SANTA FE VOLVIÓ AL SUFRIMIENTO...

SANTA FE VOLVIÓ AL SUFRIMIENTO...

Tal era el grado de frialdad en algunos jugadores de Santa Fe que hasta el arquero Farid Mondragón se animó en el último minuto a correr hasta el área contraria para tratar de cabecear un tiro de esquina...

10 de abril 1995 , 12:00 a. m.

Un gesto postrero, desesperado, en la intención de evitar el 0-0 frente al Once Caldas, cuadro que tuvo cinco oportunidades claras de quebrar esa igualdad, pero al que le faltó tino para definir en unas y en otras por las mismas intervenciones de Mondragón. Entonces, allí se encuentra la explicación de por qué el conjunto albo contabilizó cinco encuentros sin anotar un gol.

Para rescatar en Santa Fe los primeros 25 minutos. Bien ordenado en sus líneas, con la idea clara de tocar y darle rotación a la pelota, con precisión para abrir hacia los costados y en permanente aproximación al arco de Juan Carlos Henao.

Pero el partido cambió en la medida que provinieron las equivocaciones del mismo Santa Fe. De pronto, como por arte de magia, los jugadores cardenales se olvidaron de su toque exquisito y punzante, empezaron a entregarle la pelota al rival y, de paso, permitir las oleadas ofensivas del visitante gracias a la velocidad de sus atacantes y al desdoblamiento rápido de sus volantes.

Nosotros sabíamos que ellos se sentían con la obligación de ganar. Por eso, le controlamos el cambio de frente, los esperamos y arrancamos a partir del error en la entrega. Infortunadamente no tuvimos tranquilidad para cristalizar las ocasiones que tuvimos , dijo el volante Luis Quiñones.

En el plano individual hay que resaltar el buen momento de Mondragón, la solidez de la pareja de centrales, Peña y Orozco, quienes se encargaron de apagar los incendios. En la mitad, el liderazgo de Harold Morales, un mediocampista de dos áreas que por momentos se convierte en el mejor atacante. Y arriba, la tenacidad de Daniel Tilger para pelear solo contra el mundo.

Lo demás para recoger. Increíble lo que hizo Suárez: a 4 minutos del final le entregó la bola a Peña, quien estaba en el piso reponiéndose de un golpe. Una acción que pudo ser la derrota porque arrancó Alcíbar solo y en lugar de definir se la entregó a Lemus, quien estaba en fuera de lugar.

Romero se quedó con el paso de los minutos, Wittinghan, Avalos y Salcedo muy apáticos y erráticos, mientras Rubén Darío Hernández no presenta un gran espiritu de lucha, a la vez que piensa más en su gol antes que en compartir con jugadores mejor ubicados. Vidales, quien entró por Salcedo, se hizo expulsar luego de una mala entrega y Angulo (entró por Hernández) apareció más frío que la tarde.

Hay que preguntarle a los jugadores qué les paso. Uno entiende que no todos los partidos se pueden jugar en un alto nivel, que se presenten bajones, algo muy normal en el fútbol. Pero lo que no se puede admitir es que se pierda el espiritu de lucha, que haya apatía , señaló el técnico Julio Avelino Comesaña.

Frente a esa apatía y ese mar de equivocaciones, creció el Once Caldas, un elenco ordenado, de buen trato de la pelota, rápido en las salidas para tomar a contrapié al local y de explosión atacante, pero que botó goles. Rodríguez, Zúñiga y Quiñones tuvieron mano a mano con Mondragón, quien las ganó todas, incluido además un tiro libre de Zúñiga y los remates de media distancia. Caldas también terminó con 10 por expulsión de Valentierra, por protestar el gol anulado por fuera de lugar.

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