NO NOS MATEN , PIDEN EN SAN FRANCISCO

NO NOS MATEN , PIDEN EN SAN FRANCISCO

Nadie se atreve a hablar, nadie quiere atestiguar, nadie quiere denunciar, pero todos saben quienes son los delincuentes, a qué horas llegan, en qué se movilizan, qué sitios frecuentan, y a veces saben, incluso, quién será la próxima víctima. Así, con la ley del silencio imperando sobre sus vidas, avanza el trasegar cotidiano de unos 3.200 habitantes de San Francisco, un corregimiento del municipio de Toro, situado en el trayecto entre este municipio y Ansermanuevo, sobre la Troncal del Pacífico.

08 de abril 1995 , 12:00 a.m.

En público el silencio es la característica de los habitantes, pero en los comentarios de familia todo deja de ser secreto. Y hablan de nombres propios; saben quiénes tienen aterrorizada a la población desde hace unos dos años, y se lamentan de no poder hacer nada. Y más aún, que a pesar de los llamados hechos a las autoridades departamentales, da la impresión que estas no se interesaran por la seguridad del corregimiento.

El alcalde de Toro, Wilson Jaramillo, recuerda que por su oficina desfilan decenas de personas que prácticamente claman ayuda. Wilson, qué vamos a hacer, acaso el Gobierno departamental no le prometió ayuda? , es la expresión común.

Las historias que guardan las estrechas calles de San Pacho , como se le conoce popularmente, son lamentables. En ellas se resume la sevicia con la que actúa un grupo de unos 10 hombres entre 18 y 30 años que hacen de las suyas con los campesinos. No matan líderes políticos, ni ganaderos, ni comerciantes; sus víctimas preferidas son los campesinos , comenta el Alcalde.

Según las cifras de la Alcaldía, este año se han registrado 17 muertes violentas, sumados los casos de la cabecera municipal y San Pacho . Las autoridades no hablan de un regreso de la violencia, indican que es el recrudecimiento de una situación que viene dándose desde hace siete años, cuando la Gobernación decidió levantar el puesto de Policía.

En ese entonces se argumentó que la medida era necesaria dado el hostigamiento guerrillero en varias zonas del Valle. En cercanías del municipio operaba el M-19. Sin embargo el Alcalde sostiene que la población no ha tenido vocación guerrillera.

Hoy día Toro tiene ocho policías que apenas pueden cubrir las necesidades del perímetro urbano. El llamado es para que se reabra el puesto de Policía de San Pacho y sean ubicados allí por lo menos cuatro uniformados.

Pero no obstante la zozobra reinante, los habitantes de este corregimiento no pierden la vocación de hospitalidad que caracteriza al campesino colombiano. Al extraño lo reciben con amabilidad y si se presenta una empatía inmediata, lo hacen pasar al interior de la vivienda.

La charla marcha normal mientras no se toque el tema de la inseguridad, pues de inmediato el semblante amable se torna preocupado y angustioso. Y empiezan a recordar nombres como el de la joven Patricia López, asesinada el 30 de septiembre de 1993; los hermanos Humberto, Jaime y Javier Orozco Acevedo y su primo Francisco Herrera Acevedo quienes fueron acribillados la noche del sábado 18 de julio de 1992 frente a la iglesia de San Pacho.

Y hablan de Gloria, a quien no le tuvieron ninguna consideración, a pesar de su estado de ingravidez, y la balearon, al igual que a las aproximadamente 12 personas más que han muerto a manos de los mismos delincuentes.

Los parientes de los muertos tienen un punto de encuentro obligatorio cada que se acercan al cementerio del lugar. Allí en un vetusto mausoleo ubicado entre el follaje del monte, rezan con total fe por el descanso eterno y en paz de sus parientes y a la espera de que algún día se haga justicia.

Algunos, como los familiares de Patricia, todavía no han conseguido para comprar la lápida. Sus hijas de 7 y 10 años son las más fieles acudientes al cementerio, ubicado en un lote de aproximadamente 3.500 metros cuadrados en la parte plana del corregimiento.

Por favor, no queremos que nos sigan matando , es el clamor de los campesinos que han sido testigos de la deserción masiva de sus vecinos. Los de mejores ingresos han vendido a bajos precios sus propiedades. Según datos de la Alcaldía, alrededor de 600 personas se han ido en los últimos dos años.

Esa tendencia aún se palpa. Por ejemplo, una vivienda de entre 150 y 200 metros cuadrados, construida en material en un 50 por ciento y con un amplio patio para cultivos es ofrecida hasta por 800 mil pesos. Los que venden buscan vivienda en Cartago, Roldanillo, Pereira y Cali.

Entre los temores que se sienten en Toro, distante siete kilómetros de San Pacho, es que los jóvenes de los sectores deprimidos del municipio reproduzcan las formas violentas que se dan en el corregimiento. Y de hecho ya se observan algunas actitudes de los muchachos en los sectores de San Lázaro, San José, La Zona y Los Chancos.

Allí, los muchachos ya hablan de hacer el favor , corramos que allí vienen los tombos y no busque problemas porque lo quebramos . Por eso necesitamos que el gobierno atienda nuestras peticiones , dice uno de los pobladores.

Entre las autoridades municipales se percibe un remoto optimismo, pues hay una recuperación en los cultivos de café. Actualmente se adelanta un censo para saber el área disponible para ese cultivo. Van en la mitad el censo y los datos hablan de 2.900 hectáreas. Alrededor de unas 10 mil personas dependen sus ingresos del producto.

Así mismo, se espera darle un mayor apoyo a los otros cultivos como la uva y el millo. Toro es el segundo productor de uva a nivel departamental, después de La Unión. Se estima en más de mil el número de hectáreas dedicadas a ese cultivo.

Pero mientras llegan los vientos de esta bonanza a largo plazo, habitantes y autoridades solo piden que no los sigan matando.

Todavía hay esperanzas A sus 56 años, Wilson Jaramillo, alcalde de Toro, es un convencido de que si lo escuchan es posible evitar una tragedia mayor.

Pero este líder local, quien es conocido desde hace 35 años por sus conocimientos en la farmacéutica, tiene que afrontar otra limitante: el presupuesto.

El recaudo mensual promedio se acerca a los seis millones de pesos, pero hay ocasiones que el recaudo solo llega a 900 mil pesos. Según aprobación del Concejo, el presupuesto es de 900 millones de pesos, pero la realidad, dice el Alcalde, habla de 600 millones. La nómina de los 75 empleados, la mayoría de ellos pensionados, es de 14 millones de pesos mensuales.

Actualmente hay un dilema administrativo, pues la Administración debió prescindir de los servicios de ocho funcionarios dado que no tenía con qué pagarles y en algunos casos sus cargos no tenían razón de ser. Es el caso de los cinco motoristas, pues la Alcaldía solo tiene tres vehículos.

Pero el problema surge al momento en que se producen los despidos, pues no hay plata para pagarles, pero no puede liquidarlos pues algunos de ellos están en el proceso de la carrera administrativa.

Toro cuenta con ocho corregimientos. En la parte baja figuran El Bohío, San Antonio y San Francisco. En la alta están La Pradera, Ventaquemada, La Quiebra, Patio Bonito y El Cedro. La población está a 20 minutos de Cartago; y a 15 de Roldanillo y Zarzal, respectivamente.

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