INFLACIÓN EN BAJA

INFLACIÓN EN BAJA

La inflación de 8.2 por ciento del primer trimestre fue la más baja de los últimos ocho años. Igualmente, el promedio anualizado a marzo de 21.33 por ciento es el más bajo desde 1987. Aunque la contribución del último mes al logro de la meta del 18 por ciento para 1995 no fue favorable, es positivo el cambio que comienza a observarse en los patrones de estacionalidad mensual, debido al efecto de los nuevos cronogramas de ajuste de precios de gasolina y transporte.

17 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Además, la inflación de los últimos doce meses ya logró ubicarse en un 18.1 por ciento en el promedio trimestral, si se excluyen los servicios (cuadro 1).

Al igual que en México, se está poniendo en evidencia que los precios de los servicios son los más resistentes a la baja, por su gran sensibilidad al comportamiento de la demanda agregada y su bajo componente de transabilidad internacional (cuadro 2).

La inflación de servicios todavía supera el 25 por ciento, pero no sólo es notoria su disminución en cerca de cinco puntos respecto a los primeros meses de 1994, sino que la tendencia descendente ha tendido a reforzarse en los primeros meses de 1995 con el comportamiento de los precios susceptibles de control en el Pacto Social: arrendamientos, transporte urbano, educación, combustibles, servicios públicos. El crecimiento de los precios de estos rubros se encontraba disparado (por encima del 30 por ciento) hace un año y logró reducirse al 25.5 por ciento este año.

El efecto del Pacto comienza a apreciarse al comparar la inflación acumulada enero-marzo de ciertos servicios controlables, con el total de la inflación. Precios como los de energía, acueducto, teléfono y arrendamientos se ubicaron por debajo del 8.2 por ciento del primer trimestre. Sin embargo, precios de servicios como educación, salud y transporte urbano aumentaron a tasas superiores a las del promedio de precios al consumidor.

Lo importante es que para el resto del año se mantenga la tendencia a la desaceleración de los precios controlados. A ellos contribuirá el hecho de que en rubros como educación y transporte los aumentos más significativos ya se dieron y los ajustes futuros en las tarifas de servicios públicos no podrán exceder del 18 por ciento promedio.

Los servicios El papel explicativo de los servicios en la inflación actual, así como su tendencia decreciente, pueden también ilustrarse con el comportamiento de los bienes y servicios clasificados según transables o no transables.

Estos últimos, en su mayoría servicios, están registrando una inflación anual promedio del 25 por ciento en lo que va corrido de este año, pero desde comienzos de 1994 mantienen una tendencia hacia la baja (gráfico 1).

En cambio, las producciones transables, que están asumiendo la carga de disminuir la inflación, presentan este año incrementos anuales por debajo de la meta del 18 por ciento. Los productos industriales, por ejemplo, arrojan una inflación del 17 por ciento a marzo de 1995.

Por otra parte, si se excluye a los alimentos del grupo de transables, la disminución de la inflación es mucho más dramática, ya que su promedio enero-marzo se ubicó en el 14 por ciento anual.

El panorama descrito anteriormente es consistente con el agudo deterioro de los precios relativos de los transables respecto a los no transables.

Desde comienzos de 1991 hasta marzo de este año, los primeros han desmejorado su posición en unos 25 puntos, o en 30 puntos excluyendo alimentos. Con semejante deterioro es entendible porqué los productores de bienes transables ven con seria preocupación los efectos en el costo del dinero que está teniendo la actual estrategia de ajuste, orientada a que la demanda agregada no siga creciendo por encima de las posibilidades de crecimiento de la producción.

Por otra parte, preocupa que la nueva reforma tributaria sí podría impactar la actividad privada más que las anteriores reformas, debido a la imposibilidad actual de contar con un fácil acceso a endeudamiento interno y externo.

Las metas de política monetaria se han fijado en forma consistente con el objetivo del 18 por ciento y es conocido su efecto alcista en las tasas de interés, desde fines del año anterior. Para evitar prolongar excesivamente el efecto del fuerte encarecimiento del costo del capital, la política fiscal podría asumir un papel más activo, más si se considera la comprobada relación negativa existente entre crecimiento del gasto público y la relación de precios transables sobre no transables.

Dependiendo de la evolución de la inflación en el primer semestre, debería considerarse la posibilidad de un superávit fiscal superior al inicialmente previsto, no sólo para disminuir la presión inflacionaria sobre los bienes no transables, sino para no asfixiar el gasto privado en momentos de fuertes presiones competitivas sobre las producciones transables.

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