LA CONJURA DE LOS ENCOPETADOS

LA CONJURA DE LOS ENCOPETADOS

A falta de un partido unido que haga oposición al gobierno, una parte de la elite conservadora resolvió conjurar abiertamente contra el presidente Samper. En Medellín, Cali y últimamente en Bogotá, los llamados empresarios, coincidencialmente, pertenecen al partido conservador y, para guardar apariencias, reclutaron a un viejo patricio liberal para mostrarlo en los banquetes, como si tan conspicuo oligarca representara el sentimiento del partido a que dice pertenecer.

12 de junio 1996 , 12:00 a.m.

Se trata, ni más ni menos, de la conjura de los encopetados. De quienes se reúnen en los salones de los clubes sociales con la consigna de conspirar y urdir la trama del día para desestabilizar las instituciones y celebrar el último ukase del Departamento de Estado contra el gobierno colombiano, porque ellos los conjurados han revisado el concepto de soberanía y según la antipatriótica concepción, la autodeterminación de los pueblos y la no injerencia en los asuntos internos de nuestra nación, han dejado de existir en el mundo unipolar que surgió con la derrota del socialismo.

La verdad es que el pueblo colombiano, el que está disperso en nuestros valles y montañas y en las barriadas de las ciudades o en los puestos de trabajo de las fábricas que representa las mayorías de la nación no es tenido en cuenta, porque los líderes de la conspiración no lo necesitan. Quieren hacer la revolución sin pueblo, porque son, ni más ni menos, que conspiradores conservadores que prefieren apostarle al golpe de Estado o al constreñimiento, para obtener la renuncia del Presidente de la República.

Se explica, entonces, que los movimientos políticos de los empresarios conservadores no hayan tenido resonancia popular, lo que no ocurrió, para poner un ejemplo, en el caso del Brasil donde el señor Collor de Melo sintió la legítima presión de la voluntad de su nación expresada en gigantescas manifestaciones públicas. Aquí en cambio, se contrae la protesta en las juntas directivas de gremios, afiliadas políticamente al partido conservador, y a unos pocos idiotas útiles del liberalismo que se prestan a semejante patraña partidista.

Los conspiradores, por supuesto, no pensaron jamás en que se llegara a la instancia democrática del debate probatorio que adelanta la Cámara de Representantes porque con la ayuda del gobierno de Estados Unidos de Norteamérica, se dieron a la tarea de desprestigiar al juez natural del Presidente de la República, y creyeron dentro de esa estrategia que el Presidente renunciaría antes de iniciarse el proceso previsto en nuestra Constitución política.

Las pocas sesiones que hemos podido ver a través de la Señal Colombia , de la televisión, han permitido apreciar que lejos de ser una Cámara de Representantes atemorizada por las amenazas directas o veladas de otros jueces se trata de una cuerpo independiente, respetable, dispuesto a hacer justicia, y que, para darle la mayor transparencia al debate, invitó solemnemente al señor Fiscal General de la Nación, hombre que ha asumido un papel estelar en el proceso.

Hay que estar preparados, sin embargo, a los planes que tengan los complotados, si el Presidente es absuelto por sus jueces. Nos imaginamos que en el avión particular de don Hernán Echavarría se estarán repartiendo las consignas para desestabilizar el régimen.

Por ello, los verdaderos demócratas tenemos que apelar al pueblo, a través del mecanismo de participación ciudadana previsto en nuestro ordenamiento constitucional, y no permitir que unos pocos decidan por las mayorías nacionales.

Solo así se podrá abortar la conjura de los encopetados.

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