GUARDABOSQUES CON ROSTROS DE NIÑOS

GUARDABOSQUES CON ROSTROS DE NIÑOS

Eider Velasco, con su piel tostada por el sol que se cuela de la montaña, no tiene nintendo, ni mucho menos armas de monstruos de otras galaxias como los niños de la ciudad. Sólo posee árboles, quebradas de agua todavía cristalina y pájaros que revolotean por su vereda el Otoño, en el corregimiento de La Buitrera. Por eso sus juegos se centran en cuidar la naturaleza.

13 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Eider, junto con una decena de compañeros de la escuela, han creado el club de guardabosques. Nadie se lo ha impuesto. Sólo quieren conservar su territorio.

A sus nueve años, Eider se da a la tarea en sus horas libres de decirle a los colonos que no talen los árboles. Su última labor es recoger las caucheras (ya tiene 172), campaña en que lo apoya la vereda. También recolecta las plumas que dejan las aves cuando mudan, como sucede con las guacharacas, las mismas plumas que adornaron esta semana la vitrina de la escuela del Otoño en el III Encuentro de escuelas con programas ecológicos que se realizó en Cali.

Allí, en el Centro Experimental Piloto, 108 niños de 36 instituciones del Valle relataron sus experiencias en unas rondas que duraron tres días.

No solo Eider fue el delegado de su vereda. Llegaron también estudiantes y boy scouts de Pance como Adriana María Tróchez, del colegio de Santa Librada. Su rollo es parecido al de sus compañeros que se dan a la limpieza de las riberas del río. También programan subidas al cerro Pico Loro que está lleno de desechos que dejan los turistas. A ella y sus compañeros los asesora la Fundación Farallones, que realiza caminatas por toda la zona.

Diderman Castañeda, es un muchacho entusiasta en todo lo que tiene que ver con la ecología. Habla rápido sobre sus acciones en Pance con sus colegas que están en la onda ambiental. Hemos constituido las brigadas de emergencia para educar a la gente en caso de que el río Pance se crezca y venga una avalancha y ponga en peligro a la comunidad, ya que el río se encuentra sin sus aguas reguladas , dijo este muchacho que junto con otros, como Bernardo Solarte y sus compañeros del grupo Chiminangos , están en acción a toda hora.

Pero esta ofensiva por conservar su entorno, que dan los muchachos de las veredas y corregimientos de Cali y que lidera Alejandro Astorquiza de la escuela El Otoño, la están dando también las alumnas de los colegios de la ciudad, como la Normal de Señoritas, el Liceo Departamental Femenino y la Consolación. A la hora del descanso y a través de las emisoras estudiantiles, Paola Andrea López coge el micrófono y empieza a dirigir mensajes ecológicos ya que ella además de vibrar con la música de Vilma Palma e Vampiros, también lo hace con las jornadas de limpieza y los programas de reciclaje que impulsan también sus compañeras.

Porque este ejército de guardabosques, de recolectoras de papeles y protectoras de la naturaleza va creciendo en la zona rural de Cali y otros municipios del Valle. Así se comprobó en el encuentro, en medio de la miniteca ecológica que se instaló en el Centro Piloto, de los monumentos a la deforestación y las basuras, carteleras, pinturas y las rondas que realizaron los estudiantes, porque el cuento de los muchachos rurales es verde. A pesar del ataque a diario de las imágenes televisivas, ellos tienen sus pies bien plantados sobre la Tierra.

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