JORGE ISAACS

JORGE ISAACS

Poeta, ingeniero, minero, viajero infatigable, soldado y gobernador por dos días del Estado Soberano de Antioquia, Isaacs apenas si tuvo tiempo de saborear las mieles del éxito, cuando el 17 de abril de 1895, hace 100 años, murió en Ibagué, después de recibir los Santos Sacramentos a pesar de ser judío de nacimiento.

15 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Hijo de Jorge Enrique Isaacs Adolfus y Manuela Ferrer Scarpetta, Jorge nació en Cali (y no en Quibdó como aseguran algunos historiadores), el primero de abril de 1837, en el seno de una familia de ocho hermanos.

Tres años después su padre adquiere las haciendas La Rita y La Manuela , en las cuales los ojos infantiles captarían el paisaje vallecaucano que más tarde plasmaría en María bajo el nombre de El Paraíso , y que sin pensarlo se convirtió en la postal de presentación del Valle del Cauca y de Colombia ante el mundo.

Médico por vocación, ingeniero de profesión y poeta por las circunstancias, Jorge Isaacs contrajo matrimonio con doña Feliza González Umaña, de cuya unión nacieron Julia, María, Clementina, Lisímaco, Jorge, Daniel y David, quienes dejaron herederos en Cali, Bogotá, Ibagué y Medellín.

Amigo de José María Vergara y Vergara, Eugenio Díaz, Ricardo Silva, José David Guarín, Medardo Rivas, José Caicedo Rojas y José María Samper, miembros de la santafereña tertulia El Mosaico , varones generosos y estimulantes, lo invitaron a este cenáculo para que diera lectura a sus poemas. Isaacs tuvo allí un triunfo memorable y único. Sus contertulios, cautivados por los versos, dispusieron una edición de ellos, cosa que no habían hecho antes con ningún poeta.

Victorioso y contagiado del fervor costumbrista de sus padrinos, regresó al Valle para escribir su novela María, cuyos orígenes habían sido un poema y una pequeña obra de teatro.

El planteamiento de la novela revela claramente la intención del autor: el reflejo de una región del país, la descripción de su naturaleza, las costumbres de las familias y unos cuantos episodios típicos de la manera de vivir, de obrar y de divertirse de sus gentes. Faltaba el motivo central, la fábula, en torno de la cual se desenvolvieran los cuadros que copiaran el escenario natural y social, y que respondieran al evangelio literario de la época, romántica en parte y en parte preludio de la novela realista posterior.

Empieza a trabajar en su obra, al principio en las riberas del río Dagua, donde, deshecho ya el patrimonio económico, cumplía elementales funciones de inspector del camino de herradura entre Cali y Buenaventura, y después en la casa solariega de la familia de su esposa, los González Umaña, situada en la vega del Peñón, entonces fuera de la ciudad de Cali, donde vino a convalecer del primer ataque de paludismo adquirido en aquella insalubre zona, del cual no se curó nunca y acabó por llevarlo, aún joven, a la tumba.

Comparable a nuestro Nobel, por su fama, el poeta vallecaucano no terminó su viaje en Ibagué, pues sus restos reposan en Medellín por su propio deseo, después que fueran inhumados en 1904, trasladados a Bogotá, donde se le rindió un memorable homenaje y finalmente sepultados en la capital antioqueña, en un acto que contó con la participación ciudadana y la intervención de dos futuros presidentes de los colombianos: Pedro Nel Ospina y Carlos E. Restrepo.

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