LA POLÍTICA ECONÓMICA BRASILEÑA CARECE DE ARMONÍA

LA POLÍTICA ECONÓMICA BRASILEÑA CARECE DE ARMONÍA

Habrá un método detrás de la locura de política económica de Brasil?

12 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Tras la torpe devaluación de la moneda, el lento avance de la reforma constitucional y las señales contradictorias sobre aranceles y privatizaciones, muchos inversores tienen dudas.

Brasil, que en un momento se consideró como el país en mejor posición para hacer frente a las consecuencias desastrosas de la devaluación del peso mexicano, ha soportado un año entero de mala racha en la bolsa, en la que los inversores han retirado aproximadamente US$8.000 millones del país. Aunque Brasil todavía tiene unos US$30.000 millones en reservas, la inestabilidad de sus políticas económicas ha puesto al Plan Real _que redujo la inflación mensual a cerca del 2% en marzo cuando en junio del año anterior era del 50%_ en entredicho.

Desde que asumió el poder en enero, días después de desatarse la crisis mexicana, el presidente Fernando Henrique Cardoso ha tenido que hacer malabarismos para mantener un difícil equilibrio: la puesta en práctica de las reformas liberalizadoras que el resto de la región adoptó hace años, y que en Brasil están en suspenso desde hace tiempo, sin actuar precipitadamente de manera que se creen desequilibrios comerciales como los que hundieron a México.

El resultado es un embrollo de política económica que ha confundido incluso a los miembros del gobierno.

Desequilibrio comercial Por ejemplo, hace dos semanas el gobierno anunció que subiría al 70% los aranceles a varios bienes duraderos, principalmente autos y electrodomésticos. El gobierno, preocupado por lo que sucedió en México el año pasado cuando se disparó el déficit comercial, tomó medidas para controlar su desequilibrio comercial, que aumentó en casi US$3.000 millones entre noviembre y febrero.

Muchos de los aranceles se habían reducido durante los últimos dos años, lo que siembra entre los inversores dudas sobre el compromiso del gobierno con la liberalización del mercado. Aiwa Co., de Japón, canceló un plan de construir una fábrica de aparatos electrónicos en Brasil y citó la incertidumbre sobre la política comercial como razón de su decisión. Para confundir aún más las cosas, a pocos días del aumento de los aranceles, Cardoso amenazó con reinstaurar los viejos si los comerciantes se aprovechaban de la reducción de la competencia extranjera para aumentar sus precios.

Parte del problema del gobierno es que la política económica es territorio de tres funcionarios cuyas voces, claramente diferentes, casi se ahogan entre sí. Cuando habla José Serra, ministro de Planeamiento _con frecuencia a favor de medidas proteccionistas_ su amigo el presidente escucha, dicen los analistas.

Para gusto de los inversores, el ministro de Finanzas Pedro Malán, un librecambista que supuestamente dirige la política monetaria, habla muy poco. Y cuando habla Persio Arida, gobernador del Banco Central, a menudo mete la pata, como cuando sembró confusión al describir la forma en que el gobierno planeaba manejar su devaluación monetaria de marzo.

Dice MCM Consultores Asociados, firma de investigación económica de Sao Paulo: Desde que asumió el gobierno de Cardoso, el número de personas que fijan la política económica ha aumentado y sus objetivos comunes, reducido .

Las señales confusas no se limitan al triunvirato económico. Los aliados del gobierno en el Congreso hace poco propusieron crear una modesta apertura a la inversión privada y extranjera en el sector de las telecomunicaciones, que desilusionó a los inversores e hizo que se desplomaran las acciones de Telebras SA, el monopolio de telefonía brasileño.

Días más tarde, el ministro de Comunicaciones contradijo al congresista al sugerir que el sector se sometería a una apertura mucho más significativa, y las acciones volvieron a subir. Por último, las acciones cayeron nuevamente cuando Cardoso apoyó la política presentada en el Congreso.

Los analistas dicen que los ministros de Cardoso deben armonizar sus líneas con rapidez ya que el éxito del Plan Real dependía de la estabilidad de la moneda y de permitir que la mayor competencia de las importaciones mantuviera los precios bajos.

Pero el gobierno ha movido estas anclas, así que los inversores se concentrarán en los nuevos planes oficiales para controlar la inflación. Estos incluyen reformas constitucionales para limitar el licencioso gasto de los gobiernos estatales, planes para introducir capital privado a las empresas estatales e intentos de reducir la carga de bienestar social.

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