EL EFECTO AGUARDIENTE

EL EFECTO AGUARDIENTE

Mientras en México, con peajes de 1.000 y 2.000 pesos tienen verdaderas autopistas de cuatro y seis carriles, aquí el ministro de Obras es incapaz de manejar el cambio de unas tarifas de peaje, que además quién sabe a dónde van a parar, pues el estado de nuestras carreteras no puede ser más lamentable.

18 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Mientras en México la subversión armada la lidera un poeta y se toma un departamento sin disparar un tiro, aquí sus comandantes harían sonrojar a Pinocho y a Atila gracias a su mitomanía y crueldad ilimitada.

Mientras en México el diálogo Gobierno-rebeldes zapatistas se da en una escuela sin precondiciones ni arrogancia, aquí hay que desalojarles medio país y arrodillárseles para que apenas muestren interés en ir a la mesa de conversaciones.

Mientras en México hay una obra de teatro donde le dicen al ex presidente Carlos Salinas de Gortari que es un ladrón ( no vendió a México sino que los compró ), un asesino y un narcotraficante y al presidente Ernesto Zedillo que es un bobo, un bruto y un pendejo, aquí el consejo de ministros en pleno (como si no tuviera nada más qué hacer) se dedica a protestar por un fotomontaje en un comunicado con tufillo a censura sin que se escuchara una voz de disentimiento por parte de aquellos que dicen ser periodistas.

Mientras en México la prensa independiente empieza a florecer (el diario Reforma, con un año de existencia, ya tiene 100.000 ejemplares de circulación), aquí hace carrera un peligroso oficialismo informativo ligado más a los favores y a las concesiones del Estado que a un verdadero sentido periodístico.

Sí, la verdad es que mientras México afronta una era de apertura política y realismo económico, aquí vamos disparados hacia un oscurantismo medieval, donde el matiz de la información, el favor político y la gobernabilidad van a primar sobre el interés del ciudadano común. Es el efecto aguardiente.

Veamos. Nadie, en su sano juicio, es decir si no prima una relación estrecha de amistad con el Gobierno o la espera de un favor, puede decir que el asunto de los narcocasetes está resuelto o que el debate en Estados Unidos contra Colombia ya es asunto del pasado.

En el preciso instante en que las revistas y los periódicos proclaman a cuatro vientos el triunfo de Colombia y del Gobierno sobre la mentira y la injusticia nacional e internacional, el senador norteamericano Jesse Helms radica un duro proyecto de ley que condiciona un bloqueo económico a unos logros contra el narcotráfico irrealizables.

Y asimismo, cada vez que el capítulo de los narcocasetes parece pasar al olvido, como el Ave Fénix renace de las cenizas y resucita en los medios de comunicación nacionales e internacionales.

La razón, en el fondo, es una sola: la sombra sobre los dineros de la campaña del Presidente aún persisten y mientras exista una pizca de duda en la opinión pública nacional e internacional, ni el mejor editorial de una revista o de un periódico lograrán acabar con este efecto aguardiente que cada día que pasa le va a producir al país un peor guayabo.

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