LA FE MUEVE MONTAÑAS.... DE PLATA

LA FE MUEVE MONTAÑAS.... DE PLATA

Gracias a Dios, Idelfonso Roncancio compró una casa al sur de Bogotá, y ya tiene la mitad de la cuota inicial de su propio taxi. Desde hace diez años, este hombre de 56 años de edad y católico de nacimiento empezó a fomentar la devoción al Señor.

16 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Dejó de pedir limosna en los buses y se dedicó a vender medallitas de la Virgen, estampitas del niño Dios, escapularios del Milagroso de Buga y veladoras a la salida de las iglesias y en la puerta de los cementerios del centro y sur de Bogotá.

Desde cuando tenía 16 años, Idelfonso se voló de su casa. Empezó contando desgracias y revendiendo productos en los buses. Varios años después, se cansó de los choferes y el tráfico de la ciudad y se volvió un vendedor independiente.

Empezó en la iglesia de su barrio en Las Aguas, al sur de la ciudad, y luego continuó con las parroquias del sector. Como el negocio resultó ser tan bueno, decidió formar una microempresa e inculcar a toda la familia la devoción por Dios.

Su actividad, lejos de ser motivo de vergenza, es una buena manera de ganarse la vida, y el cielo, porque según Idelfonso con mi trabajo ayudo a Dios a salvar almas perdidas, gano platica y a la vez preparo mi camino a la hora que el señor me llame a rendir cuentas .

Sus cuentas diarias son ejemplares. Recibe entre treinta mil y cincuenta mil pesos y en el Día del Señor las ganancias llegan a casi el doble. Ya está pensando en extender las ventas, montar sucursales atendidas por sus hijos, en las capillas del norte y a las puertas de los colegios de monjas.

A Dios rogando...

La venta de artículos religiosos es toda una actividad organizada. No sólo los varados viven del negocio. En Bogotá existen 17 almacenes que se encargan de comercializar afiches, imágenes santas, libros sagrados y estatuas importadas.

En estos lugares las ventas también son altas, principalmente en fechas significativas para los cristianos como Semana Santa y Navidad. Las iglesias no se quedan atrás, algunas como la del 20 de Julio y Santiago Apóstol tienen su propio almacén.

Según Alberto Soler, administrador del almacén del 20 de Julio, es mejor que la gente compre en los almacenes y no afuera porque los roban, o simplemente son personas que se disfrazan de mendigos para ganar clientela. De todos modos el asunto es de manifestación de fe, y es una tradición que viene desde Roma y hace muchísimos años .

Los que más mueven el negocio son los vendedores ambulantes. Un domingo se congregan cerca de diez en la puerta de una sola iglesia.

Según algunos vendedores ambulantes consultados, el cielo de los vendedores ambulantes de artículos religiosos es el 20 de Julio, allí llegan clientes de todo tipo y siempre hay alguien a quien ofrecer el producto, aunque la competencia es cada vez más a dura por el aumento de almacenes .

Vender artículos religiosos en la calle también tiene normas y reglas preestablecidas. Alberto Ramírez, el vendedor ambulante más antiguo de Monserrate dice que cualquier persona no puede llegar a vender aquí lo que se le antoje. Antes tiene que someterse a ganar la cuota mínima de cinco mil pesos durante dos meses y luego de la aprobación de los otros veinte miembros del grupo puede empezar a vender libremente Para venderle el producto al cliente ofrecen escapularios del negro Felipe para alejar a los enemigos; la imagen de San Antonio, para conseguir novio o marido; El Niño Dios, al que no le queda grande ningún milagro, y la cruz que mejora la situación económica del más varado .

Los rebuscadores tratan de viajar a los lugares sagrados en otros departamentos para traer novedades, descrestar a los clientes y dejar regada a la competencia.

Por eso en la calle ofrecen desde el señor de los milagros de Buga hasta el milagroso Niño Jesús hecho con las manos de un artista italiano, o un pedazo de muro de los lamentos traído directamente de Tierra Santa.

Cristo de espaldas Aunque la Iglesia no prohíbe las imágenes y artículos religiosos, tampoco promueve el uso de ellas. El padre Jairo Nicolás Díaz, delegado del Arzobispado de Bogotá para la pastoral social dice que no se puede desconocer que la religiosidad popular se expresa en imágenes, el problema se presenta cuando esa devoción ese manipulada y se vuelve negocio .

Y como todas las actividades, esta no se salva de los avivatos . En el cementerio central, por ejemplo, no es raro encontrar hombres vestidos de cura y armados con un carrito lleno de veladoras, escapularios, medallas y sufragios que venden a los dolientes a un precio exagerado. Además, ofrecen rezar misas, responsos y rosarios a los muertos.

Por estos servicios llegan a cobrar hasta cincuenta mil pesos, todo para que el alma del muerto descanse en paz . Los hombres no son sacerdotes y tampoco rezan las oraciones.

Además de misas ofrecen comunicaciones con las almas, milagros a punta de rezos y limosnas y velas de muchas formas para el mal que le afecte cada parte del cuerpo. Un milagrito de estos se demora entre dos y tres meses y puede costar hasta 200 mil pesos.

En las puertas de los cementerios se agolpan varios vendedores que además de ofrecer cristos, santos e imágenes milagrosas también ofrecen tierra, huesos y todo tipo de pócimas para espantar a los enemigos.

Los vendedores religiosos aseguran que a pesar de los avivatos que dañan la fama de las imágenes y los milagros, ellos seguirán vendiendo los santos, y de la competencia desleal y la falta de clientela líbranos señor .

Lista de precios Veladoras: valen entre 200 y 70.000 pesos, depende del tamaño, la forma y el material que se utilice.

Medallas: con la Virgen, cuesta 15.000 pesos, y con el Divino Niño y bendecida la venden a 18.000 pesos.

Estampas: es lo más económico y vale entre 30 y 500 pesos. Los calendarios solo circulan en diciembre, porque el resto del año es mal negocio.

Escapularios: depende del tamaño, el material y el color. Los más baratos son de 300 pesos y siguen hasta 1.500 pesos.

Cuadros: depende del artista y el almacén. Afiches enmarcados valen entre 3.000 y 4.000 pesos. Un cuadro puede costar hasta 150.000 pesos.

Estatuas: si son importadas valen 200.000 pesos. Nacionales, sólo 70.000.

Novenas: valen 500 pesos y es lo que más se vende.

Libros: hay desde 500 pesos hasta 8.000 pesos. La Biblia en edición de lujo puede costar hasta medio millón de pesos.

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