EMBROLLO EN MI CABEZA

EMBROLLO EN MI CABEZA

Qué horas serían? Serían las diez? De la noche. Ruido de persecución de automóviles, frenazos, pitos. Desde mi ventana, sentado en palco de preferencia, gratis, como invitado de honor, presencié el espectáculo. Un hombre corría por la acera y varios taxis llegaron. Se habían oído ya dos disparos. Los taxistas agarraron al hombre y comenzaron a golpearlo brutalmente. Se notaba la rabia. Luego no vimos al victimado. Lo tenían ya en el suelo. Llegaban más taxis. Fueron 42 según los contó Gerardo Canales. A estas alturas el hombre ya debía estar muerto o al menos semidestrozado. Algunos corrieron perdiéndose de mi vista pero a los dos minutos aparecieron con otro hombre al que también golpeaban brutalmente en todas partes de su cuerpo. El espectáculo era digno de esas películas que llaman cacerías humanas . Pudo más la curiosidad que la repugnancia. Salí a la calle con Alejandro Castillo a presenciar in situ el linchamiento. Tres jóvenes habían montado a un taxi y ya en él con arma de

13 de junio 1996 , 12:00 a.m.

Llegaron unos policías que también golpearon al primer atracador. Cuando llegamos al sitio y mirábamos atónitos este espectáculo, sin intervenir ni en pro ni en contra, un taxista nos miró como diciendo: ustedes colegas, por qué no colaboran golpeando al atracador? Un agente de policía dijo: bueno, ya no les peguen más, porque de pronto nos los cobran a nosotros. Los tenían en el suelo, boca abajo, con las manos amarradas a la espalda. Era terrible ver cómo los que llegaban les daban patadas donde fuera. Qué hacemos? Llevémoslos a una estación de policía. Pero no los metamos en los asientos porque los ensucian; llevémoslos en el baúl. Los agarraron de pies y manos, como se carga un bulto. Al primero lo tiraron, sin miramientos en un baúl; al segundo lo descargaron encima del primero. Trataron de cerrar el baúl pero no se podía, o la cabeza o los pies no permitían. Entonces sacaron el de encima y lo echaron en el baúl de otro taxi. Uno de los taxistas decía: lo mejor es que los lleven de una vez al basurero de Doña Juana. Y se fueron. Uno de los policías que siguió en su moto a los dos taxis llevaba el arma de fuego de los atracadores.

Entre los que quedaron, alguno dijo que el tercer atracador estaba por la calle 42 y tenía chaqueta roja. Inmediatamente se fueron hacia allá. Lo primero que pensé fue que ojalá no se encontraran con algún transeúnte inocente, que pasara accidentalmente por allí, con chaqueta roja.

Y las preguntas se apoderaron de nosotros. Hicieron bien los taxistas? La semana inmediatamente anterior dos taxistas habían sido asesinados en Bogotá. Con la justicia tan coja que tenemos, solo queda hacer justicia por la propia mano? Con las cárceles y estaciones de policía atestadas dónde meterán a dos atracadores que solo robaron a un taxista? Pero pudieron matarlo, piensa uno. Son asesinos... Quién resuelve el enredo que se formó en mi cabeza y sensibilidad? Trataban a dos hombres como a ratas de alcantarilla... Sí, pero qué querían, que los invitaran a una fiesta?...

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