SALTO SOCIAL, UNA PROMESA

SALTO SOCIAL, UNA PROMESA

José María Cerón, un anciano de 68 años, quiere quejarse de ese famoso Salto Social o lo que llaman El Tiempo de la Gente . Para él, eso no es más que una promesa incumplida.

11 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Su queja no es muy clara, pero solo tardó cinco minutos en explicar por qué ya es consciente de que probablemente no consiga que el Gobierno cumpla con lo prometido.

Cerón lleva 8 meses tocando puertas de entidades oficiales para que lo inscriban en el programa que les asigna medio salario mínimo a los mayores de 65 años, que no tengan pensión o forma de sostenerse económicamente.

Su petición ha rodado por los despachos de la Secretaría de Gobierno Distrital, la Alcaldía de la Candelaria, la Presidencia del Instituto de Seguro Social, la Gerencia Administrativa de Cundinamarca y por lo menos otras 10 dependencias oficiales, incluido un juzgado en donde tramitó una fallida acción de tutela.

Según el juez 16 Laboral, la tutela no es procedente porque se trata de derechos generales y abstractos. Este anciano cree que no es así. El pide que por lo menos le den un trabajo como profesor o como traductor. Nunca ha estudiado en un colegio, pero habla inglés, tiene conocimientos de derecho y conoce la historia de Colombia. En algo de eso podrían ocuparme , dice.

El sueldo lo necesita para pagarle los cuatro meses de arriendo atrasados, a la señora que le permite vivir en un pequeño cuarto en su casa en el barrio La Candelaria.

Ultimamente no ha tenido dinero, porque los estudiantes de las universidades del centro que le llevaban trabajos para traducir, no volvieron, y él no sabe la razón.

Cerón narra así su odisea: El 30 de junio de 1994 interpuse un memorial ante la Secretaría de Gobierno de Bogotá, pidiendo la ayuda económica. Un mes después recibí dos copias de comunicaciones de la Secretaría, en las que se comunicaba que se había dado traslado de mi petición al Instituto de Seguros Sociales y concretamente a doña Fanny Santamaría, para lo pertinente. Estas comunicaciones tienen fecha de 29 de julio de 1994.

El 18 de agosto de 1994 me fue entregada otra comunicación dirigida por el Presidente del ISS con destino a la Gerencia Administrativa Seccional Cundinamarca, para que atendieran mi petición. Allá me dijeron que no tenían la menor idea de los auxilios y que fuera mejor al Ministerio del Trabajo.

Por supuesto fui hasta allá, en donde fui gentilmente atendido por un doctor que me ofreció un tinto y me manifestó que ellos estaban pagando eso desde julio, pero que era mejor que fuera a donde otra doctora en la calle 20 con carrera 8.

También fui a donde ella ese mismo día. Su secretaria me dijo que no me podía atender, pero que fuera en 15 días y que me tenía alguna razón. A los 15 días fui y me dijo que ya me habían mandado la respuesta por correo. Esperé dos semanas más y como no llegó la carta entonces volví. Allá me entregaron una copia de la carta en donde decía que me inscribiera en la Alcaldía de La Candelaria.

Llevé los documentos, me inscribí y me dijeron que esperara quince días. En eso llegó Navidad y fui solo hasta enero. Cuando fui me dijeron que no sabían nada, entonces volví al Ministerio de Trabajo y a donde la doctora de la calle 20. Ella me mandó a otra oficina donde me dijeron que ya habían dispuesto un cupo de 240 mil ancianos y que tenía que ir a inscribirme a la Red de Solidaridad Social.

Allá en la Red me dieron una boleta y me dijeron que fuera al Departamento de Bienestar Social del Distrito pero allá ni siquiera me dejaron entrar y el portero me dijo que eso se había descentralizado y que tenía que inscribirme en la Alcaldía de La Candelaria, es decir, donde yo ya me había inscrito.

Total, que hasta este momento todas mis indagaciones han sido infructuosas y tengo la sensación de que este salto social para los ancianos ha sido una promesa incumplida .

José María Cerón no se cansa de tocar puertas. Está próximo a cumplir los 69 años y sigue con vitalidad mostrando los libros que ha traducido y el libro de historia de Popayán que escribió y que no ha podido publicar. Yo sé -dice- que un día alguien tiene que ayudarme .

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