LO QUE EN UNE SE HA UNIDO...

LO QUE EN UNE SE HA UNIDO...

De todas las frutas cultivadas en su finca cultiva, es la feijoa la que más satisface a don Pedro Pablo Romero. La misma feijoa que a su mujer le encanta y por la que comparten uno de los tantos gustos acuñados a lo largo de sus 60 años de matrimonio.

15 de junio 1996 , 12:00 a.m.

Enamorados desde siempre, revoltosos del campo y la hortaliza, madrugadores, padres de una decena de hijos, abuelos de una veintena de nietos y bisabuelos de cais una treintena de bisnietos, don Pedro y doña Alcira viven desde hace 14 años sus frescos galanteos en una finca ubicada a un kilómetro y medio a la salida del municipio de Tenjo, Cundinamarca. Y son, por así decirlo, la envidia de los novios que apenas comienzan su propio recorrido.

Nos casamos hace 60 años, el 30 de mayo de 1936 en la parroquia de Une, un pueblito cundinamarqués donde al cura se le llamaba doctor. Por eso es que a mí me casó fue un doctor , rememora don Pedro mientras se aferra a la mano de su esposa, un bastón que hoy lo sostiene como nunca.

Al mando de una familia que sobrepasa el número de 70 personas, don Pedro recuerda todo eso que con el paso del tiempo mantiene vivos a los hombres: el primer hijo, la primera nieta, el día que pidió formalmente la mano de su novia, su primera venta como agricultor, los días fértiles trabajados para Pomona, las bodas de oro, el abrazo fiel, los desayunos a la cama.

Un gran padre, un gran esposo y un gran hombre , dice doña Alcira.

Qué vivan los novios...

Se casaron en Une y allí vivieron su primera etapa.

Don Pedro, con el azadón al hombro, logró sacar a su familia adelante a pesar de que eso de los pañales y los teteros no fueron cosa mía .

Allá, en Une, vivió buena parte de esos 60 años que el pasado 30 de mayo fueron celebrados por todos sus descendientes.

Ni nos dijeron nada, ni nos comentaron nada. Nos llevaron dizque a almorzar y cuando llegamos con m hijo estaban todos ahí reunidos aplaudiéndonos , recuerda Doña Alcira.

Según la pareja, el secreto para seguir juntos con igual, o quizás mayor, amor que antes esta en el compromiso, en la responsabilidad, en la seriedad con la que prometieron ante el altar estar unidos hasta que la muerte los separe.

Es de palabra. Una da su palabra y tiene que cumplirla , asegura, don Pedro.

Por ahora, y mientras día a día hombre y mujer recorren la finca de cinco fanegadas a la caza de una manzana, una pera o una papayuela, el menor de los hijos, Jairo Riveros, adelanta ante Editorial Voluntad los trámites necesarios para que sus padres figuren en el libro Guiness.

Aunque, la verdad sea dicha, a don Pedro Pablo Riveros y doña Alcira Romero eso poco o nada importa. Más bien siguen su amor al sabor de esos juguitos de feijoa...

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