DEFENSA DEL HONOR PATRIO

DEFENSA DEL HONOR PATRIO

El embajador en Washington, Carlos Lleras de la Fuente, ha vuelto por el buen nombre de Colombia en severas misivas a sus enconados detractores y a los periódicos que han recogido sus gratuitos agravios.

15 de abril 1995 , 12:00 a.m.

No ha querido proceder como simple agente comercial de una república fenicia, según la interpretación dada a su elevado cargo en algunos sectores, sino como el representante diplomático de una nación soberana, honorable y democrática, con claro sentido de sus fueros in enajenables.

Tras la inutilidad de los humillantes viajes de los ministros a la Metrópoli, donde sus pares no se tomaban el trabajo de recibirlos, se empieza a utilizar el conducto lógico para las relaciones entre los Estados. No para pedir dádivas al poderoso sino en guarda del honor nacional, concepto no por descaecido menos importante en la vida de los individuos y los pueblos. Cuando por desgracia se pierde, junto con el orgullo de poseerlo, se cae en los abismos de la degradación y del propio descrédito.

No atreverse a defenderlo en todas las circunstancias es como renunciar a tenerlo. Si por temor, pusilanimidad o cautela se dejan pasar en silencio afrentosas e infundadas acusaciones, nadie respetará su anodina existencia, si es que puede llamarse tal la íntima y timorata convicción de conservarlo. Desaparecido o quebrantado, la desvergenza lo remplaza y, bajo su influjo, ya no hay deshonra en que no se caiga.

Probablemente el mayor atentado contra una nación es pretender arrebatarle su honor. A ello equivale la acusación a Colombia de haber vendido su alma a los demonios del narcotráfico, mientras realiza esfuerzos para ponerlo en cintura y extirparlo de su suelo. Mientras destruye cultivos, decomisa cargamentos, invalida aeropuertos y adelanta incansables pesquisas, prolongando lo que ha sido su tenaz lucha, a costa de innúmeros sacrificios.

A juzgar por la carta al senador Helms, en un artículo de prensa suscrito conjuntamente con William Bennet llegó él a hablar de evidencias crecientes y contundentes sobre vínculos y colusión del Presidente de Colombia con los carteles de la droga. Colusión ni más ni menos, o sea pacto en daño de tercero, presumiblemente el pueblo norteamericano. Además, infiltración de los dineros del narcotráfico en empresas de petróleo, banca, flores y papel.

Todo ello conducente a preparar el terreno al bloqueo de nuestras exportaciones si en determinado tiempo no se ha extinguido desde aquí el suministro de estupefacientes al insaciable mercado norteamericano. Mientras tanto, el país, no obstante su resuelta batalla contra ese flagelo, estaría moralmente en cuarentena.

Crisis de verdad, objetividad y mesura A las temerarias y sistemáticas imputaciones del senador Helms, por más señas presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado de Estados Unidos, se agregan las crónicas coincidentes y emponzoñadas de reporteros en diarios de Washington y Nueva York, ambos de noble tradición y merecido prestigio.

El senador Helms aduce tener pruebas allegadas por funcionarios de la Administración Clinton. El embajador Lleras de la Fuente lo emplaza a presentarlas si en realidad las hubiere. Si no, a presentar disculpa al Gobierno de Colombia, así como a los sectores económicos agraviados que con los de Estados Unidos mantienen activo intercambio.

En cuanto a las crónicas periodísticas con firma responsable, denuncia la poca verosimilitud de sus fuentes anónimas y pone en su punto la que se apoya en frívolas publicaciones colombianas, omitiendo sus explícitas reservas y sacándolas de contexto.

Necio sería desconocer hasta dónde en nuestro territorio se ofrece combustible a la campaña internacional de descrédito. El resquemor por la derrota electoral ha llevado al empeño de negar al limpio vencedor democrático, Ernesto Samper, título legítimo para ejercer el poder. No pudiendo desconocer el resultado de los comicios, han pretendido invalidarlo moralmente y proyectar su intento al exterior.

Colateralmente, a este designio se le hace cándido juego recogiendo versiones aviesas, cuando lo indicado no es rodearlas de advertencias precautelativas sino abstenerse de publicarlas o, en subsidio, desenmascarar su precariedad. Tal el caso de la historieta de un personaje incógnito llamado María que para tantos perversos sarcasmos y torcidas especulaciones se ha prestado.

La exigencia formulada por el Embajador Lleras de la Fuente a los periodistas extranjeros implica la de más cuidado, prudencia y mesura por parte de los nacionales. La campaña de deslegitimación de las instituciones políticas y de desestabilización del país encuentra en su interior intrépidos o ingenuos puntales. Lo mismo la de enlodar en el extranjero el nombre de Colombia, haciéndola aparecer como narco-democracia sumida conscientemente en los dominios de Lucifer. Los compatriotas muertos en la dura lucha nada parecen significar.

Buena fe Paradójicamente, algunos de los aportes de buena fe a esta batalla irrenunciable se aprovechan en perjuicio del país. Si en su seno se llama la atención sobre situaciones de peligro, se debiera reconocer la voluntad de prevenirlas, en lugar de darlas por consumadas e irreversibles. Por ejemplo, respecto de las tentativas del narcotráfico de infiltrarse en los poderes públicos o de enseñorearse de la economía colombiana. Y, en general, sobre los brotes de la corrupción que asedian a la patria pero no logran conquistarla.

El lavado de dólares es otro problema. Ciertamente se le facilitó con la adopción de un régimen cambiario que los organismos financieros multinacionales saludaron como seguro avance a la modernidad y a la internacionalización de la economía. Producto de una ventolera ideologista fue, quizá en el afán de no quedarse atrás de los demás países, con la idea predominante de captar recursos para hacer frente a la apertura comercial.

Mal se haría en pensar, sin embargo, que prevaleció el taimado propósito de ayudar a las operaciones del narcotráfico o que Colombia hubiera pretendido sustentar su desarrollo en ilícitos cimientos. Porque no es esta su posición, ni es la del resto de las naciones, su Gobierno ha propuesto una solución concertada, en virtud de la cual la veda sea generalizada y compartida.

El Embajador Lleras de la Fuente ha obrado como un funcionario de su responsabilidad y rango debe hacerlo. Sin pretender ganarse con lisonjas despreciables o silencios tácticos la voluntad del país ante el cual se halla acreditado. Nada le aconsejaba callar ante tanta diatriba y contentarse con oír al gallo de San Pedro cuando se denostara al Presidente de Colombia. Ni permitir con desdeñosa indiferencia que la patria fuera víctima del forcejeo político interno entre demócratas y republicanos estadounidenses.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.