AMENAZAS

Hace unos meses, el presidente Samper aparecía como un maestro de la estrategia del conflicto. Hacía uso de las estratagemas más sutiles y de las más peligrosas. Utilizaba la amenaza y la promesa con igual destreza. Una movida clásica y muy efectiva fue crear deliberadamente el riesgo de la lucha de clases como una amenaza para apaciguar a sus adversarios. Logró intimidar por un tiempo a la clase empresarial, indujo a los ex presidentes liberales a apoyar una salida a través del Congreso, y ganó tiempo.

08 de junio 1996 , 12:00 a. m.

Por qué es más efectivo crear una amenaza que pasar a los hechos? Por qué los estrategas del Presidente se limitaron a enviar emisarios a insultar a los jóvenes universitarios que salieron a demostrar, y a que el Ministro del Interior hiciera gala de su don demagógico? El valor de la amenaza es no tener que cumplirla. Se trata de intimidar al adversario sin tener que asumir un costo. Entonces, es más eficiente crear el riesgo de que algo va a suceder que hacer que ello suceda. Pero quien amenaza tiene que convencer al adversario de que si se somete, entonces el riesgo desaparece. En eso fallaron Samper y Serpa: crearon una situación que ellos mismos no pueden manejar y perdieron el poder de amenazar. Por eso van miles de personas al Tequendama y pagan veinte mil pesos por persona para oír discursos en contra de Samper. No es que ya no le tengan miedo a una polarización del país. Es que ésta ya se dio, y Samper no puede prometerles que él va a volver a unir al país si desisten de tratar de tumbarlo.

La gente se pregunta cómo es que se sostiene el Presidente después de todo lo que se conoce y con tanta gente opuesta. Los textos clásicos sobre estrategias de conflicto explican por qué hay que agotar todos los mecanismos institucionales y de negociación antes de pasar a la acción. El ejemplo que dan para ilustrar la fuente de poder de un presidente impopular o de una minoría bien organizada es el de un hombre con un revólver que intimida a un grupo de veinte personas: el capitán de un barco amotinado, por ejemplo. El sabe que si mata a seis, los otros catorce lo someten. Pero ellos no saben si está dispuesto a matar a los seis, y mucho menos a quiénes va a matar. La clave de su estrategia es hacerles entender que está dispuesto a matar a seis, y no dar indicios de cuáles van a ser las víctimas. Una forma de dar esa información es disparar contra quien intente liderar a los otros. Eso explica la guerra sucia: Monseñor Rubiano había encontrado inadvertidamente la mejor imagen para minar la credibilidad del gobierno el elefante. Por eso había que darle duro, para asustar a otra gente.

El mismo análisis estratégico es aplicable a las amenazas de los Estados Unidos. Es iluso pensar que cuando una potencia amenaza no va a cumplir. Perdería credibilidad y efectividad como potencia. Lo que sucede es que para que una amenaza sea creíble, su aplicación debe ser gradual: primero la descertificación. Después, cancelación de visas a los aliados del narcotráfico. Si esto no funciona, entonces aranceles para las flores y medidas aduaneras más estrictas. Si no hay reacción, pues se investigan los bancos colombianos, y se suspenden los giros electrónicos. Más adelante podría venir una calificación negativa para Aerocivil y la suspensión de todos los vuelos de aerolíneas colombianas a Estados Unidos.

Finalmente, el aislamiento diplomático de Colombia. Todo esto lo pueden hacer los gringos, bajo el principio de que a los colombianos nos duele mucho más que a ellos . Por qué no reaccionan los colombianos ante esa amenaza? En primer lugar, porque los únicos que pueden reaccionar son el Gobierno y el Congreso. Pero algunos de ellos no quieren creer que existe el riesgo, porque la amenaza es muy grande y traerá grandes descalabros. Su esperanza es que Estados Unidos no la llevaría a cabo. Otros simplemente no se dan cuenta del peligro, o tratan de llevarse el máximo de prebendas para sus pueblos y sus futuras campañas políticas, antes de que ocurra la debacle. Hay otros, los más irresponsables, que piensan que se cubrirían de gloria si los estadounidenses llevan a cabo su amenaza. Que al país le cueste eso un brazo y una pierna, les tiene sin cuidado.

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