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¿Descuadernado?

¿Descuadernado?

La economía era uno de nuestros grandes orgullos. Crecíamos al 9 por ciento anual, se multiplicaban las inversiones y florecían los negocios que arrastraban el aumento sostenido de empleos dignamente remunerados. Al Banco de la República le dio por “aterrizarnos” y nos produjo fenomenal porrazo.

En los dos últimos trimestres no hemos crecido a la mitad de lo que traíamos, se contrajo la inversión y por primera vez en cinco años se inclinó a la baja la línea del empleo. Ya dirán los sabios que somos víctimas de una crisis mundial. Como no es tan pobre nuestra memoria, replicaremos que recogemos lo que sembramos y que mucho antes de que se hablara de créditos subprime ya nos habían condenado, los muchachos de la Junta, a la revaluación y a la recesión más inclementes.

La Seguridad Democrática será todavía el centro nervioso del prestigio del presidente Uribe. Pero no seríamos leales si escondiéramos nuestra perplejidad a ese propósito. Desde la operación ‘Jaque’ venimos como arrastrando el alma. Los medianos éxitos recientes son todos obra de la Policía, y las Fuerzas Militares no parecieran con más tiempo ni energía que la que necesitan para defenderse en la Fiscalía y la Procuraduría. El crecimiento de las llamadas bandas emergentes, que no son otra cosa que la vieja cocaína en manos nuevas, es escalofriante.

Aumentan los cultivos ilícitos y por primera vez en cinco años sube la cuenta de los homicidios y la dramática percepción de que hemos vuelto a superados estadios de inseguridad. La extinción de dominio se ahogó en la Fiscalía y su escaso producido no se dedica a ganar la guerra a los bandidos, sino a construir cárceles, viviendas de interés social y aumentar los sueldos de los jueces huelguistas.

La política internacional, suponiendo generosamente que la hay, no puede ser más deplorable en sus efectos. Perdimos el TLC con los Estados Unidos, donde de mano nos ganaron Centroamérica y el Perú, y no fuimos capaces de conseguir en el vecindario solidaridad en nuestra lucha contra el terrorismo. Cuando tenemos el arma prodigiosa de los computadores de ‘Raúl Reyes’, la hemos inutilizado con entregas parciales a favor de quienes resultan condenados por esas evidencias criminales. Si hubiéramos licitado el mal manejo de ese patrimonio político, nadie hubiera ofrecido mayor eficacia. En punto a ese desgobierno, las visitas del Presidente a Chile, para sumarse a la causa de Evo Morales y de Chávez, y la del Ministro de Defensa a Rusia, cuando esa potencia se niega a salir de Georgia y su flota marina, con el Pedro I El Grande a la cabeza, surca las aguas del Atlántico para desafiar a nuestro amigo del Norte, son un buen ejemplo de cómo no puede hacerse la diplomacia.

En materia política, todo es confusión, todo es caos. El Gobierno logró destruir sus propias mayorías en el Parlamento y quedarse en las manos de enemigos claros y amigos dudosos. A la hora de la verdad, estos son los peores. Ya nadie sabe si en la Cámara le darán trámite al Referendo y si el Referendo es el del 2010 o el del 2014, o ninguno.

Mientras tanto, el poder judicial sigue obrando como el gran bastión de la oposición al Gobierno. Pero cuando teníamos por cierto que en la Corte estaba lo peor, los jueces saltan a la palestra y decretan un paro inconstitucional e ilegal, ante el que se arrodilla el Gobierno, negocia, ofrece, promete, jura y solo consigue el desdén del victorioso.

No andan solos los jueces. Se les suman los corteros de caña, que tienen cerrados los ingenios y al país importando azúcar. Y otra vez, también aquí, el Presidente pasa sobre los ministros, para entregarse mejor. El que quiera Presidente a bordo, que tome las vías de hecho. La mesa está servida para los audaces, en esta Colombia que se descuaderna

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