Un uruguayo que caza leyendas colombianas

Un uruguayo que caza leyendas colombianas

Néstor Ganduglia es un psicólogo social y educador popular que hace 15 años se dedicó al estudio de creencias y mitos que atesora el imaginario de América, y que ha recopilado en textos y discos para que la tradición oral perdure.

11 de octubre 2008 , 12:00 a.m.

Todo ese inmenso acervo de narraciones le han permitido aprender mucho más de lo que la gente se imagina al encontrar en historias de aparecidas, casas encantadas, animales, brujas...

Invitado al Encuentro de Lengua y Tradición Oral que se realizó en Cartagena, el uruguayo recorrió con su palabra el imaginario del continente, y entre todo el universo que se tejen en las redes mágicas de las leyendas populares, asegura haber encontrado un panal mucho más exquisito y avasallador en las que ha escuchado, visto y olfateado en Colombia. “Son las más fabulosas de todas”, dijo.

La verdad de Boyacá Del 2001 al 2004, Ganduglia desarrolló investigaticiones que han dejado como resultado un archivo sonoro de más de 500 relatos del altiplano cundiboyacense, recogidos de viva voz de vecinos en pueblos y veredas. Le llamó la atención el propio nombre del departamento: Boyacá.

“Me dijeron que Boyacá es una voz chibcha, que significa ‘Tierra de Mantas’”. Averiguando este significado, un campesino se le acercó y le contó la historia del nombre.

Según la leyenda, cuando un muisca se enamora, teje una manta especial, porque está destinada a los padres de la novia, que dispondrán de tres lunas para decidir si le entregan a su hija al joven, o no.

“Al finalizar le pregunté: Maestro, ¿y cómo es una manta tan hermosa, como para convencer a los padres de entregar a su propia hija con sólo verla? El hombre me contestó: tiene que tener muchos colores. Y todos tienen que estar combinados con amor. Allí terminé de comprender qué cosa es la identidad”, señaló.

Ganduglia opina que la tradición es una fuente de innovación para los pueblos, fustigando a quienes desdeñan la cultura popular y la relacionan con la ignorancia. Y pone otro ejemplo colombiano: “Dicen en Boyacá que las brujas se dividen en dos. De la cintura para abajo, se quedan en sus casas.

Y de la cintura para arriba, vuelan transformadas en chulos o lechuzas. A mí me da envidia, y quisiera conocer ese secreto femenino que les hace posible estar en casa y, al mismo tiempo, volar”.

Para el occidente, dice, el misterio de la vida y la muerte se dilucida observando si la máquina del cuerpo funciona o no. Para las culturas populares que se expresan mediante los relatos tradicionales, la diferencia tiene que ver con la capacidad de una persona de ganarse un lugar en la memoria de su comunidad. De esta forma, explica el experto, se puede entonces concebir que alguien camine y trabaje, pero en realidad esté muerto. Y también que alguien enterrado desde hace mucho, siga sin embargo vivo.

La historia de Horacio Luna Las historias que cuenta el uruguayo son una puesta en escena, en donde el tono de voz y las gesticulaciones de manos y contracciones del rostro hacen parte del relato. Una le ocurrió en una casa de Villeta (Cundinamarca), atendida por una mujer que le narró la leyenda de Horacio Luna, antiguo dueño de ese hogar. Lo que le contó tenía que ver con una habitación que tenía debajo de los pisos un entierro de huesos, supuestamente de los trabajadores que iban a cobrarle a Luna su salario, y cuyos espíritus rondaban y la llamaban por su nombre: Doña Mary.

“Pero lo más duro, se lo juro, son las miradas. Ojos, muchos ojos que la miran a una. Y que la atraviesan, y le pesan en la espalda, se lo juro.

Ojos. Seguro vienen de allá, ¿sí ve? Donde están aquellas chapas en el fondo del campo. Allí es donde estaban las familias de los trabajadores...”, decía la mujer.

''Dicen en Boyacá que las brujas se dividen en dos. De la cintura para abajo, Y de la cintura para arriba, vuelan transformadas en chulos”.

Néstor Ganduglia, recordando una de las historias

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