literatura de las historias del cemento y la basura.

Su inclinación por la novelística urbana lo llevó a recoger el lenguaje de la calle. Todas las palabras tenían su valor. Todas eran necesarias e importantes. Incluidas esas que hacían enrojecer a los Académicos de la Lengua. La vulgaridad no es vulgaridad, es una ficción social. No hay malas palabras y cuando lo son, siempre tienen una pizca de belleza .

El escenario de sus historias era Bogotá . Allí nació y allí vivió. Era bogotano, de los de la nueva generación. Un rolo de tenis y chaqueta larga del barrio Niza, de los que montan en bus ejecutivo, soportan los raponazos en San Victorino y rumbean en bares de underground.

Tengo una visión fragmentada de la ciudad, con tres puntos de referencia básicos: el centro, Chapinero y Niza . Esa Bogotá es la que se percibe en su Opio en las nubes.

Buscaba el color de la ciudad y por eso la protagonista de su novela se llamaba Amarilla. No quería que sus obras fueran apenas un ejercicio mental; por eso les ponía olor, color y sabor. Esta idea me surgió de la lectura de Proust, quien comienza En busca del tiempo perdido con una imagen de sabor: una galleta que le permite a su protagonista remitirse a su pasado .

Algunos consideran su literatura como un asunto marginal, pero en realidad solo era un producto de su búsqueda. La vanguardia lo seducía pero respetaba profundamente a los clásicos. De Miguel de Cervantes decía: El tipo trajo para la literatura el mundo. Habló de todo y, además, le puso ritmo a la literatura, un ritmo trotón, de caballería. Los clásicos griegos me permitieron identificar los estereotipos: el amor, la muerte, el bueno, el malo y el feo, Borges me dio la dimensión para entender que la literatura también podía ser una religión donde siempre se está en comunión con las palabras. Whitman me enseñó a verla como un ejercicio corporal .

Como muchos escritores comenzó siendo poeta. Pero desertó rápidamente. Cuando descubrió que: La poesía, más que una categoría, es un sentimiento, una forma de relacionarse .

Su verdadera carrera como escritor se forjó en el diario La Prensa en el que su irreverencia tuvo el espacio ideal. Allí, junto con uno de sus aliados del oficio, Eduardo Arias, creó La franja lunática , una ácida columna que en 1989 dio mucho de qué hablar.

Después y hasta el final, Rafael Chaparro vivió de otro oficio, en el que también sobresalió, el de libretista.

Desde 1990 hizo parte del grupo fundador y creativo de Zoociedad de nuevo al lado de Eduardo Arias y, ahora en compañía de otro amigo y cómplice, Karl Troller. Todos ellos, aunque en diferentes cursos, salidos del colegio Helvetia de Bogotá. Más adelante, como un proyecto propio, creó el programa infantil la Brújula mágica .

Desafortunadamente la vida no le alcanzó para hacer más cosas. Creo que el verdadero Rafael Chaparro nadie lo pudo conocer porque hasta ahora estaba despegando su propio lenguaje, uno de los más agudos del país , dijo Eduardo Arias, su amigo y socio de creación.

Ayer, a la 1 de la mañana murió, víctima de un lupus, en la Fundación Santa Fe. Su velación se hizo en la Funeraria Los Olivos. La misa se realizará hoy a las 12 del día en la iglesia de San Juan Crisóstomo y será sepultado en los Jardines de la Inmaculada.

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