ARCHIPIÉLAGO CULTURAL CARIOCA

ARCHIPIÉLAGO CULTURAL CARIOCA

Lo que podemos llamar cultura brasileña es un producto de la transculturación, de un mestizaje alegremente asumido desde el primer día, mestizaje tanto de sangre como de culturas, entre los tres grandes troncos de la nacionalidad: el indígena, el portugués y el negro. A estos grupos étnicos se sumarían más tarde europeos de otros orígenes, orientales y levantinos. La herencia indígena para la familia brasileña se refiere a la nomenclatura de los reinos vegetal y animal, algunas palabras de uso doméstico, instrumentos y técnicas para la caza y la pesca, el uso de plantas alimenticias y medicinales, ciertas costumbres como el baño diario, entonces desconocido en Europa, el gusto por andar descalzo, utensilios de cocina e instrumentos musicales. El nativo brasileño era nómada. Vivía en el paleolítico, desconociendo el uso de los metales, no tenía ningún tipo de escritura, ni tampoco ningún animal domesticado para su servicio. Sobrevivía de la colecta de frutos, de la caza y de la pesca.

23 de abril 1995 , 12:00 a.m.

El portugués, en un ritmo colonizador muy lento y enfrentando las dificultades de un medio natural muchas veces adverso a la implantación de sus instituciones y costumbres, tuvo que adaptarse y aprender, primero con el indígena y posteriormente con el africano, cómo vivir en el trópico. Aprender a conocer y dominar una naturaleza nueva. Este, tal vez, el secreto de la reconocida aptitud del portugués como pueblo colonizador: su capacidad de adaptación, de integración al mundo donde entraba. Lo cual posibilitó, dentro de un cuadro de monocultivo y esclavitud, el desarrollo de un espíritu paternalista, que a su vez proporcionó las bases de la democracia étnica y social en el Brasil de hoy.

El negro es traído como esclavo, a partir de la dificultad que encontraron los portugueses en someter al indígena a los trabajos de labranza y posteriormente de minería. La participación del negro en la formación de la nacionalidad fue decisiva, a pesar de la condición de esclavo en que vivía, condición de verdadera asfixia cultural. Supo aportar a la vida y a las artes en Brasil una contribución rica y colorida, que va de la culinaria a la religión. De las supervivencias culturales de origen africano en Brasil, lo cierto es decir que se encuentran hoy muy mezcladas.

Llegando al Brasil, aturdido por la violencia de la captura y los horrores del viaje, el negro era sistemáticamente separado de sus compañeros de tribu, el amo temía que juntos, se rebelasen. El grupo más numeroso fue el angola; el culturalmente más adelantado el nago, siendo que a Bahía han llegado algunos individuos sudaneses, males, alfabetizados en árabe y de religión mahometana. Dada la inmensidad del territorio, es obvia la multiplicidad ecológica y climática, la cual proporcionó diferentes condiciones de colonización, diversidad étnica, social y económica, circunstancia que explica los contrastes culturales que se observan en el Brasil de hoy. Sin embargo, la unidad nacional de la América portuguesa, al contrario de lo que pasó en la América española, que ni siquiera el genio de Bolívar logró unificar, se debe inicialmente a la decisión de la Corte de Lisboa de enviar a su colonia recién descubierta un solo Gobernador-General, un gobierno único y central, que enfrentando las enormes dificultades de comunicación en territorio tan extenso, pasó a los habitantes, desde el primer día, la idea de un solo país, de una patria única.

Más adelante, superando a varias revoluciones regionales, el Imperio afianza la unidad alrededor dela figura patriarcal y bondadosa de Don Pedro II. En nuestro siglo, la dictadura de Getulio Vargas, carismático caudillo populista que acabaría por suicidarse, y el largo gobierno de los militares, también contribuyeron para consolidar la integridad del territorio y de la nacionalidad brasileña. Actualmente, es imposible ignorar el papel de la televisión, unificando el idioma, divulgando en el extremo norte las costumbres, el hablar, los paisajes del sur y viceversa.

El siglo XIX en Brasil se caracterizó por el inicio de la inmigración de colonos de diferentes países europeos, comenzando por alemanes e italianos. En el acontecer político, se inicia el siglo con la llegada del rey de Portugal, Don Joao VI y su corte (cerca de 15 mil personas), que buscaban refugio en Río de Janeiro, huyendo de los ejércitos napoleónicos (1808). La llegada de la corte portuguesa al Brasil, provocó una transformación total en la economía y las costumbres del país, que pasaba de colonia a ser la capital de un gran imperio. La apertura de los puertos al comercio con todas las naciones amigas, intensificó la exportación de sus productos tropicales y la importación de toda clase de bienes, incluyendo libros, ideas y tecnología. La presencia de la Misión Artística Francesa, que vino al Brasil por invitación del Rey para iniciar la construcción de palacios, bibliotecas, teatros que transformarían a Río de Janeiro en una gran ciudad, ejerció definitiva influencia en aquel momento de transición. Cambió radicalmente el estilo de vida, desde el modo de vestir hasta el gusto artístico y la situación financiera. En 1822, después del regreso del soberano a Lisboa, su hijo don Pedro proclama la independencia, sin derramamiento de sangre, y es proclamado Emperador. El siglo acaba con la Abolición de la Esclavitud (1888) y la Proclamación de la República (1889).

