DEL CAOS A LAS SOLUCIONES

DEL CAOS A LAS SOLUCIONES

He leído en estos días, en todos los periódicos, los relatos acerca de las decisiones del Concejo de Bogotá, las opiniones de ilustres periodistas y de antiguos y actuales dirigentes gremiales, etc., sobre lo que hay que hacer y lo que no debe intentarse para aliviar la situación dramática en que vivimos todos los habitantes de la Capital, agobiados por el tránsito.

18 de abril 1995 , 12:00 a.m.

La Cámara de Comercio, según lo publica EL TIEMPO del 14/3/95, llama la atención al Alcalde Mayor sobre el hecho de que la política de administración del tráfico de una ciudad reposa sobre un trípode formado por ingeniería, educación y autoridad. Vale la pena reforzar esta acertada afirmación, recordando que un trípode sólo puede existir si sus tres patas están equilibradas; si sólo una de ellas falla, se va al suelo, con todo lo que tenga encima.

Resulta oportuno sugerir a la actual Administración distrital, por demás verdaderamente interesada en mejorar el nivel de vida de sus ciudadanos, que las medidas sobre administración del tránsito sean tomadas con base en las recomendaciones de expertos en cada una de las tres áreas del trípode que sostiene una sensata política en esta materia. Por tanto, no resulta recomendable la consulta popular para saber si se debe aplicar o no la restricción del tránsito de vehículos según el número en que termine la placa respectiva, porque lo más probable es que se cometa un grave error, basándose ingenuamente en una equivocación colectiva.

Consecuentemente, las medidas de ingeniería deberán confiarse al análisis de ingenieros de tráfico expertos y experimentados; si no los hay disponibles en el país, no deberá vacilarse en contratar los mejores de Estados Unidos o de cualquier otro país.

En materia de educación, nadie mejor que el actual alcalde Mockus, que es ante todo un gran pedagogo y lo está demostrando: la gente comienza a comportarse mejor, no solamente por lo que ya ha predicado Mockus, sino que en ausencia de enseñanzas directas actúa como cree que Mockus lo haría.

En materia de autoridad, esta sí es una de las áreas más abandonadas y por tanto probablemente la causa del actual caos del tráfico. No hace muchos años, sólo un irresponsable absoluto, tal vez bajo los efectos del alcohol, se atrevía a violar un semáforo. El temor a perder la licencia de conducir, a la cuantiosa multa, al posible arresto y aun a la mordida por parte del agente corrupto (que los ha habido siempre), hacía que la gran mayoría de los conductores actuaran responsablemente. En contraste, en la actualidad no son solamente los conductores de buses urbanos, especialmente los llamados ejecutivos ni los taxistas, ni los volqueteros, sino también elegantes damas que conduciendo costosísimos vehículos no sólo quebrantan todas las normas, sino que vociferan gruesas palabras, cuando algún extraño chofer espera a que el semáforo cambie a verde para atravesar una vía.

Para que los efectos de una buena Ingeniería de Tráfico y la Educación de los ciudadanos surtan resultados, es indispensable contar con un cuerpo de policía vial altamente profesional, con la moral y motivación propias de representantes de la autoridad en las calles de la ciudad. Un factor definitivo para poder contar con un cuerpo de estas características, es el relativo a la remuneración. Esta debe ser tal que les permita llevar una vida digna y progresar a nivel personal y familiar. Para que esto sea posible es necesario disponer de recursos económicos suficientes, los cuales deben provenir de la aplicación rigurosa de un sistema de multas especialmente elevado. Un nivel muy alto de multas no debe ser causa de preocupación, pues no atenta contra el ingreso familiar ni constituye un obstáculo para el logro de las metas de inflación propuestas por el gobierno, porque quien quiera evitarlas lo puede hacer, simplemente no contraviniendo las normas, facilitando así que todos podamos vivir y desplazarnos en una ciudad más amable y eficiente, que es el objetivo buscado.

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