EL HOGAR, PIEZA MAESTRA

EL HOGAR, PIEZA MAESTRA

La violencia, como otros hechos de la vida social, nos es familiar y vecina y aventuramos opiniones sobre su ocurrencia, tanto como nos es desconocida y extraña, lado oscuro que parece acompañar la condición humana. Pero en qué forma colombianos del común la han experimentado, cómo la explican y de qué forma sociedad y cultura suministran los marcos para que aumente o disminuya en ciertos momentos, cómo se alimenta su dinámica y se construyen patrones de referencia para que el individuo decida cómo actuar frente a su presencia, frente a sus heridas? Para una primera aproximación, exploratoria y restringida a un sector social, este estudio se propuso examinar los factores culturales y psicológicos asociados o que influyen en los comportamientos violentos de las personas de un sector urbano popular de Bogotá, en la zona de influencia del Centro Hospitalario San Juan de Dios. A través de la entrevista estructurada y las historias de vida, se trataron de reconstruir las situaciones de v

23 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Se encontró que las personas diferencian entre las nociones de maltrato y violencia, donde esta última se asoció regularmente con agresión física o psicológica grave o castigos muy severos. La mitad de la muestra respondió haber sufrido maltrato en el hogar de origen y en su mayoría no identificaban una causa aparente que lo desencadenara. Una tercera parte de las personas sufre maltrato en el hogar actual, en especial los hijos y con menor intensidad los cónyuges. La tercera parte de las personas admitió la necesidad de maltratar a alguien en el hogar actual, pero tan solo el 11 por ciento del total de muestra consideró que el maltrato es necesario para tener autoridad. Se aprecia una deslegitimación progresiva del maltrato grave hogareño en las generaciones más jóvenes, lo que se puede considerar un código cultural aún ideal.

Un 67 por ciento de las personas se sienten tristes o nerviosas con frecuencia, observándose una asociación positiva entre el estado de ánimo, la necesidad de maltrato en el hogar actual y el haber sido maltratado en el hogar de origen. En forma similar, la dificultad para controlarse cuando se está enojado es altamente dependiente de la frecuencia con que se maltrata en el hogar actual y el haber sufrido maltrato en el hogar de origen. Un alto porcentaje de la muestra había sido robado o atracado. Sin embargo, las experiencias de violencia que mayor impacto han ocasionado fueron los atentados y bombas de los últimos años, conocidos a través de la televisión. Igualmente, el 21 por ciento de las personas manifestó la necesidad de andar armado y tan sólo un 6 por ciento dijo portar armas frecuentemente. Se observa una masiva desconfianza en las instituciones y autoridades, con excepción de la salud y la educación, así como débiles redes de solidaridad, alta movilidad dentro de la ciudad y un escaso contacto con vecinos y con la vida de barrio. Se puede concluir que existe una incidencia relativamente alta de formas de maltrato grave en los hogares. Quienes lo han sufrido lo identifican con claridad y lo atribuyen a la búsqueda de la corrección o al ejercicio del control del hogar, pero distinguen bien límites, donde la corrección traspasa lo permitido, se vuelve brutal y permanece como recuerdo doloroso en la conciencia de quienes la ha sufrido.

Miedo y prevención Los patrones culturales que articulan la violencia hogareña apuntan al ejercicio de la autoridad en forma arbitraria, impredecible y ambivalente, al temor que tienen las figuras de autoridad (padre tanto como madre), a la pérdida del control del hogar que enfrentan acudiendo al maltrato, aun anticipando frente a posibles transgresiones. El temor frente a la mayoría de las interacciones sociales se encontró asociado a las situaciones de violencia. Las presiones de la estrechez económica, de las condiciones laborales y/o el consumo de alcohol, si bien están circunstancialmente asociadas a interacciones violentas, más que causales, actúan como escenarios materiales que facilitan la expresión de códigos culturales que hacen vecinos el ejercicio de la autoridad y el recurso de la violencia.

Las interacciones callejeras están marcadas por el miedo a sufrir una agresión, frente a la cual las personas no sienten que cuentan con el apoyo de la seguridad o la justicia institucionales y aun temen que estas mismas se vuelvan en su contra. La mitad, en efecto, había sufrido atracos y el 70 por ciento, robos callejeros, frente a los cuales se sienten inermes y desprotegidos. De nuevo, las autoridades son impredecibles, ausentes o cómplices de la violencia, y las reglas sociales son ambiguas y confusas. La autoridad como noción es para un grupo importante, ambivalente; se centra en la transmisión de los aspectos restrictivos de la norma. Se vuelve entonces imposición externa, difícil modelo de identificación y potencialmente peligrosa. En conclusión, el miedo y la prevención, y aun la agresión anticipada, se han convertido en recursos de adaptación a las circunstancias sociales.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.