Generación en juego

Generación en juego

Las alarmas contra el crecimiento de los embarazos de adolescentes están disparadas hace rato. Encuestas, reportes e investigaciones vienen identificando desde hace varios años una preocupante tendencia al alza de este fenómeno social. La Encuesta Nacional de Demografía y Salud de Profamilia –quizás el estudio periódico más importante del país en materia de salud sexual y reproductiva– reveló en el 2006 que, con excepción del grupo de edad de menores de 20 años, el resto de mujeres habían disminuido sus tasas de fecundidad en comparación con el 2000.

11 de octubre 2008 , 12:00 a.m.

Según Profamilia, las adolescentes colombianas presentan una tasa de 90 nacimientos por cada mil mujeres. Con relación al año 2000, la fecundidad adolescente en las zonas urbanas presentó un aumento de 71 a 79 nacimientos por mil. Estos resultados son confirmados con reportes más recientes, como el del Celsam, una encuesta realizada entre 6.000 jóvenes entre 14 y 21 años en seis países de América Latina, incluida Colombia. Para este centro, solo el 56 por ciento de los adolescentes se protege en sus relaciones sexuales.

En este espacio se ha enumerado en repetidas veces las profundas consecuencias que este fenómeno social genera. En materia educativa, las jóvenes embarazadas corren un alto riesgo de desertar de las escuelas y eso redunda en una disminución de su potencial económico. También hay efectos en salud, ya que estos embarazos son considerados de alto riesgo y pueden desembocar en bebés con bajo peso o dejar secuelas futuras en el cuerpo de la joven madre.

El costo económico también es considerable tanto para los adolescentes como para la sociedad en su conjunto. El choque en los hogares es tan fuerte que, en muchos casos, los hunde en la pobreza o termina haciendo retroceder avances en educación o en ingresos. En otras palabras, una verdadera trampa de pobreza. Madresolterismo, maltrato infantil, violencia intrafamiliar y discriminación, entre otros, traen implícitos costos sociales difíciles de cuantificar, así como el impacto en el sistema de salud. Por último, no es desdeñable el deterioro del capital humano, producto de madres muy jóvenes, forzadas a interrumpir su educación e ingresar al mercado laboral.

Durante más de 40 años, Colombia ha sido uno de los ejemplos internacionales de reducción de la natalidad y de políticas de salud reproductiva. Esta agenda está conectada con avances sociales, ingreso de la mujer al mundo laboral e impacto sobre el crecimiento económico. Sin embargo, los indicadores muestran con preocupación que las nuevas generaciones no incluyen en su comportamiento las decisiones sexuales para evitar tanto embarazos como las enfermedades de transmisión sexual.

Al contrario, algunos estudios han identificado que en zonas urbanas muchos embarazos de adolescentes son deseados, y hasta conscientemente buscados, como la respuesta a complicados entornos familiares y sociales.

Es evidente que los programas centrados en los preservativos están dando muestras de agotamiento. Una buena noticia fue el lanzamiento en todo el territorio nacional del programa de educación sexual del Ministerio de Educación, cuya fase piloto llegó a 95.000 estudiantes. El país tiene una Política de Salud Sexual que necesita impulso financiero y compromiso institucional. Se está bajando la guardia en los embarazos de adolescentes y es el potencial y el futuro de una generación los que están en juego

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