LA CONTABILIDAD GUBERNAMENTAL

LA CONTABILIDAD GUBERNAMENTAL

Son muy escasos los municipios y departamentos en Colombia que disponen de un sistema de contabilidad gubernamental confiable.

18 de abril 1995 , 12:00 a. m.

La contabilidad pública se puede resumir en el Balance de la Hacienda y en el Balance del Tesoro. El balance de las cuentas de la Hacienda realmente no obedece a la pretensión de mostrar el patrimonio del Gobierno, sino a la necesidad de ejercer un control sobre los bienes y valores que se hallan dispersos, sin títulos de propiedad y de fácil sustracción de parte de los particulares.

De otra parte centra su atención en las deudas y otros compromisos que el Gobierno adquiere en el desarrollo de su actividad financiera. Comprende, además del resultado expresado por el balance fiscal, los créditos a largo plazo, las inversiones en fondos rotatorios, establecimientos públicos, empresas industriales y comerciales y de economía mixta, inventarios, terrenos, edificios, maquinaria y equipos, equipo de transporte, de oficina, instalaciones y construcciones en proceso, reconstrucción de equipos, adiciones y mejoras y activos de control tales como traspaso de bienes, remesa de bienes, productos en proceso, cultivos en desarrollo, bienes dados en préstamo, gastos ejecutados por distribuir etc. y en el pasivo los créditos a corto y largo plazo, los empréstitos garantizados por el Gobierno y la cuenta patrimonial.

El Balance del tesoro tiene la misión de revelar la situación financiera de los departamentos o municipios cada mes o al cierre del período fiscal. Lo componen los activos corrientes, utilizándose la cuenta Situación Fiscal para equilibrar los unos con los otros. Contra esta cuenta se cancelan las cuentas transitorias de ingresos y gastos, lo que indica que sirve para demostrar el superávit o el déficit financiero resultante de la gestión administrativa del Gobierno.

La expresión Superávit o déficit financiero se usa en la contabilidad del Gobierno para designar la diferencia entre activos corrientes y pasivos corrientes, Cuando los activos corrientes exceden a los pasivos corrientes hay una disponibilidad que puede utilizarse para adicionar el presupuesto. El ejercicio contrario arroja un déficit fiscal que debe enjugarse con los recursos corrientes del presupuesto.

El superávit o déficit financiero liquidado en una vigencia se puede alterar en el período siguiente con el resultado de la ejecución presupuestal. Por ello, es importante tener en cuenta los resultados que arroje el presupuesto, el cual se mide por comparación entre los ingresos y egresos incorporados.

Estos conceptos de contabilidad pública poco o casi nada se incorporan en los estados de rendición de cuentas de los Tesoreros y Secretarios de Hacienda a las Asambleas y Concejos Municipales. Aquí hay mucho por hacer, y nadie más que las mismas Contralorías Departamentales en concertación con los Municipios deberían informar, centralizar, sistematizar y consolidar la contabilidad pública.

Los Alcaldes no pueden seguir manejando los bienes municipales a la deriva, sin saber cuáles son los verdaderos activos y pasivos de los mismos. Y menos aun sin saber su verdadero valor.

A ellos les ocurre lo de Frayle un personaje muy famoso que vivió en Sevilla en la primera mitad del siglo. Este ciudadano era un gozetas, medio vago, tahúr, bebedor y mujeriego. En una ocasión lo nombraron inspector de policía único, al contrario de lo que se presenta ahora, que en cada vereda nombran un inspector de policía municipal o departamental. Recién nombrado él fueron de Palomino a su despacho y le informaron que se había suicidado un ciudadano, y tenía que ir a hacer el levantamiento de cadáver. El llamó a su secretario, ensillaron las bestias, cogió su manual de policía y salieron para Palomino. Cuando llegaron se encontró con la sorpresa de que el hombre se había ahorcado, estaba colgando de un árbol. El se puso a rascarse la cabeza, a mirarse con el secretario y a dar vueltas alrededor del cadáver. Luego abrió el manual, buscaron el índice y encontraron que solo hablaba de levantamientos. Las instrucciones que le habían dado a él cuando se fue a posesionar fueron esas, es decir, cómo se hacía un levantamiento. Frayle era de una agilidad mental extraordinaria y en medio del corrillo de curiosos, le dijo al secretario escriba. Primero hay que hacer un bajamiento, después un acostamiento, para poder hacer el levantamiento.

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