UN ROBO LEGALIZADO

UN ROBO LEGALIZADO

La inflación es el fenómeno económico menos comprendido y, al mismo tiempo, el más manipulado por políticos populistas y gobernantes inescrupulosos que se las ingenian para esconder el inmenso daño que hacen destruyendo el valor de la moneda nacional. Durante décadas, los símbolos patrios que aparecen en los billetes latinaomericanos han sido objeto de soez agravio y desprecio de nuestras autoridades monetarias, que no se cansan de añadir y quitar ceros, en un infernal juego que destruye el ahorro y el sistema de incentivos de gente decente, con la mala fortuna de haber nacido en países gobernados por ladrones.

17 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Ladrón llamamos a quien nos mete la mano solapadamente en el bolsillo para quitarnos lo que es nuestro. Si hoy tengo cien pesos o cien bolívares o cien soles o cien sucres en mi alcancía, suficiente para comer completo en un buen restaurante; pero si al guardarlos por un tiempo no me alcanzan para comprar un helado, es porque el presidente del Banco Central se puso de acuerdo con el ministro de Hacienda y con el presidente de la República para robarme. Lo logran con total impunidad; además, insultan nuestra inteligencia dando toda clase de excusas falsas y complicadas, como si se tratara de una acción patriótica. Y, como ellos también tienen el control de las armas, el empobrecido ciudadano no puede hacer más nada que guardar, en el futuro, sus ahorros en una moneda no controlada por gángsters de cuello blanco y ademanes finos, con títulos de Harvard y Yale, quienes se abrazan, se tutean con el embajador de Estados Unidos y el director-gerente del Fondo Monetario Internacional.

El crecimiento económico es sostenible cuando los trabajadores no sólo están bien entrenados sino que además gozan de los incentivos para trabajar duro en la elaboración del mejor producto posible, cuando el capital representado en maquinarias y equipos está creciendo, y cuando la tecnología aumenta la eficiencia y productividad general. Pero nada de esto es posible en un ambiente de desconfianza en la moneda, por lo que el crimen inflacionario destruye las naciones con la misma rapidez que el crack destruye el cerebro de drogadictos.

Inflación significa que el poder adquisitivo de la moneda se reduce y ello se refleja en el aumento persistente y general de precios. Las acusaciones de especulación lanzadas contra comerciantes es la excusa más utilizada por políticos y burócratas pícaros, quienes saben (o debieran saber) que los aumentos de ciertos productos no causan inflación porque de no sufrir incrementos la base monetaria, si la gente compra esos productos más caros tendrá menos dinero para comprar otros productos y servicios, cuyos precios entonces tienen necesariamente que bajar, lo cual mantendrá estable el índice general de precios.

Está comprobado que la inflación no puede ocurrir sin el crecimiento excesivo de la oferta monetaria, por lo que sólo cuando el Banco Central permite la creación de dinero más allá de las necesidades de la gente es que se produce la inflación. El más brillante economista monetario de este siglo, Milton Friedman, dice que la inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario , tratándose de demasiado dinero persiguiendo pocos bienes y servicios .

No es cierto lo que ahora sostienen algunos políticos mexicanos, en el sentido de que el rápido crecimiento económico hace decaer el valor de la moneda. Por el contrario, una mayor producción tiende a bajar los precios y cualquier aumento de precios causado por mayor demanda de mano de obra y por expansión de las fábricas será temporal; sólo si las autoridades monetarias aumentan el circulante se tornarán permanentes tales aumentos de precios.

Las distorsiones económicas que ocasiona la inflación tienen altísimos costos, al dedicarse la gente, entonces, a protegerse de sus dañinas consecuencias y a invertir en bienes raíces, oro y en el extranjero, en lugar de ampliar fábricas, crear empleos y mejorar los servicios nacionales. Argumentar en contra de la estabilidad de los precios es como afirmar que un metro debe equivaler a cien centímetros hoy, pero solo a 78 centímetros el año próximo. Si la principal medida económica deja de ser confiable, es imposible planificar y terminamos todos perdiendo la fe en el futuro de nuestro país.

(*) Periodista venezolano, director de la agencia de prensa AIPE.

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