LA NUEVA REFORMA

LA NUEVA REFORMA

El tema que ha comenzado a dominar la atención de la opinión pública es, sin duda, el de la reforma tributaria que presentará próximamente el Ejecutivo a consideración del Congreso Nacional. Porque los detestables impuestos afectan, de una u otra forma, la vida de todos los colombianos y el comportamiento de asalariados, inversionistas, consumidores, empresarios y ahorradores. En fin, de quienes participan en la actividad económica del país, cualquiera que sea su condición.

10 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Infortunadamente, lo que se ha conocido sobre la nueva reforma es fragmentario. Es cierto que se publicó el memorando del ministro de Hacienda al Presidente de la República con la síntesis de las modificaciones propuestas y que en algunos medios se ha presentado por entregas el posible articulado del proyecto. Pero también lo es que este tipo de información no permite formarse un concepto claro del conjunto de la reforma por cuanto su lenguaje especializado y crítico sólo puede ser interpretado por los expertos. Y todo parece señalar que no se trata de una simple racionalización sino de una reforma de fondo que incluye, así se diga lo contrario, la elevación de las tarifas impositivas; la extensión de tributos como el IVA a más bienes y servicios; la imposición de nuevas obligaciones a las empresas en materia de retenciones; la definición de nuevos contribuyentes y la eliminación de lo que el ministro denomina discriminaciones inconvenientes ; y algunos cambios específicos en el tratamiento de ciertos sectores, como el de los hidrocarburos, y en la administración de un impuesto como el de la gasolina.

El asunto es de fondo. No se trata de enmendar un chiste , expresión en mala hora utilizada por el ministro Perry en declaraciones a este diario y que mereció la inmediata respuesta del ex ministro Hommes, quien recordó que los ajustes tributarios aprobados en la reforma de 1993 tuvieron carácter temporal, en particular la sobretasa del 25 por ciento sobre el impuesto de renta, por voluntad del Congreso y no del gobierno de turno. No. Estamos frente a una reforma que va más allá de la racionalización y que persigue, como bien se sabe, recaudar un considerable monto adicional de ingresos 3.2 billones de pesos en los próximos tres años para financiar el plan de desarrollo de la administración Samper Pizano. Una reforma fiscalista a todas luces.

Es de la mayor importancia que la nueva reforma se discuta, en sus distintos aspectos, con sensatez y altura, buscando diseñar reglas de juego adecuadas y permanentes. Ni la economía en su conjunto ni las empresas y los individuos, en particular, resisten cambios tan frecuentes de las normas tributarias. Se hace imposible programar o planear cualquier nuevo proyecto y se incrementan, de manera absurda y desmesurada, las cargas operativas de las empresas. Y no es cuestión, exclusivamente, de la tributación directa. Las empresas han tenido que soportar, en este año, la elevación de las contribuciones al ISS lo cual equivale al aumento del impuesto sobre la nómina. Además de que se están enfrentando a los otros cambios que trajo consigo la ley de seguridad social.

De otra parte, es imposible continuar indefinidamente elevando las cargas impositivas si los colombianos no disfrutan, en algún momento, del beneficio concreto del pago de esos mayores impuestos. Y la verdad es que esa contraprestación no se percibe por ningún lado. De ahí que estemos en un todo de acuerdo con la afirmación del director de Fedesarrollo en el sentido de que una reforma tributaria no se justifica si se trata, simplemente, de gastar más. Infortunadamente el riesgo de que los mayores recaudos se despilfarren en el gasto de funcionamiento del Estado es muy alto.

Por todo lo anterior, así a la nueva reforma tributaria se le encuentren justificaciones técnicas y resulte indispensable para la salud macroeconómica del país aumentar los impuestos, no podemos dejar de manifestar nuestra inquietud sobre la envergadura de los cambios que se avecinan y un cierto escepticismo sobre su bondad.

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