Romanticismo e indigenismo Hasta la mitad del siglo, toda creación artística y literaria en Brasil tenía un cariz nítidamente colonial nos limitábamos a copiar los modelos llegados de Lisboa. Es entonces cuando el romanticismo se manifiesta entre nosotros con colores indigenistas. José de Alencar escribe El Guaraní, Iracema, Ubirajara. Carlos Gomes, genial compositor operático, inspirado en la obra de Alencar, triunfa en Milán con su ópera Il Guaraní. De la Misión Francesa surge la Academia de Bellas Artes, donde brillan los nombres de Rodolfo Amoedo, Pedro Américo, Eliseo Visconti, de cuyas obras los momentos históricos y la figura del indio son los temas principales. No está ausente el negro, de esta onda nítidamente nacionalista; los poetas abolicionistas, Castro Alves al frente, nos dejaron versos de peregrina belleza. Más adelante, adhiriendo a la escuela realista, Aluisio Azevedo escribe O mulato.

A mediados del siglo XIX surge en la literatura brasileña la figura singular de Machado de Assis. Mulato él mismo, hijo de una negra lavandera, nos dejó una obra extraordinaria. Por muchos considerado el mejor escritor de la lengua portuguesa hablada en Brasil, en su obra no hace la más mínima concesión al tropicalismo, a lo exótico o a lo pintoresco. Es el más británico de los escritores brasileños, este maestro de la fina ironía. A finales del siglo, la influencia inglesa que llegó a nosotros por vía de los avances tecnológicos, trae su vocabulario, en seguida adaptado al hablar brasileño. Y así nuestro idioma, ya enriquecido con palabras indígenas y africanas, después francesas, sigue absorbiendo nuevos vocablos y expresiones.

Modernismo tropical La palabra modernismo tuvo, en Brasil, una connotación distinta de la del mundo hispánico. Se caracterizó, desde el inicio, por una renovación, una revolución contra el conservatismo entonces dominante en las letras y las artes. Su orientación estética no siempre claramente definida, conducía a una reformulación de los conceptos. Implicaba un total desprecio al sentimentalismo tradicional, gran dinamismo plástico y total libertad de expresión. Ideas que se venían gestando, hicieron explosión enla Semana del Arte Moderno (1922): conciertos, conferencias y exposiciones, que se presentaron en Río de Janeiro y en Sao Paulo, causaron tremendo impacto en la sociedad de la época. De ella participaron Villa-lobos en la música; los artistas plásticos Anita Malfatti, Tarsila do Amaral, Di Cavalcanti; los poetas Manuel Bandeira, Menotti del Piechia, Oswald de Andrade, Mario de Andrade y Raúl Bopp. En la novela Gastao Cruls, Lucia Miguel Pereira, José Geraldo Vieira, Marqués Rebelo, Otávio de Faria y Graca Aranha, para citar apenas algunos nombres. La intención era liberarnos definitivamente de los modelos europeos, creando una estética nuestra, brasileña y tropical. La originalidad de nuestra cultura, dentro de un marco nacionalista, se fundamenta en la diversidad del regionalismo. Y es una expresión que nos es muy propia, muy nacional, el apoyarnos en nuestras raíces profundas, pero siendo capaces de absorber e incorporar lo que viene de afuera..

Viana Moog hablaba del Brasil como de un inmenso archipiélago cultural. Si por la palabra cultura entendemos una herencia de valores y de objetos compartida por un grupo humano más o menos cohesionado, sí es posible imaginarnos el Brasil así. Con algunos puntos de mayor fuerza y brillo, como la literatura social del Nordeste, severa y triste como su paisaje seco: Graciliano Ramos, Raquel de Queiróz; perezosa y sensual como la vida en los ingenios azucareros de la costa: José Lins do Rego. El hedonismo y el misterio de Bahía, con sus iglesias doradas, mulatas bellísimas vestidas de blancos encajes, comidas afrodisíacas y candomblé; Castro Alvez, Jorge Amado, Joao Ubaldo Ribeiro. Una poesía intimista, despojada, que floreció entre las montañas de Minas Gerais: Calos Drummond de Andrade. Sao Paulo, la megalópolis, es pionera de todo: Monteiro Lobato fue el apóstol del petróleo, Mario de Andrade sale al frente del modernismo y cambia todo, hasta el idioma escrito en Brasil.

En el sur, al contrario de la Amazonia donde la naturaleza ahoga al hombre, el paisaje es de una belleza tranquila, que reposa los sentidos. Paisaje música de cámara. El trabajo allí se lleva a cabo con la alegría de un deporte viril; por eso el individualismo, el narcisismo, el caudillismo del gaucho. La literatura regional le celebra la bravura y el estoicismo. En la naturaleza abierta que lo rodea, ve el símbolo de su libertad: Simao Lopes Neto, Ciro Martins, Erico Veríssimo, Lia Luft, Assis Brasil. Entre estos, sobresale Erico Veríssimo, escritor de talla internacional, con su roman fleuve : El tiempo y el viento .

Actualmente, en el sur, los hijos de los inmigrantes alemanes e italianos crean su propio idioma, una literatura nueva, empapada en originalidad: Charles Kiefer, José Clemente Pozenato. Río de Janeiro siempre fue nuestra metrópoli literaria. La fuerza del núcleo cultural de Río de Janeiro consiste en su poder de corregir y suavizar los excesos de otras regiones. Predomina la ironía sobre la originalidad: Machado de Assis, Lima Barreto, Marqués Rebelo, Otávio de Faria, Rubem Fonseca.

Las islas de este inmenso archipiélago cultural y literario constituyen la realidad brasileña, a través de ellas nuestros fenómenos sociales se aclaran por sí mismos. Conservándose fiel a su núcleo cultural, el artista brasileño será telúrico en la Amazonia, social en el nordeste,sensual en Bahía, humanista en Minas Gerais, pionero en Sao Paulo, regional y cosmopolita en el sur. Moderado por la ironía y el humor en Río de Janeiro, será profundamente humano y auténticamente brasileño .

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