UN JARDÍN PARA NIÑAS ABANDONADAS

UN JARDÍN PARA NIÑAS ABANDONADAS

Carmela era una niña de 6 años, muy pobre, vivía (en cuarto arrendado de una casa habitada por mucha gente) con la mamá. También tenía un papá pero muy lejos. Ella cuidaba de sus cinco hermanitos, arreglaba la casa, los bañaba, cocinaba y los quería. La mamá salía a trabajar y vivía con un hombre que ganaba bien pero se gasta el dinero en beber y llegaba a la madrugada gritando y pegando. Cuando se lanzaba a pegarle a la mamá, Carmela la defendía pero no podía mucho porque el hombre era más fuerte .

18 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Esta historia, que tal vez es la misma suya, fue escrita por una de las 54 niñas que han encontrado techo, alimento, educación y sobretodo, cariño, en el Jardín de la Niña María, una Fundación sin ánimo de lucro ubicada en la carrera 36 No. 91-58.

Como Carmela, muchas otras han terminado por abandonar sus familias en las que nunca encontraron el calor de un verdadero hogar. Algunas son hijas de mujeres solas que viven en sucios inquilinatos donde todos, no importa cuántos ni quiénes, conviven en la misma cama dando como resultado en algunos casos, que las niñas sean violadas.

Otras, llegan huyendo de la violencia en los campos colombianos después de haber perdido a sus padres, y después de que sus ojos inocentes hubieran tenido que enfrentarse a toda serie de atrocidades.

Finalmente, llegan al Jardín de María porque alguien las recoge y de puerta en puerta logran dar con un hogar.

Allí, las mayores se encargan del cuidado de las pequeñas y se distribuyen los oficios. En la mañana salen para la concentración escolar las que estudian primaria y luego regresan para almorzar. En la tarde reciben clases de lectura y escritura (la mayoría, cuando ingresan a la institución, son analfabetas), y realizan talleres de costura, tejido, manejo de frutas y verduras y algo de música.

Las niñas que van a la secundaria reciben clases en la tarde y en las mañanas se ocupan de los oficios de la casa, estudian y reciben talleres de alta costura, procesamiento de frutas para conservar y encurtidos.

Nos proponemos que las niñas se autoestimen y sientan el deseo de llevar una vida digna como corresponde por derecho a toda persona , explicó un miembro de la institución que está presidida por el padre René Van Hissenhove y María Helena Brigard de Henao.

El Jardín corre con todos los gastos de las niñas y se calcula que el costo mensual de la manutención por persona es de 35.000 pesos. Por no contar con ayudas oficiales, la Fundación está invitando a quienes quieran, a colaborar con una beca para una niña. Esa colaboración no tiene tope.

Se buscan también donaciones en especie (alimentos, ropa, útiles escolares, etc.) y servicios profesionales voluntarios (médicos, odontólogos, psicólogos y terapistas, entre otros).

Además, el próximo 5 de mayo, se realizará en el Teatro Patria un espectáculo musical con el fin de recolectar fondos para ampliar las capacidades del jardín que ya compró una segunda casa para atender a las niñas de 14 años en adelante.

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