LOS PEAJES Y LA CRISIS VIAL

LOS PEAJES Y LA CRISIS VIAL

Los peajes fueron la noticia y el lunar de los días santos. La forma precipitada como se modificó su esquema de cobro dice mucho del desorden que impera en la administración de la infraestructura de transportes del país. Es hora de poner sobre el tapete, de una vez por todas, la ostensible crisis del desarrollo vial. Porque resulta de veras lastimoso, triste y decepcionante no solo el estado de las vías sino la desidia de las autoridades con respecto a un asunto de tanta trascendencia para el progreso nacional.

18 de abril 1995 , 12:00 a.m.

No está de más poner el dedo en la llaga. Recientemente la revista Estrategia dedicó una de sus entregas a debatir la situación de la infraestructura de transporte. La conclusión de este ejercicio confirmó lo que sufrimos día por día los colombianos: que si bien se tienen problemas sustanciales en los aeropuertos, los ferrocarriles y, en menor grado, en los servicios portuarios, no cabe la más mínima duda de que la problemática vial es la que más afecta a la economía nacional... Los sobrecostos por la inexistencia de carreteras ascienden a casi medio punto del PIB por año .

Las cifras son aterradoras. El caso de los ferrocarriles es muy diciente: las vías férreas en operación se redujeron de 3.353 kilómetros en 1971 a sólo 1.600 kilómetros en 1993, mientras la carga transportada caía en más de un 80 por ciento entre 1953 y 1991. Bolivia, Perú, Ecuador tienen más kilómetros de vía férrea por miles de habitantes que Colombia.

Pero en carreteras no estamos nada mejor, así no se haya registrado un retroceso como el de los ferrocarriles: la red vial nacional pasó de 16.500 kilómetros en 1962 a 26.500 en 1993, un incremento del 65 por ciento, mientras el PIB se multiplicó por dos veces y media en el mismo período. Con respecto a doce países de referencia Colombia ocupaba un modestísimo undécimo lugar con 310 kilómetros de carretera por millón de habitantes en 1990, superando únicamente a Bolivia.

Es urgente hacer algo para mejorar la infraestructura de transportes del país. Si ello no ocurre, la expansión de la producción va a enfrentarse con un obstáculo insalvable en un futuro cercano. Ahora estamos encontrando la alternativa de las concesiones debido a que el Estado ha demostrado su más absoluta incapacidad para construir y operar las carreteras.

En la actualidad hay 14 licitaciones abiertas por el sistema de concesión: cinco para construir 323 kilómetros de carretera y nueve para rehabilitar vías con una longitud de 1.238 kilómetros. Pero todavía es necesario resolver algunos de los problemas que han planteado los concesionarios ya existentes, como el de la distribución de los riesgos de los sobrecostos en la construcción y la forma de otorgar las garantías de tráfico mínimo que aseguren el financiamiento y reduzcan el riesgo comercial de los concesionarios.

La modalidad de concesión parece ser la única tabla de salvación a la vista para este gran problema nacional. Y, como bien se sabe, los peajes son la base de este mecanismo por lo cual, como se afirma en la discusión de Estrategia, los colombianos tendremos que acostumbrarnos a pagar mayores peajes por las carreteras y, en algunos casos, montos nada despreciables . Porque los peajes son hoy por hoy, quiérase o no, la única fórmula para contar con las vías de la apertura en el menor tiempo posible .

La realidad es que si no se acude a las concesiones Colombia no va a desarrollar su sistema vial. Es imposible pensar que el Estado pueda financiar y construir las vías. Durante la Administración Gaviria se incrementaron los recursos destinados al sector vial en más del 30 por ciento en términos reales y sólo se logró concretar menos del 30 por ciento de las metas físicas establecidas en el Plan de Desarrollo.

De acuerdo con Rafael Herz, el economista que se ocupó de estos temas en el Departamento Nacional de Planeación durante el cuatrienio anterior, sólo se adicionaron menos de 200 kilómetros de construcción completa a la red vial y, si se sigue a este ritmo, no nos podremos ajustar a las crecientes exigencias de un mercado internacional cada vez más competitivo .

Hay que ocuparse de un tema que es demasiado importante como para continuar dejándolo en manos de políticos incapaces. La administración del programa vial en ejecución requiere empresarios con visión y espíritu de sector privado. Y el diseño de la red de carreteras del futuro, ingenieros como aquellos con quienes el país contó en el pasado en circunstancias de atraso mucho más penosas. Y, sobre todo, hay que poner manos a la obra, haciendo a un lado la tradicional desidia de la cual solo despiertan el Ministerio de Transportes y el Alto Gobierno en general cuando sucede alguna tragedia en nuestras costosas, deterioradas y peligrosas carreteras.

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