ES VIOLENCIA MENTAL

ES VIOLENCIA MENTAL

El título de La gente de La Universal podría llevar a pensar que se trata de un documental sobre los Estudios Universal. Sin embargo, se trata de La gente de La Universal -local. De personajes que deambulan por una trama policíaca y una ciudad, honrando los moldes del género policíaco, el género negro, trasladado al formato local. Donde uno de sus personajes, una trepadora social -y sexual- asegura: Yo no tengo nada y tengo de todo . El espectador se enfrenta entonces a una galería de perdedores que se emplean en su propia lucha, bordeando con frecuencia la muerte en un mundo anónimo, solitario, que consiente la deslealtad, la mentira, los dobles juegos, permitiéndole de paso a su público identificar o rechazar a los personajes que descubre en la pantalla. Un mundo en el que los códigos de honor se reducen a un simple asunto de supervivencia y donde cada quien sobrevive a toda costa incluso a costa de los demás-.

09 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Se trata del hombre anónimo, del que vive en la ciudad y que entre más se aglomera, más se hacina, es más desconocido , asegura Felipe Aljure, director del filme donde se mezclan la tragicomedia con la sorpresa o con la risa de un público que se puede encontrar al vaivén entre la admiración, el cinismo o la mordacidad. Una película que logra un tono lapidario a todo nivel: en sus diálogos, en la arquitectura que apabulla a los personajes y los hace todavía más anónimos en medio de ese lugar común que es la jungla de cemento ; donde la violencia no es más que otra de las tantas manifestaciones de una especie en contra de sí misma y el amor se complace en un sexo desesperado que bordea lo patético, cuando no lo animalesco. Todo lo que representa La gente de La Universal, reflejando con su violencia local, un caos que bien puede ser, como su título indica, universal.

La violencia en esta película es mental , dice Aljure. No se trataba de regodearnos en la sangre, en los disparos. Se trataba de enseñar personajes solitarios, con una mezquindad que no proviniera de una maldad arraigada en sus sentimientos, obedeciendo cada uno de ellos a códigos de supervivencia donde la única ley es sálvese quien pueda . Donde cada uno de los personajes es, de alguna manera, un cazador, siendo el detective Diógenes Hernández el cazador cazado , el que se ríe de su propia desgracia sin saberlo, hasta tenderse a sí mismo una trampa. Una historia que permitía crear figuras como la del portero que vigila un edificio, alguien que, en últimas, no es desleal porque le miente a todos y a nadie y lo único que quiere es beneficiarse a sí mismo. Un juego por el que sobrevive, sin meterse con nadie para que nadie se meta con él. Alguien que podría ser la síntesis de esa sicología que envuelve las relaciones que se dan en la película .

Una forma de reciclar la vieja fórmula de todos contra todos, agregándole una muletilla escéptica: nadie para nadie . Como un reflejo sugerido o pálido, según lo entienda el espectador de un ámbito que, más allá de la pantalla, es iconoclasta y pierde con frecuencia el sentido de la solidaridad cuando no de una sencilla y pacífica convivencia.

Comedia negra En la doble moralidad en la que vivimos, una película como ésta puede ser agresiva. Al fin y al cabo, de lo que se nutre la doble moral es de una capacidad para mantener en equilibrio dos facetas contradictorias. Y cuando esas facetas se encuentran y evidencian aspectos que nunca se han confrontado, es entonces cuando se produce el rechazo: ese no soy yo, es inaceptable. Es algo que sucede en todas las sociedades, donde hay líderes y hay masa o, lo que podríamos llamar, la memoria histórica de una sociedad. El arte, la literatura, la cultura, son así el liderazgo de una sociedad, que ensaya y explora nuevas rutas. Así sucede con el cine, que genera polémicas, lleva a controversias y produce conclusiones; que deja como herencia un legado por el que se permite a una sociedad que avance en el camino del conocimiento. Algo que está en la base de La gente de La Universal: el conocimiento y la supervivencia, mientras que la gente que se muere o que no desea sobrevivir, lo hace porque no le interesa adquirir conocimiento. La alternativa es entonces el suicidio o la enfermedad que, en últimas, es un suicidio más lento, más decoroso. Es lo que hicimos en esta película, donde extremamos, como en la comedia negra, las características de los personajes, transformándolos casi en seres caricaturescos (...) Un trabajo de guión y realización, de puesta en escena y -si se permite el término- de una cierta subversión visual, novedosa, que sugiere tras la pantalla el oficio del equipo, compuesto por los miembros de ese gremio que, en nuestro medio, parece bendecido por el Sagrado Corazón de Jesús, el gremio cinematográfico, cuya vida, obra y milagros permiten hacer del sueño de un filme una ilusión cumplida.

Un largo proceso que se iniciara desde la concepción del guión en el 91, con un premio en el 92 cuando se le otorgara a la película, limitada a su escritura literaria, el galardón al mejor guión presentado durante el Festival de La Habana -literalmente enriquecido este premio con una bolsa ofrecida en esa oportunidad por Televisión Española-. La pregunta es entonces pertinente: Hasta dónde llega la tradición y de dónde parte La gente de La Universal? Esta película -dice Aljure-, se nutre de muchas otras, de todo el proceso cinematográfico nacional, de la suerte que tuvimos por la gente que estuvo antes que nosotros y que abonó el terreno, dándonos las bases para aprender una cinematografía y encontrar un lenguaje. Se nutre de los trabajos que pudimos hacer en -Rodrigo D., La Misión, Cobra Verde, Crónica de una muerte anunciada- y del contacto con otros grupos cinematográficos como el de Cali o el de Medellín. Es una herencia directa del cine de José María Arzuaga -cuyos hijos, Irene y José Luis, trabajaron en la película o del trabajo que ha realizado Pepe Sánchez, de su trabajo con los actores y de las búsquedas que ha propuesto, con mucho acierto, así como también somos deudores del cine británico, alemán o italiano .

En resumen: La gente de La Universal como una película que asume la enseñanza del cine en general y del cine negro y el cine colombiano en particular, avanzando, a su manera, sobre el piso que le dieran; directa o indirectamente, las generaciones que la precedieron. Una película en la que sus personajes, a pesar de su evidente brutalidad, logran una rara verosimilitud en el entorno de su ficción, inspirando -según Aljure- una cierta ternura debido a su propia ignorancia, a ese mundo donde existen unas leyes determinadas por la ética de la supervivencia, no por la moral de la legalidad, donde la legalidad no le puede ganar a la supervivencia porque ésta es un asunto genético .

Una historia policíaca que ilustra sobre las fieras, imaginarias o reales, y que recrea, desde la ficción, el mundo noticioso de una violencia a la que ya, por patético que parezca, estamos casi acostumbrados, y que merece un espacio más amplio en la pantalla y en la memoria del espectador, en su imaginación. Una historia que ofrece sus propios dilemas -éticos, estéticos y morales- y que brinda su propia moraleja, definida según la lectura que cada espectador haga de este filme y de la realidad más allá del teatro -la realidad de La gente de La Universal-.

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