LA FUNCIÓN DETERMINA LA FORMA

LA FUNCIÓN DETERMINA LA FORMA

No sé qué ha pasado con los arquitectos, que nos dejamos imponer normas que limitan nuestra creatividad sin hacer absolutamente nada. Me refiero en este caso a la norma vigente de los altillos.

10 de abril 1995 , 12:00 a.m.

A alguien se le ocurrió en Planeación Distrital que Bogotá debería acabar viéndose como París, pero sin Lucarnas. Los edificios están definitivamente comprometidos con un estilo; ya se pueden ver por toda la ciudad verdaderos adefesios con volumetría moderna y remate obligatorio de edificio republicano. No solamente es un despropósito estético sino que está generando altos costos en las estructuras.

En días pasados, hablando con miembros de una prestigiosa firma de ingeniería civil dedicada de lleno al estudio de la actualización del código antisísmico comentaron con preocupación que en la famosa norma, las estructuras se someten a altos riesgos ya que los amarres de las vigas en ángulos de 45 grados no son lo más recomendable porque en el momento de un sismo la parte alta de una edificación es la que más oscila, por consiguiente debe ser la mejor amarrada.

A quién puede ocurrírsele que a un altillo que puede llegar a ser el lugar más hermoso de una construcción por la vista que puede tener y por el ambiente que genera al interior deba negársele estos privilegios obligándonos a iluminarlos hacia patios interiores ciegos? Es como si se quisiera acabar con el pent house, tradicionalmente el mejor apartamento de un edificio.

No sabemos por qué abolieron la norma del Acuerdo 7 de 1979 que funcionaba muy bien. Los retrocesos a los que obligaba dicha norma creaban terrazas que como prolongación al exterior de los altillos, propiciaban a los bogotanos zonas de esparcimiento soleadas, tan escasas y necesarias en los diseños arquitectónicos actuales.

Pero la ceguera y terquedad de nuestros funcionarios los arrastra a crear normas que producen moda. A ellos les recomendaría que tuvieran en cuenta una frase muy importante de Le Corbusier, uno de los arquitectos más importantes de nuestro siglo, la función determina la forma , y que no desconozcan a las generaciones venideras de arquitectos que se verían sometidos a limitar su creatividad y capacidad de diseño.

Valdría la pena que el alcalde Antanas Mockus, que está en plan de oír a los ciudadanos, revisara esta norma para que no se nos matricule a los arquitectos dentro de un solo estilo de remate.

Es como si a un pintor se le dijera que sólo puede pintar moderno o a un escritor que sólo puede escribir novela.

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