ENDEREZAR A BOGOTÁ ES MÁS QUE UN JUEGO

ENDEREZAR A BOGOTÁ ES MÁS QUE UN JUEGO

Allá, en el despacho principal del Palacio de Liévano sobre la Plaza de Bolívar, está el alcalde Antanas Mockus tratando de hacer lo que ofreció: repensar a Bogotá y formarla como ciudad.

16 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Impacientes, agobiados por la cotidianidad de una ciudad despedazada y hostil, algunos ya comienzan a lanzar los primeros gritos de desesperación preguntando dónde está Antanas Mockus.

A sólo cien días de haber iniciado su mandato, se preguntan por qué no ha hecho nada. Por qué está escondido. Por qué nombró tantos desconocidos en su gabinete. Se preguntan también por qué la inseguridad y el tráfico siguen empeorando cada día y por qué sólo hay mimos en la calle 19.

Paciencia. Mucha paciencia. Mockus está siendo coherente con sus planteamientos de campaña y les está dando a los bogotanos eso mismo que ellos querían cuando tomaron la determinación de votar por él: una nueva aproximación a los problemas de la ciudad, un nuevo manejo de sus oportunidades, contradicciones y conflictos y unas nuevas propuestas para resolverlos favorablemente.

Ciertamente, resulta contradictorio votar por un candidato que encarnaba todo el anti-establecimiento y que abría unos horizontes insospechados en las dinámicas ciudadanas, para luego pretender que una vez elegido alcalde se comporte siguiendo patrones tradicionales y reproduciendo los mismos procedimientos de todos sus antecesores.

El gabinete A la hora de integrar su gabinete, Antanas Mockus dio una verdadera lección de independencia política. Tal y como lo soñaban los más encarnizados enemigos de la clase política, el Alcalde no consultó sus nombramientos con ningún concejal, con ningún directorio, con ningún partido.

No le dio cuotas a nadie y asumiendo todos los riesgos, nombró a aquellos a quienes consideró que eran los más idóneos para ocupar los distintos cargos.

Ese procedimiento, como es apenas natural, se tradujo en un equipo con perfiles muy desiguales. Sin embargo, más allá de aciertos y desaciertos y de la heterogeneidad de la nómina de colaboradores, en términos generales se puede decir que integró un equipo de gente honesta, de bajo perfil, con hojas de vida académicamente sólidas, que poco o nada tienen que ver con el tejemaneje político, que conocen poco la ciudad y que tienen escasas destrezas administrativas.

Los baquianos Así como en el Chocó hay unos baquianos que reconocen con facilidad todos los canales naturales de los afluentes del Atrato, en la administración pública hay unos baquianos que conocen y reconocen todos los recovecos de la administración y que dominan las claves para que ella funcione.

Mockus ha querido apoyarse en los baquianos. En los buenos baquianos. En los técnicos honestos que conocen la problemática de fondo de sus entidades y que han estudiado con rigor y cautela los problemas más agobiantes de cada entidad. En los buenos técnicos que saben también, paso a paso, cómo se expide una resolución, como se adopta, como se aprueba.

Loable propósito. No obstante, está amenazado por los malos baquianos. Por los burócratas. Por los corruptos que a la hora de descrestar gerentes o secretarios primíparos e incautos aparecen como los más diestros y confiables.

Quizás por eso, hay quienes sostienen que a pesar de su independencia en la selección de las cabezas del gabinete, Mockus no está favoreciendo la mejor calificación de la burocracia distrital que, hasta ahora, permanece intacta. Inclusive fortalecida, pues en muchas entidades se han apresurado a confirmar todos los cuadros burocráticos, sin repetir, a su interior, el mismo ejercicio que hizo Mockus con el gabinete.

Raúl Barragán Imposible intentar un balance de la gestión de Mockus sin referirse al hombre fuerte del régimen, instancia obligada para acceder al Alcalde.

Organizado, inteligente, devoto de la eficiencia en los procesos, incondicional del Alcalde, a Raúl Barragán le toca llevar sobre sus hombros la difícil tarea de ser el pararrayos del gobierno.

Como le pasó a Germán Montoya durante el gobierno de Barco, Barragán será el más poderoso y el más odiado funcionario. El lo sabe y lo asume con entereza, convencido de la importancia de su tarea.

Su éxito dependerá de mantenerse inmune a las lisonjas, sereno, de no pretender convertirse en protagonista de los procesos -como lo ha demostrado hasta ahora con plena lealtad hacia Mockus- y de mantener la puerta abierta para dialogar con los distintos protagonistas de la vida bogotana.

El plan de desarrollo El plan de desarrollo de esta administración no será ni el primero ni el último que se aplique en la ciudad. Como todos, tiene debilidades y fortalezas. Sin embargo, hay que abonarle la juiciosa lealtad con sus postulados de campaña y la rigurosa coherencia con el discurso de Mockus.

Mockus les ofreció a los bogotanos Formar Ciudad , así se llama su plan y así se refleja en los proyectos que lo integran.

Indispensable para que la administración arranque en forma, redistributivo, innovador y participativo, tiene seis ejes fundamentales: cultura ciudadana, medio ambiente, espacio público, progreso social, productividad urbana y legitimidad institucional. Adicionalmente se están afinando dos ejes asociados con la seguridad y el transporte, respectivamente.

A pesar de que su formulación teórica es impecable, aún subsisten muchos interrogantes en materia de financiación, que tienen que ver, básicamente, con el establecimiento de la sobretasa a la gasolina y la determinación de su destinación, con los cobros de valorización y con los aportes del Gobierno Nacional, en relación con los cuales se ha expresado malestar por cuanto los aprobados por el Conpes parecen inferiores a los esperados.

El Concejo Bogotá tiene un Concejo renovado en alta proporción, en el que han aprendido a convivir concejales veteranos con concejales nuevos, en una época en la que Bogotá carece de dirigentes de talla nacional como lo fueron en su época Luis Carlos Galán, Hernando Durán, Andrés Pastrana o el propio presidente Ernesto Samper.

A pesar de todas sus dificultades del pasado, la Corporación ha logrado resolver sus conflictos internos y escogió una buena mesa directiva, laboriosa y honesta, que con nombres como el de Enrique Vargas Lleras y el de Juan Gabriel Uribe le ofrecen tranquilidad a la ciudad.

A pesar del reto que implicaba para el Concejo, por primera vez en la historia, asumir que había sido totalmente ignorado en la integración del gabinete, el Cabildo ha expresado en reiteradas oportunidades su deseo de apoyar la gestión del Alcalde y parece compartir con él la convicción que una fructífera relación debe partir de un proceso de aprendizaje recíproco.

Después del episodio asociado con el debate de las placas que espera una respuesta del Tribunal -en la que probablemente se le dará la razón al Concejo- la próxima prueba de fuego es la tramitación del plan de desarrollo.

No se necesita ser adivino para presagiar dificultades. Bueno sería que Mockus entendiera mejor al Concejo y que el Concejo, por su parte, entendiera mejor a Mockus y abordara la discusión del plan respetando la prioridades de su gobierno.

Así, seguirá girando la pirinola de las siete caras y aun cuando no se sabe todavía en cuáles va a caer, es claro que el Alcalde está haciendo lo posible para que la combinación del todos ponen con el todos ganan , no se convierta en un nostálgico recuerdo de unos meses en los que los bogotanos decidieron creer que todavía era posible enderezar el destino de Bogotá.

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