RESUCITA LA MANO NEGRA

RESUCITA LA MANO NEGRA

Cuando es vapuleada u ofendida, la gente suele perdonar aunque no siempre, pero ciertamente no olvida.

09 de junio 1996 , 12:00 a.m.

Hace 35 años los integrantes de un comité de la Andi encabezado por Hernán Echavarría Olózaga y otros industriales fueron, con su poder económico, los organizadores de un bloqueo tendiente a asfixiar para silenciar las publicaciones independientes que circulaban en ese momento: La Calle , dirigida por Alfonso López Michelsen y que contaba entonces, entre otros, con la permanente colaboración del periodista colombiano José Font Castro, hoy radicado en España; Semana , a cargo de Alberto Zalamea, y después La Nueva Prensa , también en cabeza de éste, cuando por razones económicas pereció Semana y asumió su mando el propio Echavarría Olózaga.

Eran publicaciones tan independientes como progresistas, que mortificaban ideológicamente la mentalidad del empresario Echavarría y de otros más. Ante la conocida frase acuñada por el jefe del MRL de pasajeros de la revolución, favor pasar a bordo , entonces la gente de la Andi citó a los de La Calle para decirles: Nos parece muy bien que ustedes pretendan hacer la revolución, pero tendrán que hacerla con su dinero, no con el nuéstro , a partir de lo cual La Calle no volvió a tener un solo aviso. A consecuencia de ello los promotores de dicho bloqueo no solo afectaron la vida del semanario, sino que lograron también que se vetaran las plazas públicas para las manifestaciones de López... entre otras cosas.

Hizo carrera en esa época el hecho según el cual detrás de esa resistencia civil existía un grupo de personas célebres que se escudaban bajo el nombre de la mano negra . Quién inventó el mote? Según Hernán Echavarría, fue el industrial Julio Mario Santo Domingo. Esto le valió al empresario antioqueño la amenaza de una demanda por calumnia e injuria por parte de Santo Domingo, lo que obligó a Echavarría desde Semana ya en sus manos a rectificar en forma terminante su mendaz acusación.

Bueno y útil es revivir esta anécdota, ya histórica, porque, con el respeto que merece este ilustre compatriota, lo que hoy están haciendo Hernán Echavarría y la gente que lo sigue es lo mismo pero al revés. Es, otra vez, implantar a su manera los métodos y estrategias de aquella mano negra tenebrosa, en busca de tumbar al Gobierno legítimo como sea y al precio que fuere. Y, para ello, no ha vacilado en inyectarle plata al asunto, con el fin de consolidar una resistencia civil que él así define que culmine en un paro empresarial para colocar en jaque mate al gobernante de turno, sin respetar para nada las vías constitucionales, que tienen por principio la solución de este conflicto.

Samper es un granuja!, viene diciendo don Hernán en todas partes, dondequiera que vaya. Personalmente me desconciertan tales sentimientos de odio por parte de quien, en la cumbre dorada de sus 85 años, ha resuelto encabezar un movimiento de claro sabor aristocrático y clasista. Por lo demás muy peligroso y ciertamente digno de no subestimar.

Se quejan los antisamperistas de que el Presidente está apelando a la dialéctica de los ricos contra los pobres, bajo el sibilino argumento de dividir para reinar. Pero es que no se trata de un sofisma ni mucho menos de una táctica, sino de una cruda realidad. Aquí estamos presenciando el deplorable espectáculo de un sector pudiente de la sociedad que trata con su dinero de tumbar al Jefe del Estado, frente a otro más popular que carece de los mismos recursos económicos y no obstante defiende a Samper contra viento y marea.

Semejante radicalización de las posiciones resulta peligrosa, y es posible que a estas horas no haya quién ataje o impida tan graves extremos de polarización social. Pero no por culpa del Gobierno ni de Samper. O, si se quiere, no solo por culpa de ellos, sino de cuantos, desde el poder que les otorgan sus empresas, resolvieron meterle billete al asunto, para crear una situación hoy casi insuperable. A menos que un rayo de sensatez y de grandeza patriótica súbitamente animara a las partes.

Pero lo peor de todo es que los tiempos han cambiado. La Colombia de hoy no es propiamente aquella que tuvo que padecer en forma sumisa la violencia de los años cincuentas; ni siquiera es aquella con la que ciertos poderosos industriales lograron doblegar en los años sesentas, y acallar las publicaciones que no compartían. No. La Colombia de hoy es muy distinta. Es otra cosa. Y por eso, si en verdad quiere buscársele una salida política a esta crisis independientemente de su solución jurídica, tendrá que ser sin vencedores ni vencidos, o no habrá arreglo. Para lo cual, si la Cámara lo absuelve, se necesitará la aquiescencia del Presidente de la República, como parte que es del conflicto político, y no cualquiera.

Puede ser que haya gente muy enfurecida. Puede ocurrir que los conspiradores estén más alborotados que nunca. Puede pasar, inclusive, que la descarada intromisión de los Estados Unidos no solo sea efectiva sino a la postre muy desestabilizadora. Todo puede ser cierto. Pero de lo que no debe engañarse ninguno de ellos, incluyendo por supuesto al doctor Echavarría, y aun al admirado aunque no menos energúmeno Kerensky , es que Samper no es ningún cobarde. Aún lidera a una buena porción de colombianos que no van a permitir que salga a cachuchazos de Palacio como pretenden sus deslenguados enemigos cada vez con mayor virulencia verbal.

La mesura de los evangélicos Entre las muchas intervenciones buenas, regulares y malas que a lo largo de este proceso ha habido en la Cámara, dos de ellas me han sorprendido tanto por su validez argumental como por la ecuanimidad de su tono: la de la doctora Vivian Morales y la del pastor Collin Crawford. Especialmente fue enaltecedora la de éste último por su estructura anglosajona, que ha contrastado abiertamente con la insoportable verborrea tropical de la gran mayoría de sus colegas.

Sin duda Colombia ha cambiado en todos sus aspectos comenzando por el religioso. De ahí talvez el santo temor de la jerarquía católica, que gradualmente pierde su condición pastoral en tanto que sus fieles se desplazan hacia otras iglesias en las cuales empiezan a creer más. A qué atribuir este fenómeno? Lo ignoro, pero lo cierto es que la intervención de los llamados cristianos en el Congreso interpreta de alguna forma el sentimiento de una nación que ha comenzado a emanciparse de los baculazos de los Obispos para defender la autenticidad de su propia fe cristiana.

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