FINAL Y VIGENCIA DE PEDRO INFANTE

FINAL Y VIGENCIA DE PEDRO INFANTE

Doña Trinidad Romero su fiel doméstica recordaría después que ese lunes 15 de abril de 1957, Pedro Infante, que era un buen madrugador y tenía un régimen cotidiano de ejercicios, se levantó un poco más temprano que de costumbre, entró un rato a su gimnasio, se dio un rápido duchazo, tomó algo del desayuno sin sentarse a la mesa, prendió su motocicleta de patrullero voluntario y salió apresurado hacia el aeropuerto.

15 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Una decisión de la Suprema Corte de Justicia, declarando la nulidad de su matrimonio civil con la actriz y cantante Irma Dorantes, y solicitándole clarificar su situación legal y patrimonial con su esposa María Luis León después de tres años de separación, lo había obligado a interrumpir abruptamente su descanso en su residencia veraniega de la ciudad de Mérida, cerca del Golfo de México, entonces a unas tres horas y medio de vuelo de la capital azteca.

Al requerimiento del alto tribunal, se había sumado en las últimas horas el asedio telefónico de las dos mujeres, que reclamaban por igual su presencia, y de los medios de comunicación que le dieron amplio despliegue a la noticia y esperaban conocer la reacción del máximo ídolo mexicano ante semejante embrollo conyugal. Todo México, cuya populosa capital superaba ya los tres millones y medio de habitantes, estaba a la expectativa de la llegada del popular y carismático intérprete y actor.

Pedro Infante llegó al aeropuerto alrededor de las siete de la mañana. Hay quienes dicen que el cantante intentó conseguir cupo en un vuelo comercial, y que sólo ante la imposibilidad de lograrlo a despecho de su inmensa popularidad, optó por viajar en uno de los aviones de Tamsa, empresa de la que era accionista mayoritario. Lo curioso, frente a esta versión, es que el aparato, un Hércules XA-Kun, modelo Liberator, cuatro motores, marca Consolidated, utilizado en la Segunda Guerra Mundial para el transporte de tropas y adaptado por su empresa al servicio de carga, aguardaba totalmente tanqueado, junto a la pista de carreteo.

Un trágico relevo Un fotógrafo aficionado, admirador de Pedro Infante, captó en su cámara la última imagen viva del artista, cuando éste caminaba hacia el avión, vestido de negro, entre el capitán Víctor Manuel Vidal, piloto del aparato, y el mecánico Marciano Bautista. Los tres aparecen de espaldas, muy cerca a los motores inmóviles del avión, que luce imponente frente a ellos, con sus largos alerones extendidos sobre las canecas desocupadas de combustible.

Cuando el Hércules tomaba impulso sobre la pista, el copiloto oficial del aparato, Edgardo Alatorre, relevado a última hora por el cantante, que era piloto y resolvió tomar su puesto en el vuelo, miró su reloj y vio que eran las 7:45 de la mañana. Carmen León, operadora de radio del aeropuerto, fue la última en escuchar la voz de Pedro Infante. En una comunicación técnica de rutina, que no permitía presagiar en nada la inminencia de la tragedia, reportó desde la cabina los datos aeronáuticos convencionales para el despegue. Todo parecía estar en orden.

Pero algo extraño sucedió. Cuando no habían transcurrido ni dos minutos, y aún se encontraba en posición de ascenso, comprometiendo a fondo la potencia de sus motores para levantarse, el avión comenzó a sacudirse violentamente, como un gran pájaro herido. Alatorre imaginó el esfuerzo desesperado que los tres tripulantes estarían realizando en ese momento para superar la falla que les impedía tomar altura y estabilizar el vuelo. Bajo la terrible impresión, jamás superada, de que él no debería estar ahí en tierra, mirando hacia arriba, sino en la cabina, luchando junto a sus compañeros, observó aterrorizado que el avión, balanceándose bruscamente, se venía a pique en un giro brutal, como tratando de alcanzar la pista, y caía estruendosamente sobre las primeras calles de la ciudad. Una explosión, seguida de un pavoroso incendio, estremeció a toda la población.

Además de los tres tripulantes, y de unas mascotas que llevaban, murió una joven de 19 años, Ruth Rossell Chan.

El reporte del médico forense que practicó las necropsias, Benjamín Góngora, no podía ser más sobrecogedor: todos eran una masa informe y calcinada.

Pedro Infante, reconocido por la placa de vittalium que los cirujanos habían colocado al lado derecho de su frente para salvarlo de un accidente aéreo anterior, cuando estuvo a punto de morir con la bailarina Lupita Torrentera madre de dos de sus siete hijos, sufrió horribles mutilaciones. Su estatura de 1,73 quedó reducida a 80 centímetros, y su peso de 77 a 30 kilos.

Cuando supo la noticia de su muerte, el empresario Ismael Rodríguez recordó la contundente respuesta que Pedro Infante le dio el día que lo amenazó con quitarle un contrato, si no renunciaba a volar: Mira le dijo, mi vida es actuar y cantar. Pero hay algo que prefiero sobre todo: volar. Si quieres, rómpeme el contrato. Rómpelo. No voy a dejar de volar .

Era muy buen piloto reconocería Rodríguez. Aunque murió en un accidente de aviación, la verdad es que era muy buen piloto. Y muy travieso. Le gustaba volar muy alto y meterse entre las nubes para asustarme .

Infante en Colombia En diciembre de 1956, cuatro meses antes de morir, Pedro Infante vino a Colombia. Visitó el país en desarrollo de una gira por Centro y Suramérica.

Y fue tal la acogida que tuvo en Bogotá y en las otras ciudades donde se presentó, que su muerte provocó aquí, como en México y otros países, reacciones de histeria y tentativas de suicidio.

José Ernesto Infante Quintanilla, sobrino del artista y autor de una de sus biografías más íntimas Pedro Infante, el máximo ídolo de México, cuenta que dos jovencitas de 18 y 19 años, Teresa Tovar y Paulina Arias (qué bueno sería localizarlas), intentaron quitarse la vida.

Si las dos viven todavía, seguramente seguirán disfrutando sus canciones. Dejó un total de 366 grabadas, además de las contenidas en sus 45 películas.

Como actor demostró gran versatilidad. Así como podía hacer llorar a sus compañeros de set con el dramatismo de una actuación lo hizo en Nosotros los pobres y Ustedes los ricos, hacía reír a los espectadores con sus ocurrencias y picardías en las más frívolas comedias musicales.

Actuó al lado de figuras como María Félix, quien a pesar de ser dos años mayor que él lo sobrevive todavía. Su película Tizoc, donde encarna magistralmente a un indio, recibió el Oso de Plata en Moscú, después de su muerte.

Es posible que al morir hubiera alcanzado a grabar sus mejores canciones, sobre todo las de su compadre José Alfredo Jiménez, sin duda el mejor y más prolífico cantautor de México en todos los tiempos. Pero también es seguro que si viviera todavía, a los 78 años de edad, habría cosechado mayores triunfos.

El hecho es que en Colombia, donde las nuevas generaciones lo están descubriendo, su voz suave y romántica se escucha a diario en la mayoría de las emisoras

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