VAIVENES

VAIVENES

Por ahí siguen con el estribillo de que aquí se aplicó el modelo mexicano desde 1989 a 1994. Esto es totalmente equivocado. La política mexicana nunca había sido imitada hasta el principio de esta administración, cuando se trajeron especialistas de ese país para asesorar al gobierno en la aplicación del pacto social y del fondo de solidaridad.

15 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Las políticas anteriores habían sido cocinadas en casa, fueron bastante novedosas a nivel continental y han sido exitosas. La semana pasada salió un elogioso artículo en la revista The Economist que tiene que llenar de orgullo a quienes han participado en la formulación y aplicación de política económica desde 1984.

La publicación señala que Chile y Colombia son los únicos países del continente que han podido afrontar las consecuencias de la debacle mexicana sin entrar en crisis, gracias a la estabilidad y cautela de sus políticas y a que supieron anticipar los riesgos de los eventuales choques económicos. En el caso de Colombia, esto ha sido confirmado por la tasa de desempleo de marzo. Al final del primer trimestre, el desempleo de las siete principales ciudades del país llegó a su nivel más bajo en diez años, continuando con su tendencia decreciente. Ello señala un buen desempeño de la producción.

En los dos países, la clave del éxito parece haber sido la estabilidad de las políticas macroeconómicas y el pragmatismo. En Colombia, desde 1984 hasta la fecha, los equipos económicos de las distintas administraciones han mantenido políticas coherentes entre sí, han seguido una curva común de aprendizaje y un patrón homogéneo de desarrollo institucional que ha dado los resultados que se están viendo. Sin embargo, no hay garantía de que esto perdure sin una base institucional. De ahí la importancia de preservar la autonomía del Banco de la República.

El actual equipo económico ha preservado el modelo, pero ya se observan cambios que pueden culminar con el desmonte de las políticas más exitosas. Algunos de los principales miembros del equipo están ansiosos de modificar el modelo vigente, por razones principalmente ideológicas y porque desean gastar más. Otros lo quieren modificar para poder desarrollar mejor sus actividades políticas de tipo clientelista.

El caso del papel y de los impresores ilustra esto último. El papel para impresión lo producen dos empresas grandes que, amparadas en una protección arancelaria excesiva, han subido los precios tres veces por encima de la meta del pacto social. El Ministerio de Desarrollo se declara impotente para gestionar una rebaja del arancel, que favorecería a los impresores y les permitiría seguir siendo competitivos a nivel mundial. De parte de quién está el Ministerio de Desarrollo? De las multinacionales grandes, al parecer. Por qué? Habrá que preguntarles si la participación del IFI en el capital de Propal tiene alguna influencia, o si simplemente es para congraciarse con un par de empresas grandes.

Situaciones como estas son las que hacen añorar un modelo de mayor libertad de mercados en el cual el gobierno no toma partido, y mucho menos en contra de sectores competitivos y dinámicos. El manejo actual de algunas políticas hace recordar a los mayordomos de la Sabana que cada vez que algo funciona bien lo cambian para ver qué pasa. Pero cuando las cosas no funcionan, no son tan curiosos. Claro, como no son ellos los que pagan las metidas de pata!

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