LA BARAJA LITERARIA

LA BARAJA LITERARIA

Cartas en el asunto R. H Moreno Durán Seix Barral 132 pags.

16 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Para el escritor Rafael Humberto Moreno Durán el juego parece infinito; y sin duda lo es. Todos esos reyes poderosos, esas reinas perversas, esas bellas sotas de espadas, el oro relumbrante, la afligida, la amarga copa, son algunas de las figuras de un drama que le sugieren, en una primera ronda, las ficciones de las cartas de la baraja. Desde luego que la riqueza combinatoria corresponde a un arte, el arte metafórico, que también es combinatorio, y que es esencialmente literario. Quién baraja las cartas, al tiempo, no ignora los otros sentidos de la palabra. Así se hace en el bello prólogo del último libro de Moreno Durán, Cartas en el asunto.

Cómo no convendría, a quien es quizás el más literario de nuestros escritores, reordenar en el suntuoso juego de los significados y de los equívocos, ya como referencia o como pretexto, las provocaciones del género epistolar para hilar las curiosas y agudas historias de este libro? Y es que la literatura de Rafael Humberto Moreno Durán está constituida por un vasto campo de experiencias lingísticas y reflexiones literarias, sabiamente articuladas.

Tres registros al menos hay en ella: la trama visible, para una lectura ingenua, con sus personajes y situaciones concebidos y desarrollados según la manera clásica del relato; un segundo registro se le superpone: aquel que implica una relación transversal de operaciones enojosas, sutiles, irónicamente encubiertas con un segundo lenguaje; y un tercer registro compuesto por las relaciones, que con un sabor literario va componiendo en un tejido de alusiones múltiples que encadena, no sin dejar ver la huella de los relatos que lo preceden y que le conciernen, por no decir que lo seducen y de alguna manera lo provocan.

Se dirá que en toda literatura esa estratificación está implícita. De acuerdo. Sin embargo, en lo que concierne a Moreno Durán conforma un valor literario específico, que le singulariza en nuestra literatura, y es el grado de conciencia con que ejecuta esta múltiple silueta de sentidos. En la elaboración sin fisuras con que compone sus narraciones, se posterga el valor de lo inconsciente para lugares quizás más conspicuos o acaso más remotos para el desciframiento del lector.

Se ha hablado con mucha ligereza de buen estilo, de la calidad de la escritura con que se expresa Moreno Durán, pero esta afirmación, lejos de ser un elogio, es una obvia simplificación que hace violencia al hecho literario mismo, pues no hace más que fomentar el viejo y ya superado malentendido en torno del hipotético conflicto de la relación entre forma y contenido. Ya se sabe: la forma es una categoría solisista de auto reflexión, como lo ha dejado ver bien Paul de Man: la forma exterior se ha convertido en estructura intrínseca del texto literario.

Pocos escritores hispanoamericanos pueden ofrecer una literatura estratificada tan ricamente, tan sugestivamente abierta a la proliferación de las más recientes teorías literarias. Pues ella al instaurar modelos de escritura y de lectura con su lenguaje en progreso , crea una relación compleja con su propio significado en los niveles de connotación y denotación del texto literario.

En los relatos de Cartas en el asunto, los temas se barajan como motivos de bifurcación, que bajo la aparente inocencia de lo tradicional, encubren, con su secreto, un cierto aire de novedad. En ellos el autor crea visiones seductoras, inquietantes, o bien irresistiblemente humorísticas, en fragmentos de cruda realidad, como si todo pudiera suceder entre una y otra jugada, y la jugada misma, bajo la alternancia gozosa de las cartas boca arriba y las cartas boca abajo.

Ahí está esa rara conciencia de los desdoblamientos y las posturas, allí numerosos son los narradores. Un proliferante sentido de los cambios del punto de vista atraviesa la realidad que estos cuentos reflejan proyectando en diversas direcciones su sentido metafórico: así la vida creada o recreada por el autor le sirve de continuidad y de reflejo, de doble y de réplica, de crítica y de análisis, pero también de imagen problemática.

Si Moreno Durán hace avanzar su escritura por donde trepan las ramificaciones sociales en la arquitectura ruinosa de nuestro tiempo, lo hace con unos personajes perfectamente construidos y definidos en su carácter; pero más que por una sicología descriptiva, por las múltiples hablas que los habitan.

Propicia y enormemente fecunda para el virtual el uso de los medios de análisis literarios de constructivistas, la literatura de Moreno Durán ha abierto entre nosotros todo un campo para las iniciativas que incitan a los nuevos discursos, tan relacionados con la literatura como objeto central de la problemática intelectual de nuestro tiempo.

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