REFLEXIONES

REFLEXIONES

Cuando se inició la era de las 24 horas de la televisión colombiana el pasado 21 de marzo, y se disparó esa avalancha informativa sobrecargada de adrenalina, ansiedad, nerviosismo y frivolidad, pensé en la competencia salvaje y en tantas otras cosas que están transformando el futuro en ese fantasma de manos vacías que todo promete y nada tiene del que hablaba Víctor Hugo en el siglo XIX.

15 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Finalizamos el siglo XX, el milenio de los derechos, de la comunicación instantánea, de los avances tecnológicos y científicos, el del futuro del poeta francés y, curiosamente, encontramos que su reflexión de hace casi 150 años es muy actual en términos de vida, de información y de conocimiento.

El fantasma de manos vacías de que hablaba entonces Víctor Hugo en Las voces interiores está aquí, a nuestro lado pues, pese a los avances de la ciencia, de la tecnología, de la televisión de 24 horas seguidas y de la caída de mitos y de muros, poco se nos está ofreciendo existencial, mental y humanamente hablando.

Empobrecemos espiritualmente a gran velocidad en la medida en que avanza la tecnología, acelerando la vida y la historia, en que se consolidan el materialismo y el individualismo salvajes, en que, en nuestra jungla se valoriza lo aparente sobre lo esencial. Llegamos enfermos al próximo milenio, sin descubrir el remedio para la angustia que engendró este siglo de la masas y de la aceleración.

El auge de la cultura de lo light , de lo que vende, independientemente de la calidad, veracidad o de la aplicación de los principios éticos, nos está convirtiendo espiritualmente en indigentes y empujándonos hacia la era del Vale todo , como se llamaba una famosa telenovela brasileña que retrataba con crudeza la decadencia y descomposición de una sociedad.

Después de cien años de capitalismo y socialismo y, parafraseando al sociólogo Herbert de Souza, las miserias aumentaron pues, el primero las sigue produciendo, y el segundo no las pudo superar. El renovado espejismo de la modernidad terminó por producir un mundo en el que sobran más de 1.400 millones de personas, que son las que mueren hoy de hambre en el planeta.

En términos de comunicación, la información, sobre todo en la televisión, se está confundiendo con la distracción, la actualidad con el espectáculo y el conocimiento con una secuencia de saberes fragmentados que producen verdades instantáneas, de gran impacto y dudoso contenido, que luego se transforman velozmente en los pilares de un futuro de corta duración que, al convertirse en el presente, no deja tiempo para casi nada y mucho menos para la reflexión.

Umberto Eco tiene razón: finalizamos este siglo triunfal de la tecnología descubriendo nuestra gran fragilidad pues, si bien es fácil reparar un molino de viento, es difícil proteger el sistema de un computador de las malas intenciones de un niño precoz. Y ese es apenas un ejemplo de los muchos que retratan nuestro complejo y frágil cotidiano. Nos angustiamos, según Eco, porque no sabemos de quién ni cómo defendernos y porque ... somos demasiado poderosos para poder evitar a nuestros enemigos .

En ese imperio de fragilidades, dialogamos cada vez menos con nosotros mismos y con nuestros semejantes y, mucho más, con el fantasma de las manos vacías del poeta Víctor Hugo. Hacemos de la tecnología, la velocidad, el impacto, la frivolidad, la sangre fría y la competencia descarnadora las claves maestras en este fin de siglo, excluyendo principios, meditación y calidad e incluyendo mucha veces el sacrificio brutal de la verdad o de valores que puedan amenazar la celeridad de nuestras ganancias materiales, casi siempre individuales.

Empobrecemos. Producimos un batallón de ídolos de barro y formalizamos una lectura light de nuestra historia. Analizamos lo que pasa a través de imágenes creadas, recreadas, maquilladas, camufladas o de bombásticas informaciones de informativos light que, como los cubitos maggi , imitan pero no igualan el sabor original, en este caso el de una realidad.

No estoy contra la tecnología, los avances de la ciencia, de la televisión, de las muchas veces refrescantes cosas light ; ni más faltaba! Me opongo a su dictadura vertical y absolutista. Temo que cuando despertemos de su gran letargo nos pase lo que al famoso transatlántico británico y constatemos, sin remedio, que ese nuestro gran Titanic tecnológico también estaba hecho de hojalata.

Empobrecemos espiritualmente en la medida en que avanza la tecnología.

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