ATRAPADO SIN SALIDA

ATRAPADO SIN SALIDA

Vivir en Bogotá requiere una paciencia infinita. Si no fuera por los innumerables puentes festivos y vacaciones como la Semana Santa, durante los cuales quienes salen descansan de los problemas y quienes se quedan descansan de los que se van, ni siquiera el santo Job sería capaz de aguantar más de tres meses sin terminar en un sanatorio.

11 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Confieso que yo soy citadino. Quién puede dormir con gallos cantando a la madrugada? Prefiero el ruido arrullador de la ciudad, y de golpe hasta me hace falta respirar el smog, al cual debo ser ya adicto. Por eso había planeado quedarme esta Semana Santa disfrutando de la Bogotá ideal , sin colas y sin trancones, sin gallos y sin calor.

Pero el hecho de que mi teléfono llevara más de una semana dañado -no sirve para nada el 114- seguido por dos días sin agua y la promesa de que aún falta otros dos, me convencieron de que era mejor salir de la ciudad.

Salir?, dije salir? por dónde?, alguien sabe qué se hicieron las salidas de Bogotá? De las dos que llamábamos autopistas, la del Norte se convirtió en parqueadero de sanandresitos, cementerios y comederos. Bueno estoy exagerando. No todo en la autopista es un estacionamiento. Solamente la parte que dejaron libre los volqueteros después de convertirla en un botadero de escombros.

Y la del sur? La pobre no tiene la culpa. La bautizaron mal. Esta calle, ni siquiera Avenida, es un embudo, que si bien nace llena de puentes en la pomposa Norte-Quito-Sur, se va adelgazando a medida que recibe los camiones y buses de la 68 y la Boyacá, haciendo de este viaje un martirio.

La calle 13 o salida por Fontibón ya ni siquiera es calle sino trocha. Uno de los tres carriles se lo tragaron los escombros, pantanos y lodazales. Pareciera que esta vía se estuviera adecuando a la usanza de la época colonial para conmemorar el próximo cumpleaños de Bogotá.

Y nos queda la Avenida 26, que aún con sus defectos -el nombre de Autopista Eldorado también le queda grande-, es la única que se puede mostrar. Pero esta vía que, combinada con la que circunda a Catam era la mejor ruta de escape, fue abolida de tajo para obligar a los bogotanos a visitar, literalmente, calle por calle a Fontibón. Aún no sé si se trata de un nuevo juego de la Secretaría de Tránsito Conozca su ciudad , pero la laberíntica experiencia de atravesar Fontibón es para enloquecer a cualquiera.

De esta manera, escapar de la ciudad, que era el tratamiento contra la ansiedad preferido por los bogotanos, ha sido convertido en una verdadera terapia de choque. Consiste en atrapar al ciudadano con toda su familia, perro, bicicletas y mercado antes de salir, y obligar a soportar, magnificado, lo que todos los días debe padecer: trancones, huecos y basuras.

Así, creen las autoridades, los bogotanos disfrutarán más de su descanso y al regresar, sus problemas cotidianos se verán minúsculos.

Felices vacaciones!

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