MÉXICO SÍ TIENE OTRA SALIDA

MÉXICO SÍ TIENE OTRA SALIDA

De la devastadora crisis del peso mexicano puede culparse a la seducción nacionalista que sufren los mexicanos con respecto a Pemex, el desgastado monopolio estatal petrolero. Con la privatización de Pemex, con sus reservas de petróleo y gas, refinerías y plantas petroquímicas, se obtendría la inversión a largo plazo de miles de millones de dólares. Tal ingreso de dinero respaldaría al peso y acabaría con las especulaciones que lo mantienen subvaluado.

17 de abril 1995 , 12:00 a.m.

El peso se desplomó porque dependía de inversiones a corto plazo que se disiparon con la pérdida de confianza producida por los asesinatos políticos, el levantamiento en Chiapas y el anuncio del Gobierno de una devaluación de 13 por ciento. Con la fuga masiva de los inversionistas, el peso perdió más del 40 por ciento de su valor, arrastrando consigo a la bolsa y a la economía mexicana.

Todo esto se hubiera podido evitar vendiendo Pemex. Pero México no pudo proteger su moneda ni su economía del mito de que Pemex es patrimonio nacional . Por el contrario, Pemex ha sido el patrimonio de políticos corrompidos y líderes sindicales que han robado miles de millones de dólares, mientras la infraestructura de Pemex y sus oleoductos se deterioran por falta de mantenimiento. El saqueo de Pemex ha sido tal, que ya no cuenta con los fondos necesarios para hacer exploraciones y modernizar sus refinerías. Las filtraciones en los oleoductos contaminan las aguas y matan al ganado. Las explosiones son rutinarias y una grande, en Guadalajara en 1992, mató a no menos de 200 personas.

Bajo la influencia de un patriotismo mal entendido, México cometió el grave error de aceptar una deuda de 50.000 millones de dólares para salvar al peso y ahora confronta la pérdida de confianza de inversionistas que ven en todo eso un costoso y fútil esfuerzo. Es más, como los ingresos de Pemex sirvieron de garantía de los préstamos obtenidos, México ahora se encuentra con una deuda inmensamente mayor, una moneda devastada y sin ingresos petroleros. Extraño patriotismo! La privatización de Pemex indicaría que México se ha convertido en un país adulto. Se acabarían las dudas sobre la permanencia de las reformas. Fuertes inversiones petroleras serían acompañadas de otras inversiones conexas en plantas y equipos, y como consecuencia de ello se abriría una demanda permanente de pesos. Jamás esa demanda volvería a desaparecer de la noche a la mañana, disparando una crisis económica.

Es más, tanto el Gobierno como el pueblo mexicano le sacarían mayor provecho a un Pemex privatizado. El derroche, fraude, abuso y todas las ineficiencias que esto ocasiona significa que apenas unas gotas del ingreso de Pemex llegan al público. El Gobierno obtendría mayores beneficios con los impuestos pagados por una industria petrolera eficiente y próspera en manos privadas.

Las autoridades saben que tienen que hacer algo para frenar el derroche de los activos, pero tratan de esconder sus acciones anunciando la venta de 61 plantas petroquímicas secundarias. Los inversionistas, a su vez, han mostrado poco interés porque temen que Pemex, en su deteriorada situación actual, no podrá suplir el petróleo requerido por esas plantas. Ellas tendrían mucho más valor si el capital privado moderniza la industria petrolera mexicana de pies a cabeza.

A medida que se fugan los capitales y aumentan las deudas, los mexicanos debieran recordar las sabias palabras del presidente de Argentina, Carlos Menem, quien les dio la cara a las campañas nacionalistas contra la privatización de YPF, la petrolera estatal, declarando que prefiero tener aquí el dinero de la Exxon trabajando para la Argentina que el dinero de los argentinos en un banco de Miami .

México es un gran país con un gran potencial. Cuando México sufre, Estados Unidos también sufre. El déficit comercial más alto de Estados Unidos, ocurrido en enero, reflejó una caída de 10 por ciento de sus exportaciones a México. Con la debilidad del peso y el aumento del desempleo en México, el nivel de vida ha caído y con este las importaciones de Estados Unidos. Una moneda fuerte haría de México un socio comercial fuerte, mientras que una moneda débil lesiona las relaciones y aumenta la animosidad.

En Pemex, México tiene los recursos para solucionar sus problemas sin necesidad de salir a la carrera a pedir favores a Estados Unidos y al Fondo Monetario Internacional, como lo hace un niño con sus padres cuando algo lo asusta. México se convertirá en una nación adulta, dueña de su propio destino, cuando descarte el mito del patrimonio nacional .

(*) Académico de Cato Institute, fue subsecretario del Tesoro.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.