SE VA EL CAIMÁN...

SE VA EL CAIMÁN...

O mejor, llega. Porque lo cierto es que los avivatos y engañadores de todos los pelambres, que tampoco están ausentes de la esfera alimentaria, aprovecharon la abstinencia de la Semana Santa para tratar de vender, como pescado seco, nada menos que carne de caimán y de babilla. No estamos seguros de que el consumo humano de esas especies pueda resultar dañino. Mas, de lo que sí estamos convencidos es de que la captura de caimanes y babillas, como la de tortugas, iguanas y chigiros, constituye una depredación injustificable, para la cual las disposiciones sobre asuntos del medio ambiente contemplan severas sanciones.

15 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Lo cierto es que en vísperas del Jueves Santo y en expendios situados en pleno centro de la capital, representantes del Inderena y agentes de policía decomisaron 1.200 kilos de carne de caimán y de babilla, dos especies en extinción, que estaban siendo vendidos a la no despreciable suma de dos mil pesos el kilo. Esto es el colmo, en momentos en que la superabundancia de pescado ha sido notoria, para satisfacer todos los gustos.

Falta ahora saber si además del decomiso se habrá impuesto a los caimaneros alguna sanción, entre las varias previstas en las normas sobre el particular.

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