BALADA TRISTE DE UN HÉROE MODERNO

BALADA TRISTE DE UN HÉROE MODERNO

Héroes Ray Loriga Plaza & Janés 173 págs. $ 20.000

16 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Ray Loriga escribe al ritmo de su tiempo, entre impulsos de rock and roll, bites de computador e imágenes de video clip. Héroes, su segunda novela, ganadora del premio de novela El sitio de 1993 -con un jurado integrado entre otros por Juan Marsé- es un texto que pudo ser una canción. Una melodía que nace en David Bowie, continúa con Iggy Pop pasa por Ziggi Marley y culmina en Red Hot Chili Peppers.

Los héroes de Loriga son los de un joven que nació en los años sesenta. Los de la nueva España. Jóvenes que apenas si recuerdan los últimos días del franquismo y que se criaron en la Social Democracia de Felipe González. Por eso sólo habla de lo que le toca, nació en 1966 y para su vida cotidiana, Francisco Franco es solamente un fantasma de la historia.

Como todos los de su generación, a quienes muchos se apresuran a llamar la generación equis, no tiene una tabla de salvación. No le tocó el mundo de las fórmulas mágicas ni de los redentores mesiánicos. Le tocó asistir a la era del escepticismo y de las utopías frustradas.

Sus héroes no esgrimen evangelios materialistas, ni prometen un mundo libre de clases sociales. Son personas que llevan en bandolera una guitarra y le gritan al mundo una soledad amplificada a través de pantallas de televisión y radios japoneses. Un universo en el que cualquier cosa por estúpida que parezca termina por ser fundamental para alguien .

El rock and roll puede ser una de esas cosas estúpidas y Loriga lo sabe. Sin embargo, apuesta por estos héroes modernos que no parecen tener un lugar en la épica tradicional.

Ser estrella de rock es una aspiración legítima para cualquier joven madrileño, bogotano o neoyorquino. No es un oficio deshonroso y ofrece la posibilidad de construir un microcosmos de bolsillo, mucho más confortable.

Por eso el relato de Héroes es en realidad un conjunto de múltiples canciones inconclusas. Canciones para las noches de juerga, para el amor, para la soledad, para la traición, para la fantasía, para el desasociego... canciones para todos los días.

Las explicaciones para la frustración y la desesperanza no están en los textos escolares, ni en los libros sagrados. Se encuentra en las líneas de las canciones de Bruce Springteen, Rolling Stones, Bob Dylan y los Sex Pistols. No es tan ingenuo como para creer en el poder de las flores; ni siquiera cree en el poder. Sus personajes adolescentes no tienen muchas alternativas. Una de ellas, quizás la única, es vivir la vida encerrados en un dormitorio. Una propuesta que evita confrontar las contradicciones del mundo moderno. Desde ese aislamiento los segundos se construyen con canciones. Melodías que llevan a Berlín y a Moscú. Los minutos se consumen cantando Should I stay or should I go, de The Clash, y Blowing the wind, de Bob Dylan. Pero la música no es el único elemento del decorado, también está la televisión a través de ella se puede ir al París ocupado de 1940 o a la Bosnia invadida de 1993. Realmente al final todo parece ser parte del decorado, no hay nada esencial. Tal vez porque no se necesita. Para Loriga esa búsqueda de la razón última no es, digamos...esencial La idea fundamental es; por qué hay que hacer siempre algo? Por que tiene uno que pasarse la vida yendo y viniendo? Por qué no puedo quedarme quieto un momento sin tener que decidir de qué sabor quiero mi helado? Andrés Zambrano

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.