‘La vida del pueblo iraquí hoy es aún peor’

‘La vida del pueblo iraquí hoy es aún peor’

La verdadera magnitud de la guerra de Irak es el eje del libro La guerra de los tres billones de dólares, del Premio Nobel de Economía 2001 Joseph Stiglitz

18 de octubre 2008 , 12:00 a.m.

Y es que sus costos han sido altísimos: desde los derivados del cuidado de los soldados heridos, el abastecimiento militar y la reconstrucción de infraestructuras, hasta los sociales y humanitarios -como los originados por las prestaciones por incapacidad a los veteranos y sus familias, o por la necesidad de reubicar y ayudar a millones de refugiados-. Eso sin contar con los económicos -resultantes de la pérdida de productividad, la reducción del comercio y la subida del precio del petróleo-.

“A estas alturas está claro que la invasión estadounidense de Irak fue un terrible error. La idea de que la invasión traería la democracia y serviría de catalizador para el cambio en Oriente Próximo parece una fantasía. Cuando se pague el precio completo de la guerra se añadirán billones de dólares a nuestra deuda pública. La invasión de Irak también ha encarecido el precio del petróleo. Así, y de otras maneras, la guerra ha debilitado nuestra economía”, dice Stiglitz.

En el libro, el Nobel asegura que, por muy vil que fuera el régimen de Sadam Husein, la vida para el pueblo iraquí hoy día es aún peor. “Las carreteras, escuelas, hospitales, viviendas y museos del país han sido destruidos, y el acceso de sus ciudadanos a electricidad y agua es menor que antes de la guerra. Abunda la violencia sectaria. El caos de Irak ha convertido el país en un imán para terroristas de todos los colores”, sostiene.

Las cifras son contundentes: 4.000 soldados estadounidenses han muerto, más de 58.000 han sido heridos, lesionados o han sufrido enfermedades graves y 100 mil militares estadounidenses han vuelto de la guerra padeciendo trastornos mentales graves, de los cuales una parte significativa se convertirán en afecciones crónicas.

Stiglitz también advierte que la decisión de ir a la guerra se tomó sobre un conjunto de premisas falsas. Una de ellas afirmaba la existencia de un vínculo entre Sadam Husein y los ataques del 11 de septiembre (11-S) contra el World Trade Center y el Pentágono. Los errores del servicio de inteligencia alimentaron la idea de que Irak tenía armas de destrucción masiva, aunque la Agencia Internacional de la Energía Atómica dijo lo contrario. Muchos defendieron que la guerra pasaría pronto y que de alguna manera la democracia florecería en Irak. Y, por último, existía la noción de que la guerra costaría poco y de que se pagaría a sí misma

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