Mala leche

Mala leche

Los hospitales y centros de salud de China no dan abasto para atender niños enfermos por el consumo de productos lácteos alterados con sustancias que encierran grave peligro para la salud. Hay más de 53.000 niños afectados, de los cuales fallecieron cerca de media docena. Dada la expansión de las exportaciones chinas, la alarma llega a muchos países. Uno de ellos es Colombia, donde el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicinas y Alimentos –Invima– acaba de prohibir, a instancias de la Organización Mundial de la Salud, cinco tipos de productos importados de China que contienen leche. Los artículos, que deben ser denunciados y decomisados, van desde leche en polvo hasta chupetas de chocolate marca Chupa-Chups.

02 de octubre 2008 , 12:00 a.m.

El escándalo de la leche con melamina promete ser devastador para las exportaciones chinas y para la imagen del país, que venía reforzada por el éxito de las recientes Olimpiadas celebradas allí. En el año 2007 se habían producido dos casos parecidos con juguetes chinos potencialmente letales y con comida dañosa para mascotas.

Esta vez, sin embargo, la situación afecta la esencia misma del sistema económico chino, pues en el episodio de la leche se han reunido lo peor del capitalismo –codicia, dinero fácil, corrupción– y lo peor del comunismo: censura, falta de vigilancia, corrupción. Ocurre que por lo menos desde junio aparecieron en varias provincias alarmantes casos de niños enfermos por productos lácteos. El gobierno chino lo supo, pero, con los ojos del mundo puestos en los Juegos Olímpicos, prefirió no hacer olas y prohibió toda publicación al respecto. Mientras tanto, algunas de las empresas sorteaban los obstáculos administrativos sobornando a funcionarios.

No existe en China prensa libre que pueda fiscalizar semejantes abusos. Fu Jianfeng, periodista que tuvo que callar la noticia durante dos meses, señala: “Yo sabía que estábamos ante un desastre de salud pública muy grande, pero no podía informar sobre él”. El resultado de censurar un desastre es la multiplicación del desastre. No le bastará a China, para convertirse en potencia económica, con producir y exportar. Deberá velar rigurosamente por la calidad. Eso implica luchar contra la corrupción y desatar las manos a una prensa que, con información tempranera, habría podido proteger a los consumidores y ahorrarle desprestigio al gobierno chino.

editorial@eltiempo.com.co

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