La hora del regreso

La hora del regreso

Como siempre ha ocurrido en la historia de la humanidad hay momentos en los que el péndulo comienza su retorno. Seguramente será lo que ocurrirá en la economía mundial como consecuencia de la crisis que se está viviendo. Sin duda son muchas las causas de esta debacle, pero parece evidente que encuentran buena parte de la explicación en la sobrestimación del papel del mercado. Friedman, el ‘Thatcherismo’, la ‘Reagonomics’, el Consenso de Washington etc., sentaron las bases del sistema económico que hoy se tambalea. Pero no es solo eso. Es también el resultado del proceso de globalización, del desarrollo de las comunicaciones y de la capacidad de procesamiento de datos que generó la interconexión que se palpa hoy al ver el ‘efecto dominó’ de los problemas que se atraviesan.

14 de octubre 2008 , 12:00 a.m.

Por sobre todo, sin embargo, es el resultado de la arrogancia de quienes no quisieron ver el pasado y de quienes pretendían tener bajo su control el presente y se sentían capaces de pronosticar el futuro. El efecto ‘yuppie’ podría llamarse a esa tendencia a creer que la realidad es igual a las abstracciones que de ella se pueden formular. La sofisticación en las herramientas cuantitativas y la gran capacidad de computación ha llevado a muchos profesionales jóvenes y brillantes a creer que los comportamientos del mundo y de la sociedad son sinónimo de los resultados de sus modelos matemáticos y de las especulaciones conceptuales que los llevó a diseñar complejos productos financieros. Productos que, a la postre, no tienen vínculo con la realidad pero que tienen presentaciones tan complejas que los inversionistas terminan por aceptar, sin entender realmente qué es lo que compran y se pliegan ante la aparente autoridad del vendedor que se aprovecha de su sentimiento de ignorancia.

Difícil entender que esta situación se dé pocos años después de haber visto la irracionalidad de quienes deberían ser muy racionales en sus decisiones, como fue el caso de muchos inversionistas profesionales. Fue el caso de la llamada ‘burbuja de Internet’, que puso de presente hasta dónde puede llegar la estupidez de muchos arrogantes que no se sonrojaban argumentando que era un gran negocio invertir en proyectos que no generaban ingresos. A pesar del desastroso resultado, poco tiempo después ya estaban de nuevo invirtiendo en las subprimes, los derivados y todo esta nueva generación de ilusiones.

Es también la hora de cuestionar a las famosas firmas calificadoras de riesgo que han adquirido un inmenso poder y sus fallos son difíciles de cuestionar, a pesar de las implicaciones que una calificación errada puede tener. Los calificadores también parecen haber perdido el contacto con el mundo concreto y tangible de los negocios, engolosinados con sofisticadas metodologías y modelos para evaluar las empresas y los países. A pesar de las buenas intenciones, hay en esto mucha tela de dónde cortar. De regreso a lo básico parece ser el camino a seguir y entender que tener un ‘polo a tierra’ siempre es un camino más seguro para el éxito.

rvillavecesp@gmail.com .

'' Es hora de cuestionar a las famosas firmas calificadoras de riesgo que han adquirido un inmenso poder

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