Nicholls, el profeta

Nicholls, el profeta

El mejor creativo publicitario de Colombia en su historia, Hernán Nicholls Santacoloma, ha salido del mercado. De consumidor e irresistible incitador al consumo ha pasado a comestible. Unos pocos kilos de carne al trapo para una gusanera de estrato 5, y hasta allí llegó la aventura de quien nos enseñó con sumo cuidado a recubrir los productos con conceptos apetecibles.

22 de octubre 2008 , 12:00 a.m.

Antes de que pelen tus huesos, querido Hernán, y ya que te gustaba leerme, te digo que para la publicidad la muerte no existe; se mide por la suspensión del consumo. Desaparece con tu humor contagioso la demanda de dos paquetes diarios de Lucky Strike, en un golpe de mala suerte. Cada vez que un grande se va, los sobrevivientes nos pegamos del muerto para hacernos la propaganda. Vas a ver.

Acudí a pedirte puesto en la agencia que acababas de patentar. Una sola pregunta me hiciste alargándome tu cigarro: “¿Fumás?”. “Never”, te respondí.

Te ofendiste. Me miraste como a un insecto leproso. “¡No sabés el placer del que te perdés! Y yo que te creía un hedonista. No merecés el puesto, pero te voy a dar una oportunidad.” Para no perderla, y hacerme respetar como creativo, me dediqué a fumar marihuana hasta que me supo a cacho.

Exhalabas el humo hacia el cielo, adonde allegabas la vista para extraerle esas iluminaciones que eran pasmo para tus clientes. “L…, el brasier que sostiene todas las miradas”. Te metías en los terrenos del poema para reinventar el tapujo para los senos.

Con vos aprendí que el mundo no es lo que es, sino lo que uno desea de él, pueda o no pagarlo. La creatividad te era una manifestación del cerebro –preparada por el conocimiento del apetito– superior a la inteligencia y la perspicacia. Y apenas paralela a la inspiración de algunos iluminados. Ser creativo, qué privilegio. Algo así como ser poeta con los pies enterrados.

El poema al servicio de la comunicación persuasiva. Se puede vivir sin (aquí la marca del mejor whisky), pero ¿qué tan bien? Presté el servicio militar de la literatura que es la publicidad y vos eras el comandante. Los colegas poetas me lanzaron a las tinieblas exteriores por poner el verbo al servicio del adjetivo al servicio de algún producto. Me acusaban de que incentivar a consumir lo que no hacía falta era delincuencia letrada. Pero, ¿a qué cuerpo no le hace falta una buena camisa, una buena loción, un buen vino, un buen beso o un buen orgasmo? Yo sabía dónde estaban, dónde encontrarlos. Sobreviví a mis detractores, que terminaron por comprarme delincuente y todo.

Desde siempre disfruté de la sal y pimienta de tu parla apurando un trago.

Me contabas de cuando hace 50 años alojaste a ese otro mi profeta para las letras, Gonzalo Arango, exiliado de Medellín, donde lo buscaban para lincharlo por sus aleteos con el tirano caído, y él, para resarcirse, escribió su primer manifiesto nadaísta destinado a la juventud para que arrasara con todo. Fuiste el profeta del profeta, como los llamaban a ambos.

Tu amigo me enseñó cómo hacer un verso y vos a hacer un eslogan. Ahora, cuando encuentro entre mis apuntes, por ejemplo, “cómeme ahora”, ya no sé si se trató de un texto para un churrasco o de un urgido verso de amor caníbal.

A raíz de mi último copy desventurado me dijiste: “Andate a dar una vuelta por Bogotá y volvé, ve”. Querías que viera mundo. Di la vuelta por Bogotá y hasta por el mundo y todavía no regreso. Mucho menos voy a regresar si vos ya no estás.

Cuando en los mentideros publicitarios de Bogotá exponía en mi hoja de vida que me habías iniciado, me aumentaban el sueldo. De modo que más que mi patrón fuiste mi empresario. El crimen no paga. La poesía tampoco. Pero la publicidad sí. Como la prostitución. Vaya y venga.

A pesar del homenaje al cigarrillo que fue tu vida, ambos acabarían por perder. Tú, con los pulmones convertidos en un turrón de tabaco. El cigarrillo, viendo que a sus consumidores ya no los dejan fumar ni en el cementerio. Mientras la marihuana es ahora más legal que nunca. Por lo menos en casi todos los E.U. que tanto la persiguieron. Yeah. La sansémila.

jotamarionada@hotmail.com.

ANDRUI

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