CARO Y LOS JESUITAS

CARO Y LOS JESUITAS

Sabéis quién es Miguel Antonio Caro? Sin duda.

16 de abril 1995 , 12:00 a. m.

Sí, sí, sí: eminente! Verdadero patriota! Un sabio! Un gran tribuno! Es nuestro! Habéis concluido? Os he ocasionado instantes de gratísima fruición y entusiasmo. Conocéis el credo político de ese ilustre escritor, poeta amado de las musas de su padre, pero no heredero del corazón republicano de su genitor? Miguel Antonio Caro es monarquista, y tal declaratoria hizo ante la Cámara de Representantes de la Unión en 1868. Vosotros también le pedísteis a Roma lo que él le pidió, creéis lo que él cree, anheláis lo que él anhela, mas no habéis tenido ni tendréis su valor. Remitióme al extranjero el primer número de un periódico que fundó El tradicionista y me pedía mi opinión sobre aquella hoja. Para todos vosotros era llegado el día de jurar como única constitución el Syllabus, y la jurásteis jubilosos. Si tanto conocéis ya, gente sesuda y experimentada, mis fantásticos extravíos, está de sobra hablar de la respuesta que di. Pedídsela a Caro y publicadla si os atrevéis. Hubo desde entonces, por nuestras encontradas opiniones políticas, una sima incolmable entre aquel afectuoso amigo de mi juventud y yo. Medid la que de vosotros me separa! Permitidme algunas franquezas que a buen seguro no han de atufaros. La bandera de Caro, la de La Caridad y El Tradicionalista, fue la de vuestra cofradía... (llamaos como queráis, menos partido político) desde 1870: hoy os avergonzaríais de seguir la vencedora en Palacé, Boyacá, Junín y Ayacucho; yo lo sé: os sería odiosa la que el mismo Arboleda empuñó en Tulcán. García Moreno (no porque le llamen el Sacristán verdugo se ha de empequeñecer la sombra de vuestro gigante) valía más para vosotros que un Bolívar, un Sucre, un Nariño o un Cabal. Claro! Que Miguel Antonio Caro, el predilecto y más brillante discípulo de los hijos de Loyola en este país, sea intransigente partidario de los gobiernos monárquicos y trabaje por el triunfo de sus ideas entre nosotros, aquí mismo, a quién ha de causarle admiración? Que a don José Joaquín Ortiz, apóstol del jesuitismo monarquizador en esta República, le domine iracunda impaciencia al recoger el mísero fruto de su trabajosa labor cuando casi agotada está su vida, por qué extrañarlo? Pero vosotros que también lleváis ojos y no os sirven para ver, que tenéis oídos y no os sirven para oír, que tenéis manos y no os sirven para palpar, a dónde os queréis dirigir sin guía y a tientas en medio de la oscuridad que os deslumbra? Cómo se os ha llegado a ocurrir hacer cuarteles de facción los templos de todo un pueblo? No teméis el azote que flageló a los mercaderes que traficaban en la casa de Dios? Para quién trabajáis aquí?

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