EL SANTO TEMOR DE DIOS

EL SANTO TEMOR DE DIOS

En la semana de pasión se impone en Colombia, que ha pasado por ser el país más católico de América, una meditación sobre cómo se ha perdido el santo temor de Dios, que, en resumidas cuentas, fue lo que dejó en las clases humildes el paso de la Colonia.

13 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Entonces, el dulce nombre de María penetraba en la mente popular, y de lo que fue la evangelización no quedó sino ese freno que ya era bastante para mantener una moral que, por lo menos, podía ser el principio de un ajuste mucho más humano que el de ahora. El santo temor de Dios se lo viene llevando el diablo por delante.

Denis de Rougemant sostenía que la presencia del diablo en Europa era patente, y lo probaba con la de Hitler. Para nosotros la del ex clérigo Pérez es una demostración semejante, con toda la crudeza del diablo producido en la selva amazónica. Lo único que podría conjurar esta infernal aparición sería la vuelta al santo temor de Dios, si fuera capaz la Iglesia de producir semejante milagro.

El ex clérigo Pérez ha formado su diabólico ejército cayendo a nuestro impenetrable Amazonas sin saberse cuándo, ni cómo, ni de dónde. Haciendo la señal de la cruz con la mira de su fusil. Al muchacho que no entraba a su ejército, lo fusilaba, y al hoyo. Así fue formando esos salteadores que hicieron fortuna para el ELN, logrando en pocos años equipar un ejército que no solamente desafía al nacional, sino que ataca la guardia venezolana de la frontera y nos lleva al borde de un conflicto internacional. El ELN, combinado con las Farc de Tirofijo, han mantenido la situación que todos conocemos y hoy hablan como si estuvieran al frente de un movimiento nacional de reivindicaciones sociales.

Es muy triste decir todas estas cosas en días que deben consagrarse a asuntos nobles. Pero no solamente ocurre que Pérez colgó los hábitos para tomar el fusil, sino que, en su plan de formar su propia república, se ha aliado con los fabricantes de cocaína que mantienen el negocio más grande del mundo. Estos narcotraficantes, que son delincuentes perseguidos, lo mismo por la justicia de Estados Unidos y la europea que por la colombiana, son multidelincuentes que, como muchos de esta familia patológica, llevan debajo de la camiseta escapulario y medalla y se han aliado al ex clérigo en una combinación que maneja millones.

En otro tiempo, una empresa claramente diabólica como la del ex clérigo Pérez apartaría a la gente humilde que vería en él una potencia infernal. Es muy posible que hoy mismo se necesite restaurar esa mentalidad popular como una fórmula de exorcismo contra el enemigo malo. Hacerles ver a los campesinos de la región amazónica, de los departamentos que está invadiendo la cola de Satanás que lleva el ex clérigo.

Mientras sigamos apareciendo en las estadísticas internacionales como el país más católico con mayor número de secuestros, con mayor cantidad de millones pagados por rescates, con mayor número de hectáreas de amapola sembradas por los guerrilleros... no habrá la posibilidad de rescatar el buen nombre del país. Al ex cura hay que aislarlo con la misma arma que él abandonó cuando colgó los hábitos. El santo temor de Dios, como conjuro, restablece en el pueblo la moral perdida. Y a lo mejor servirá de enseñanza para que las clases ilustradas reflexionen y se den cuenta de cómo van debilitándose los resortes morales de la nación. Hay que recordar cómo Pablo Escobar envolvió al padre García Herreros en la burla más sarcástica que recuerde la historia de la justicia en Colombia.

La simple historia de cómo nació y se formó el grupo que acaudilla el ex clérigo Pérez es suficiente para que una organización independiente de justicia internacional le abra el juicio más severo que pueda imaginarse. Todo recuerda lo que pasó en Italia cuando fue sometido a juicio popular Aldo Moro por un grupo semejante al de los guerrilleros colombianos. Yo recuerdo al Papa, pidiendo de rodillas clemencia para que no fueran a asesinarlo. Y la manera como respondieron los del juicio del pueblo. Doblaron el cadáver de Moro en tres y lo metieron en el baúl de un automóvil que dejaron estacionado al frente de la Embajada de Portugal.

Cuando, al día siguiente o dos días después, advirtieron a la policía y se abrió el carro, quedó a la vista el terrible espectáculo. De esa manera se burlaron del Papa y de toda Italia. Ese es el carácter de los guerrilleros. No hay quién los convenza ni quién los reduzca. Nadie sabe el pasado del ex clérigo Pérez. Quizás, si se difunde entre la gente la idea de que el cura es el diablo, pueda obrar el santo temor de Dios y se produzca el vacío en torno suyo. Lo menos que puede decirse, y es cierto, es que es un enemigo jurado de Cristo.

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