La carrera Séptima, una improvisación

La carrera Séptima, una improvisación

Es realmente sorprendente el reciente anuncio del Secretario de Movilidad de incrementar los contraflujos de la carrera Séptima, tanto en su extensión como en los momentos del día y su duración.

04 de octubre 2008 , 12:00 a.m.

Pero, en realidad, uno no sabe si el anuncio es un chiste de mal gusto o una salida improvisada del Secretario en un evento en el que los vecinos de la Séptima lo acosaban por el futuro de tan importante arteria bogotana.

Que los secretarios de Tránsito -conservadores o liberales- de hace un par de décadas hayan decidido hacer contraflujos para agilizar el transporte privado, entre el centro y el norte de la ciudad, no era nada sorprendente para ese momento.

Además, que dicha medida se haya mantenido tampoco es asombroso, puesto que procura un enorme beneficio para los automovilistas, algunos de gran influencia en la ciudad.

Ellos son muy pocos en comparación con la enorme cantidad de perjudicados: usuarios del transporte público, peatones, atropellados...

Pero que a todo un Secretario de Movilidad, y además de un Gobierno de izquierda, le dé por reencauchar medidas de antaño es una falta total de congruencia con nuestro tiempo y con las supuestas orientaciones ideológicas de la administración de turno.

Es seguro que los contraflujos propuestos pueden agilizar mucho el tránsito vehicular de algunos, pero con costos muy altos para la inmensa mayoría de los ciudadanos.

El Secretario debería preguntarse qué pasa con el resto de los usuarios de la Séptima.

¿Creerá que el problema planteado por los influyentes automovilistas es representativo de la totalidad de los usuarios? Habría que recordarle que por la Séptima también transitan buses, busetas y peatones, entre muchos otros actores de la movilidad.

Éstos parecen ser invisibles, pero son seres humanos de carne y hueso, de estratos 2 y 3 (como la mayoría –70 por ciento– de la población bogotana), que no tiene carro, no trabaja en el centro y no vive en el norte.

Ellos son parte de los dos tercios de capitalinos que viven en el sur, trabajan en el norte y usan buses y busetas para movilizarse.

Cambiar el sentido de la Séptima implica desplazar, hacia las ya congestionadas carreras 11 y 13, a un número gigantesco de usuarios del transporte público e incrementar muy significativamente los tiempos de viaje y los índices de accidentalidad.

La descabellada idea del Secretario es una improvisación, como muchas otras que ha realizado y que no vale la pena listar.

Sería bueno que, antes de improvisar, con medidas trasnochadas y antisociales, se entere de que Bogotá tiene un plan de movilidad que, bien o mal, marca unas directivas claras y que ninguna de ellas menciona contraflujos.

Hablan de todo lo contrario: pacificar el tránsito y promover la seguridad vial, el transporte público y alternativo, entre otros temas.

En conclusión, con los contraflujos se está incentivando el uso del auto particular y desalentando el uso del transporte público, en un contexto en el que este último está perdiendo cada día más usuarios.

Éstos encuentran refugio en el uso de motos y en muy económicos autos de segunda. Si hubiera que hacer contraflujos en esta ciudad, éstos tendrían que ser para el transporte público, para que esos “usuarios invisibles” puedan movilizarse en condiciones menos malas de aquellas a las que los somete la guerra del centavo.

De todos modos hay que atacar la congestión de los autos: son muchas las medidas existentes en el mundo para ello, pero se requiere voluntad política y eso es precisamente lo que no hay en este momento.

Si en esta ciudad cada día más gente compra autos y motos es porque estamos haciendo todo “muy bien” para que utilizar el transporte público sea una verdadera pesadilla.

Que a un Secretario de Movilidad le dé por reencauchar medidas de antaño es una falta total de congruencia con nuestro tiempo”.

Ricardo Montezuma, experto en movilidad

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