LA JUSTICIA: SOLUCIONES RADICALES

LA JUSTICIA: SOLUCIONES RADICALES

Es evidente. La justicia funciona hoy tan mal como antes de los gigantescos esfuerzos que se han hecho para mejorarla. Así lo ilustra con abundancia de datos el informe recientemente publicado por el Ministerio de Justicia y del Derecho, Justicia para la gente, una visión alternativa .

17 de abril 1995 , 12:00 a.m.

El asunto es, realmente, penoso. Un país de abogados, con facultades de Derecho en abundancia (el año pasado se crearon más de treinta), algunas con una tradición más que centenaria, ha sido absolutamente incapaz de organizar modernamente un juzgado. Y cuando dos instituciones de reciente creación, la Corte Constitucional y la tutela han mostrado su eficacia, se arma un tinglado para desmontarlas. Es como si estuviéramos decididos a que nada debe funcionar en el sector justicia.

Las evaluaciones de lo realizado por las dos últimas administraciones (y ya es bastante que se hagan evaluaciones) no invitan al optimismo. Se gastaron sumas descomunales de dinero en hacer más de lo mismo. Y el resultado es apenas lógico: tenemos lo mismo pero más costoso y con más jueces eso sí mejor pagados (esto último está bien). La lección es clara: no se puede seguir por esta línea porque el resultado desde ya se puede anticipar: todo seguirá igual. Los optimistas dirán que por lo menos se evitó que empeoraran las cosas. Vano consuelo, porque el crimen va en subienda.

Algunos datos le darán al lector una idea del desastre. Tan sólo el 26 por ciento de los colombianos confían en la justicia (1994). En Italia, que vive situaciones tan parecidas, esa cifra es del 43 por ciento. México, Venezuela, Perú, Bolivia, Ecuador, Guatemala están por debajo de Colombia. A nadie debe sorprender, entonces, que el Banco Mundial y el Banco Interamericano hayan decidido tomar cartas en el asunto. Por fin se va a afrontar en serio un problema que parece intratable.

Más datos. Cuatro millones de procesos están en trámite y para resolverlos contamos con 6.693 funcionarios. La eficiencia, particularmente en la justicia penal, es bien baja. Tenemos 77 homicidios por cada cien mil habitantes (Alemania tiene 1,2; Canadá 2,7; Italia 4,3) y tan sólo un preso por cada cien mil habitantes (77 en Alemania; 94 en Canadá; 27 en Italia). Dramático. Escandaloso. Un modelo de impunidad. Colombia en el período 1993-1994 asignó más recursos a la justicia (4,62 por ciento del presupuesto nacional) que Argentina (1,47 por ciento), Chile (0,75,) Uruguay (1,52 por ciento).

No obstante la impunidad, las cárceles están hacinadas. Y los medios de comunicación se escandalizan (y tienen razón) de que prisioneros de alta peligrosidad salgan a bailar a las discotecas de La Calera, pero no se sorprenden de que, muy juiciosos, regresen después de sus parrandas a las cárceles. Algún encanto deben tener.

En 1994 se gastaron 700.000 millones de pesos en el sector de justicia, 8,22 por ciento del total del gasto. Por debajo de lo que ordenó la fallida reforma constitucional de 1979, que fue el 10 por ciento, meta que nunca se cumplió.

La gran pregunta es la de si con más reformas por aquí y por allá vamos a superar tan deplorable situación. No parece. Eso ya lo hemos hecho, una y otra vez, sin resultados. Es hora de pensar pensamientos impensables (valga la repetición). Hay que atreverse a plantear soluciones radicales. El país no aguanta sin administración de justicia. Los crecientes índices de violencia, corrupción y desarreglo, así lo indican. Sabemos que los aumentos de penas, la creación de nuevas figuras delictivas y, aun, la pena de muerte, son remedios fáciles e inútiles. Más de lo mismo.

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