A SANTA FE LO CRUCIFICARON

A SANTA FE LO CRUCIFICARON

La ilusión roja duró apenas cinco minutos. Porque de ahí en adelante, minuto 5 del segundo tiempo, cuando el árbitro Juan Carlos Rodríguez expulsó a Harold Morales, el resto del partido fue un calvario para Santa Fe, lo que permitió que Tolima ganara 1-0 y se llevara los tres puntos.

17 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Porque en esos primeros trescientos segundos de la parte complementaria el cuadro de Julio Avelino Comesaña mostró otra cara, borró el mal desempeño de la primera etapa, creó dos claras opciones de gol en los pies de Daniel Tilger y Rubén Darío Hernández y exhibió argumentos para alcanzar el empate.

Hasta que llegó esa confusa jugada entre el número 6 santafereño y el lateral tolimense Antonio Moreno. Un balón dividido, dos jugadores aguerridos que van a la disputa, el consecuente choque, sin falta. Pero para el árbitro Rodríguez hubo mala intención del bogotano y le mostró la segunda tarjeta amarilla, que sumada a la del primer tiempo por protestar, lo mandaron precipitadamente a las duchas.

A pesar de la contingencia y de encontrarse en desventaja, Santa Fe no perdió los papeles. Se reordenó en el mediocampo, retrasó a Pacho Wittingham a cumplir funciones de destrucción y enfiló baterías otra vez hacia el pórtico de Mulet.

Pero llegó esa otra jugada infortunada, que liquidó el compromiso a favor del cuadro de casa. Corría el minutos diez. Rubén Darío Hernández se tira en tijera al piso, quita el balón y antes de que pueda levantarse, es embestido por Carlos Castro, que se barrió en procura del esférico. En el fragor de la acción, el cuyabro golpea en la cara al tolimense y ve el cartón rojo. Crucificado Santa Fe.

A partir de entonces, el rojo capitalino tomó extremadas precauciones para evitar una bochornosa goleada. El técnico Comesaña sacrificó al volante Jorge Salcedo para dar paso a Wilson Gutiérrez, para contener la obvia reacción del Tolima.

Sin embargo, a pesar de los intentos de los dirigidos por Humberto Tucho Ortiz, de la inferioridad numérica del onceno de visita, Tolima nunca más volvió a acercarse con peligro a los predios de Farid Mondragón. Entonces, el público, que esperaba deleitarse con un festín del equipo de sus amores, terminó amargado, inconforme con ese escaso 1-0 y volcó su rabia en una sonora silbatina para los jugadores pijaos.

Todo quedó para la estadística, con el tanto anotado por el morocho Julio César Ararat, al minuto 30 del período inicial, en la única oportunidad de todo el partido en que superó la eficiente marca del bogotano Jaime Choco Suárez.

Santa Fe se equivocó en el primer tiempo, al cederle la iniciativa el onceno local. Para la segunda parte intentó corregir y redimirse en el resultado. Las cosas iban sobre ruedas hasta que, muy al estilo de Semana Santa, el árbitro Juan Carlos Rodríguez decidió crucificarlos a punta de tarjetas rojas.

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