BUCARAMANGA ESTÁ LISTA PARA CUMPLIR

BUCARAMANGA ESTÁ LISTA PARA CUMPLIR

Bucaramanga se adormece en medio del sopor caliente y húmedo de sus días recientes, mientras la voz del locutor no deja, desde las 8 de la mañana, de invitar a Colombia y a los bumangueses a la inauguración de los XV Juegos Deportivos Nacionales.

13 de junio 1996 , 12:00 a. m.

Es una voz que recorre toda la ciudad en un carro, y que repite sin cesar, sin descanso, las mismas palabras de atención, las mismas frases de acogida.

Hoy, cuando faltan menos de 72 horas para que en el estadio Alfonso López se encienda el pebetero que iniciará oficialmente las competencias, los bumangueses están, como uno de los lemas de los Juegos lo indica, trabajando como hormigas para tener todo a punto antes de las cinco de la tarde del sábado.

En el estadio, los obreros, con largas mangueras, lavan de desperdicios de cemento las remodeladas instalaciones del Alfonso López, mientras los grupos de chicas ensayan una y otra vez en la gramilla los pasos y las figuras que tiene que armar el día de la inauguración.

Afuera, en el Vicente Díaz Romero, se cumplen los últimos arreglos a las goteras del techo, mientras se intenta adecuar la arena que se distribuirá sobre la cancha del que será el escenario del voleiplaya, y, en este caso, el voleiarena.

Es una carrera contrarreloj muy común en Colombia, acostumbrada a iniciar las competencias cuando todavía en el ambiente se respira la mezcla de arena y cemento, y las paredes retiene el atractivo olor de la pintura recién esparcida.

Sin embargo, esta vez parece que en Santander-96 no se van a vivir las mismas situaciones que tuvieron que afrontar los precedentes Juegos Nacionales.

Por lo menos eso es lo que se puede deducir luego de dar una ojeada sobre los escenarios.

No vaya a suceder lo que ocurrió en el coliseo Elías Chewing, en los Juegos de 1992, cuando en plena competencia llovía más por dentro del escenario que fuera de él.

La experiencia indica que en Colombia las cosas se demoran pero se hacen, aunque esta discusión ya se vuelve bizantina cuando se piensa que es una excusa más para justificar la burocracia que envuelve las grandes realizaciones en el país.

O si no, qué pasó con el Mundial de Ciclismo, o con los Juegos del Pacífico. Exito total, pero angustias en la ejecución de la obras.

Hace cuatro años le fue asignada la sede a Santander y hace 12 meses que iniciaron los trabajos.

El sábado se le dará el privilegio de organizar los XVI Juegos Nacionales a otra región.

Compiten Boyacá, que tiene la valiosa experiencia del Mundial de Ciclismo, y Nariño, una región que ha sido sumida en un letargo extraño para todas las riquezas que posee. La postulación bogotana ni siquiera fue tenida en cuenta.

Pueda ser que cualquiera de estas dos regiones no caiga en esa ya repetida historia de afanes e improvisaciones de última hora, para que por fin una sede pueda tener todo 100 por ciento listo un mes antes de que se encienda el pebetero.

A pesar de el apremio del tiempo, Santander se está cumpliendo a sí misma el reto.

Bastará ver que cuando arranquen los Juegos se dejará de hablar de los problemas para comenzar a halagar los logros de los deportistas, las marcas, el enfrentamiento regional.

Ya no habrá atrasos, todo será celebración.

Mientras llega esa hora, la de los abrazos mutuos y la de las felicitaciones, los santandereanos trabajarán como hormigas y una voz de un locutor repetirá incesante, por todas las calles de esta Bucaramanga lluviosa, la misma invitación, la misma frase cordial de bienvenida...

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